Ríete de las bodas Capítulo 77
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Capítulo 77

El jueves, tras un intenso día en Mesa Trece con el restaurante a reventar, cuando Saem salió de allí, se fue directo al DeLokos. Al no estar su tío, él se pasaba por allí por si Marcelo, el encargado en su ausencia, necesitaba algo.

Cuando llegó, los que lo conocían lo saludaron con cariño.

Algunos le preguntaban por Alma, y él respondía con una sonrisa que estaba en su casa.

Pasarse el día mintiendo le estaba resultando muy difícil y más cuando ella estaba las veinticuatro horas del día en su cabeza.

Era su último pensamiento antes de dormir y el primero al despertar.

¿Ella pensaría en él?

Tras comprobar que todo en el DeLokos estaba bien, decidió marcharse a su casa. Mientras se despedía de Marcelo, fue consciente de que muchas de las mujeres de la sala lo miraban deseosas de que dirigiera a ellas su atención. Pero no. Lo último que quería era sonreír a ninguna mujer.

Llegó a su casa a la una y media de la madrugada. Freya, como siempre, acudió rauda a saludarle, y él, encantado, la besó en la cabeza.

Cuando entró en el salón se sorprendió al ver a Haneul. Estaba frente al televisor, viendo una de sus series coreanas que tanto la acercaban a su país. Al verlo llegar, sonrió y le dio al stop.

—Hola, Saem —lo saludó.

Saem, con cariño se acercó hasta ella.

—¿Qué tal tu serie hoy? —le preguntó, después de darle un beso en la mejilla.

—Me tiene un poco desesperada —explicó la mujer, arrugando el entrecejo—, pues Hong Du-Sik, como siga durmiéndose entre las amapolas, va a perder el amor de Yoon Hye-Jim, pues Ji Seong-Huyn está claro que ha regresado al pueblo para conquistarla.

Saem se rio y sentándose junto a ella, se recostó sobre su hombro como cuando era niño.

—Si la historia principal de amor es de Hong Du-Sik y Yoon Hye-Jim te aseguro que terminaran juntos —dijo—. Por lo tanto, tranquila, mamá, que tendrás tu bonito final feliz.

Haneul sonrió y acarició con mimo su bonito cabello oscuro.

—¿Y tú también tendrás tu bonito final feliz? —preguntó.

Saem esbozó una triste sonrisa. Aunque no había dicho nada, estaba claro que mamá Haneul algo había notado.

—Por supuesto que sí —respondió, esquivo.

Sin mirar a Haneul, Saem cogió el mando a distancia y le dio al play , y, sin moverse del lado de aquella mujer, se quedó mirando aquella serie, mientras ambos respetaban sus silencios.