Ríete de las bodas Capítulo 46 #2
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Capítulo 46 #2

—Sí, Nuria. Sé lo que te dije. Y de verdad que hasta yo me lo creí, a pesar de que no me lo podía quitar de la cabeza.

Y... y en la cena en la casa de Elías, cuando lo vi, os juro que el corazón se me desbocó como siempre que lo veo o pienso en él.

Ni siquiera cuando tenía veinte años y veía a Carlos el corazón se me desbocaba así.

Y, por cierto, y hablando de Carlos, fue a la cena con su novia.

—¿Tiene novia? —preguntó Romina.

—Es más joven que Natalia, con dinero y monísima.

—¿Te ha devuelto lo que te debe? —preguntó Estíbaliz.

—No.

—Anda y que le den por donde amargan los pepinos.

—Otro Peter Pan que nunca crecerá —afirmó Estíbaliz con seguridad.

—Bueno. ¡Al lío! ¿Qué pasó para que Saem terminara en tu casa? —volvió Nuria a preguntar, no quería que se desviase del asunto.

Alma no pudo evitar una sonrisa. Lo que le había pasado con él era algo precioso de recordar.

—Que la luna llena intercedió —murmuró. Al decir aquello tan romántico, sus amigas la miraron, y ella explicó—: Elías tiene dos amigos muy pesaditos, y cansada de ellos me marché esa noche de la cena. Esperaba un taxi en la calle y entonces apareció Saem y...

—Se te cayeron las bragas a los pies.

—¡Nuria! —protestaron Romina y Estíbaliz.

—Básicamente, podría decirse que sí —afirmó Alma con seguridad—. Sé que suena soez y ordinario. Pero cuando lo vi, el corazón se me volvió a desbocar, el cuerpo me ardió y deseé arrancarle la ropa y...

—¡No lo digas! —la cortó Romina.

Alma tenía claro que iba adelante con su relación con él.

—En definitiva, monté en su coche —precisó—. Fuimos a Diva y Radiante, le enseñé la tienda, y bueno...

— Por favorrr , loba, ¿ese bueno significa lo que creo? —preguntó Nuria, boquiabierta.

—Sí. Concretamente, en el probador del fondo.

—Pero, Almaaaa. —Estíbaliz estaba atónita.

—Lo sé. Es una locura —añadió, al ver cómo la miraban sus amigas—. Y a ti, Nuria, te pido perdón. La tienda no es un lugar para...

—Déjate de perdones y dime que fue todo un polvazo.

—¡Nuriaaaaaa! —la regañó Romina.

Divertida, Alma miró a su amiga.

—Lo fue. Te aseguro que lo fue —afirmó con picardía, y tras reír con ella, añadió—: Y tras esa noche no hemos parado de llamarnos y de quedar, hasta hoy que nos habéis descubierto. Es un unicornio —afirmó con rotundidad.

—¡¿Qué?!

—Que Saem es un precioso y único unicornio e incluso tenemos nuestra canción —insistió, suspirando.

—¡Qué plaga de unicornios! —murmuró Nuria, pensando en Mario.

Ajenas a lo que acababa de decir Nuria, Estíbaliz movió la cabeza.

—Alma, me estás asustando, ¿has tomado drogas? —preguntó Romina.

Sonriendo, Alma negó con la cabeza.

—Me dijo que, si quería la luna, aprendería a volar, y yo... yo... me estoy enamorando de él —afirmó, segura de lo que decía.

—¡¿Qué?! —gritaron las tres.

—Tengo cincuenta y cinco años y estoy me estoy enamorando locamente de un hombre de treinta y nueve que me hace sentir, vivir, volar y disfrutar —aseguró, feliz—.

Y lo mejor es que él está enamorado de mí, y me lo creo.

Y sí, lobas. Puede que esté loca y que esté cometiendo un nuevo error en mi vida, pero quiero vivir esta locura.

He encontrado a mi unicornio y no voy a perderlo.

—Madre mía —murmuró Nuria—, ¡estás llena de dopamina y oxitocina!

—¿Y eso qué es? —preguntó Romina.

—¡Las hormonas del amor!

Las tres estaban perplejas y sin saber qué decir.

—Lobas, no sé si acabará mañana esta locura de amor —declaró Alma— o dentro de cinco o cien años. Pero mi corazón me dice que tengo que vivir lo que siento, y...

—Alma, ¿te estás oyendo? —interrumpió Estíbaliz.

—Sí.

—Pero ¿qué va a decir Natalia cuando se entere? —prosiguió Romina.

Alma suspiró. Sabía por qué lo decían y entendía que le hicieran aquellas preguntas.

—Es la primera vez, desde Carlos, que me vuelvo a fijar en un hombre —admitió—.

¡Que me vuelvo a enamorar! Y sí, Estíbaliz, tiene dieciséis años menos que yo.

Y sí, Romina, su padre es el novio de mi hija.

Y sí, Nuria, ¡he encontrado mi unicornio!

Pero Saem me gusta, es especial, me acelera el corazón y siento que me merezco vivir mi particular historia de amor, porque me encanta su manera de ser, de pensar, cómo me mira, su galantería y su romanticismo, entre otras cosas.

Y ¡joder, chicas! Es la primera vez en mi vida que un hombre me hace sentir así de especial.

Cuando estamos juntos no hay diferencia de edad. Simplemente somos él y yo y...

—¿Y cuándo piensas decírselo a Natalia?

—De momento, no, Romina. De momento, quiero esperar y hacer las cosas con cabeza. De hecho, no pensaba deciros nada a vosotras, porque os conozco. Pero habéis aparecido aquí y...

Alma se detuvo. Las emociones la embargaban.

—¿Estás dispuesta a sufrir por amor? —quiso saber Estíbaliz.

—No quisiera sufrir, pero quiero vivir este amor.

—Di que sí —afirmó Nuria—. Quien no arriesga no gana.

—¿Y te has planteado qué pasará dentro de diez años cuando él tenga cuarenta y nueve y tú sesenta y cinco? ¿Acaso no te da miedo eso? —insistió Estíbaliz.

—Si te soy sincera, ni lo he pensado. No he pensado en qué pasará dentro de uno, diez o quince años, porque he decidido vivir el momento.

Me encantaría poder decirte que dentro de diez años seremos una preciosa pareja feliz, pero eso no lo sé, como tú no sabes si dentro de diez años la casa nueva que te has comprado en Menorca te seguirá gustando igual.

—¿Y tus padres? —insistió Romina.

—Haga lo que haga, para mis padres siempre estará mal.

E imagino que, cuando se enteren, pondrán el grito en el cielo y me recordarán lo mala hija que soy y lo decepcionante que es tenerme en sus vidas.

Pero, sinceramente, lobas, su reacción no es algo que me preocupe.

La única reacción que me preocupa es la de Natalia.

—Tras unos segundos en silencio, Alma prosiguió—: No sé cómo ha pasado, pero me estoy enamorando como nunca creía que yo me pudiera enamorar.

Saem me suma, me hace sentir bien, me hace reír, me cuida, y lo mejor es que soy yo misma con él.

El amor no es un tema de edad, y sabéis que siempre lo he dicho, es más bien un tema de cómo tratar y hacer sentir Y sí, lobas, me estoy enamorando con cincuenta y cinco años.

¿Acaso he de sentirme culpable por sentir?

—Aiss, por Dios, ¡pues claro que no! —murmuró Romina, emocionada.

—Esta es mi realidad. Y sé que, cuando se sepa, posiblemente me caerán palos por varios lados, porque cierta parte de la sociedad me señalará. Pero me da igual, porque si he luchado por los derechos de otros y los he defendido, ¿acaso creéis que no voy a luchar y defender los míos?

Ellas, emocionadas, sonrieron. Si había una luchadora en el grupo, esa siempre había sido Alma. Solo ella, con su manera de ser y su paciencia, a pesar de los pesares, nunca les había soltado de la mano. Siempre la habían tenido para lo que necesitaran.

—Si ya te quería por tu empatía, valentía y fuerza, ahora te quiero más —dijo Nuria, sentándose a su izquierda para abrazarla—.

Y me encanta saber que te estás enamorando y que quieres apostar por un unicornio que está dispuesto a aprender a volar para bajarte la luna.

Pero he de confesarte que me joroba que ese pedazo de dios asiático de culito morbosete no se haya enamorado de mí.

—Se rieron—. Siempre estaré a tu lado para acallar bocas, pisotear cuellos y hacer lo que haga falta, ¿entendido?

Conmovida, Alma asintió. Romina también se levantó y se sentó a su derecha.

—Sé que me asusto por todo con facilidad —empezó, con lágrimas en los ojos— y que, en ocasiones, mis ideas son algo anticuadas, pero si alguien me enseña a dejar de asustarme, esa eres tú.

Y si te has enamorado de Saem y él de ti, no hay más que hablar.

Vive y disfruta de ese amor, porque te lo mereces.

Y, por supuesto, aquí estoy junto a Nuria, para lo que me necesites.

Alma sonrió y la abrazó. Le llegó el turno a Estíbaliz, que se agachó a su lado.

—Te quiero tanto y tengo tanto miedo a que alguien te haga sufrir, que por eso me vuelvo una neurótica —admitió—.

Sé que el amor aparece cuando menos lo esperas.

Y lo sé, porque a mí me pasó y ahí estuviste tú para animarme a disfrutarlo.

Me dijiste que, aunque la primera vez salió mal, ¿por qué me iba a salir mal la segunda vez con Alberto?

—Se rieron las dos—. Sabes que seré la más crítica de las tres en cuanto a esta relación, porque dudo que algo así pueda salir bien, pero me uno a estas dos lobas, dispuesta a ser tu espadachín siempre que me necesites.

¿Te queda claro? —Alma asintió, y Estíbaliz preguntó—: Por cierto, ¿qué horóscopo es Saem?

Soltaron una carcajada. Una vez más, la vida les ponía un nuevo reto por delante que todas, cada una a su manera, tenían que superar.

—Sois las mejores, ¿lo sabíais? —declaró Alma emocionada, abrazada a sus amigas.

—Por supuesto —afirmó Nuria.

—¡Ay, Dios!

—¿Qué pasa?

—¿En serio le he dicho a ese pedazo de dios asiático que se lleve un churrito para el camino?

Aquel comentario les hizo reír a carcajadas. Porque eso, reír, era lo que necesitaban.