Ríete de las bodas Capítulo 76
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Capítulo 76

El miércoles, Alma estuvo liada en Diva y Radiante.

Muchas eran las novias que acudían con sus madres en busca de un vestido especial para su boda, y ella las atendía porque necesitaba estar activa y entretenida.

A la hora de la comida, tras salir a un local cercano y comprar una ensalada, regresó a la oficina a comérsela.

Mientras lo hacía y observaba el ramo de rosas, pensó en Saem.

Llevaba sin verlo y sin hablar con él cuatro días y se le estaban haciendo eternos.

Pero debía ser así, porque así ella lo había pedido.

Mientras escuchaba música en su Spotify, al comenzar a sonar las trompetas de cierta canción, rápidamente la saltó.

No quería escucharla. No podía. Pero inmediatamente abrió el teléfono y comenzó a ver las fotografías guardadas que allí tenía.

Con una sonrisa, vio los divertidos y románticos momentos pasados con Saem.

Verlo era sentirlo. Sentirlo era quererlo.

Y quererlo era desearlo, y decidió enviarle un mensaje por WhatsApp.

Aunque segundos después se arrepintió. No era buena idea.

A las nueve de la noche, cuando estaba cerrando la tienda y se disponía a conectar la alarma, el teléfono le sonó. Era Natalia.

—Hola, corazón.

—Hola, mamá, llamo para ver cómo estás.

—Pues cómo voy a estar, ¡bien!

—¡Genial, entonces!

Con el teléfono en la oreja, tecleó la clave de la alarma y salió a la calle. Se fijó en el local de al lado, con el cartel de «Se vende».

—Cada día al entrar o salir compruebo que siga el local a la venta —le comentó a Natalia—.

El día que quiten el cartel, creo que será un día triste.

—Natalia sabía la ilusión que le hacía a su madre ampliar su negocio y lo mucho que había trabajado durante años para llegar a donde estaba.

Y aunque ella y tía Nuria podrían vender el local y buscarse otro más grande en otro lugar, la ubicación actual era inmejorable—.

Seguiremos jugando a la primitiva todas las semanas —murmuró.

Las dos sonrieron.

—¿Por dónde andas? —le preguntó la joven.

—Cerrando la tienda. ¿Y tú?

—Con Óscar, Blas Javi, Sofía y Vero. Nos vamos a hacer un escape room .

Oír eso le hizo sonreír. Natalia siempre había sido una personita muy movida. Nunca había parado quieta y verla de nuevo con esa energía le gustaba.

—Seguro que lo pasáis bien.

—Por supuesto. Te llamo por si te quieres venir. Como Saem no termina hasta tarde en el restaurante, pues...

—Gracias por la invitación, pero no —contestó, cerrando los ojos—. Lo esperaré tranquilamente leyendo en el despacho de su restaurante.

Natalia se alegró. Saber que su madre estaba mejor tras el bajonazo que tuvo en la boda era lo único que le interesaba saber.

—Dale besitos a Saem. Y mil besitos para ti —se despidió.

—Dos mil para ti, corazón.

Cuando cortó la comunicación, Alma suspiró. No estaba siendo fácil decir aquellas mentiras, pero era lo que tocaba hasta que Nuria regresara.