Ríete de las bodas Capítulo 78
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Capítulo 78

El viernes Alma intentó por todos los medios quitarse de encima la cena que tenía con Romina y Estíbaliz, pero fue imposible. Ellas no se lo permitieron.

Al llegar al restaurante donde quedaron, Alma, colocándose una careta de felicidad, consiguió engañar a sus amigas, que rápidamente le preguntaron por Saem. Por suerte, Nuria, no estaba. A ella no le hubiera podido engañar.

—Mira qué fotaza os hice a ti y al dios asiático en la boda —le dijo Romina, enseñándole una imagen.

Al mirar, Alma sonrió. En ella se les veía bailando en la pista, mirándose a los ojos. Sin lugar a duda, era una foto preciosa.

—¡Ya me la estás pasando! —le pidió de inmediato.

Con diligencia, Romina a través del WhatsApp se la pasó.

—Mándasela a Saem, seguro que le gusta.

Alma asintió y tomando aire mintió:

—¡Le encantará!

Como siempre, la cena con sus amigas fue divertida, aunque se echaba en falta la locura de Nuria. Por lo que le hicieron una videoconferencia desde el restaurante, y ella al verlas se emocionó.

—Lobas, ¡os echo de menos!

—Por favorrr, Nuria —se mofó Romina—. Que solo llevas cinco días sin vernos y mañana regresas.

—Mañana os quiero a todas en el DeLokos —indicó Nuria.

—Mañana no puedo. Imposible —negó Alma con la cabeza.

Según dijo eso supo que había metido la pata. Le iban a preguntar por qué no podía.

—Yo tampoco puedo. Hemos quedado con el hermano de Alberto —dijo Estíbaliz.

Al oírla, estuvo a punto de lanzarse a los brazos de Estíbaliz. Ella, sin saberlo, le había salvado del desastre.

—Yo he quedado —anunció entonces Romina. Todas la miraron, y ella aclaró—: Es uno del gimnasio, ¡muy mono!

—¡Descríbelo! —la animó Alma.

—Un metro setenta y ocho, moreno, cincuenta y tres años, ojos marrones y simpático.

—Ahhhhh, ¡qué escandalo! Dos años menor que tú —se mofó Estíbaliz, mirando a Alma con complicidad.

—¿Culito? —se interesó Nuria.

—Mono.

—¿Bíceps? —preguntó Alma.

—Normalitos. Nada del otro mundo.

—Dime que tiene excelentes oblicuos —susurró Estíbaliz.

—Vale, lobas. ¡Stop! No quiero seguir escuchando —dijo Mario, que estaba por detrás de Nuria.

Todas rieron.

—¿El domingo comida de lobas en mi casa? —propuso Alma.

—¡Síííí! —gritaron Nuria, Romina y Estíbaliz.

—Me doy por excluido.

—Ay, Dios, lo siento, Mario —se lamentó Alma—. Lo he dicho sin pensar.

—Tranquila. Comeré con Saem —sonrió él—. Me parece bien que comáis las lobas. Seguro que tenéis mucho de que hablar.

Alma asintió. ¡Si él supiera!

Durante un rato hablaron con Nuria y con Mario y tras despedirse de ellos, Estíbaliz murmuró:

—Todavía no me creo que nuestra Nuria se haya casado.

—Ni yo —sonrió Alma.

—Pues vete preparando —indicó Romina—. Que Saem cogió el ramo de la novia, y ya sabes lo que eso significa: ¡boda a la vista!

Sin hacer ver su pesar, ni su dolor, Alma sonrió y le siguió la broma. Era lo mejor.

Esa noche, tras la cena y una copa en una terracita cerrada, cuando Alma regresó a su casa y se sentó en el sofá con Sugar a su lado, abrió su teléfono y miró la foto que Romina le había pasado.

Ver a Saem mirándola con aquella ternura y amor le tocó el corazón.

Él siempre se había preocupado por hacerla sentir única y especial, y ese bonito recuerdo la hizo llorar.