Ríete de las bodas Capítulo 74
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Capítulo 74

El domingo Alma se lo pasó en su casa tirada en el sofá, entre lágrimas y reproches, mientras observaba el ramo de novia de Nuria, en un jarrón con agua sobre la mesita del comedor, y escuchaba en bucle aquella canción de Bruno Mars que le partía una y otra vez el corazón.

Saem era el centro de sus pensamientos y pensar en lo ocurrido le hacía fustigarse para bien y para mal, pues, dependiendo del momento, su corazón le decía que había hecho lo acertado, pero en otros le gritaba que se había equivocado por completo.

Pensó en llamarlo. Durante todo el domingo, abrió su teléfono móvil muchas veces y se quedó mirando su foto sin decidirse. Pero no lo hizo. Era mejor dejarlo estar.

Por la noche la llamaron su hija y Estíbaliz y Romina. Habló con ellas. Les hizo saber lo bien que se lo había pasado en la boda, lo feliz que estaba por Nuria, y, como una excelente actriz, les ocultó su propio dolor.

El lunes, cuando llegó a Diva y Radiante, los trabajadores de allí la recibieron con una sonrisa.

Todos habían estado en la boda de Nuria, y durante un rato y entre risas, vio con ellos las fotografías que habían hecho con los teléfonos móviles.

En muchas de ellas estaba Saem. Guapo. Sonriente.

Divertido. Verlo le gustaba, pero también le dolía, y todo volvía a ser un caos en su mente.

—Arriba tienes lo de todos los lunes —indicó Candela cuando Alma se dirigía a su despacho. Asintió con una sonrisa fingida, y cuando entró en su despacho y vio el precioso ramo de rosas blancas que Saem todos los lunes le enviaba, suspiró.

Acercándose a él, lo examinó. Como cada lunes, aquel ramo llevaba una romántica tarjetita y, tras unos segundos de duda, finalmente la cogió y al abrirla resistió sus ganas de llorar al verla en blanco.

Ya no había mensaje de amor. Ya no estaban las palabras te quiero en coreano o en español.

Ya no había nada. Por lo que cerró el sobre, dejó el bolso, y, con profesionalidad, abrió su ordenador y, tomando aire, comenzó a responder emails.