Ríete de las bodas Capítulo 30
37%

Capítulo 30

Cuando Saem regresó de correr junto a Freya, al entrar en su casa, lo primero que hizo fue llenarle a su perra el cuenco con agua fresca.

Freya venía cansada. Después, mientras se dirigía hacia la ducha con su móvil en la mano, abrió Spotify y tras buscar entre sus listas, puso música de Jung Kook.

Comenzó a sonar Standing Next To You , e inconscientemente comenzó a mover los hombros al compás.

Con una sensualidad que él no valoraba que tenía, mientras se movía al compás de la música, se iba desnudando.

Finalizada la ducha, se puso un pantalón vaquero y una camiseta blanca, y mientras se calzaba las zapatillas sentado en la cama, sonrió al ver a Freya tan pancha, tumbada en el centro.

—Cuántas veces tengo que decirte que a la cama no te subas.

La perra no se movió. Aquella cama era suya también. Saem se acercó a ella y le dio un cariñoso beso en la cabeza.

—Eres una desobediente encantadora.

Encantada, la perra movió el rabito. Para ella, él era la persona más importante del mundo, dulce y cariñoso, y sin moverse de su sitio lo observó salir de la habitación.

Ya en el salón, comenzó a sonar una de sus cantantes preferidas. Se trataba de la coreana Wee In. Y la canción que sonaba era Easy junto a Sik-k. La música coreana siempre le había gustado, y cuando se trasladó a vivir a España, la continuó escuchando.

Tarareándola estaba cuando le sonó el teléfono. Era su padre. Últimamente no paraba de llamarlo.

—Hola, hijo.

—Hola, papá.

—¿Te marchabas ya a trabajar?

Saem miró el reloj que tenía sobre uno de los muebles.

—En diez minutos salgo —contestó—. He de pasar por la tienda de Zoe a recoger unas cosas y luego a otra a buscar algo de Ji Woo.

—¡Tengo un cabreo! —soltó Elías, que estaba en su despacho del banco.

—¿Qué pasa?

—Ayer fui a conocer a los abuelos de Natalia, y aunque Alma nos acompañó, fue un completo desastre.

Con la madre del padre, genial. Una señora encantadora.

—Saem se sentó. No le hacía gracia que siguiera con aquella relación, pero, tras hablarlo con su tío Mario, entendió que lo tenía que respetar; Elías prosiguió—: Alma nos apoyó, pero sus padres, uf. .. cómo te diría que son...

—¿Complicados? —preguntó Saem.

Elías movió la cabeza.

—Complicados, sin cultura y desagradables. A Alma le hablan fatal. Y a mí, directamente tras insultarme, me ignoraron. Está claro que mi edad, para ellos, es un hándicap, y no les ha hecho ni pizca de gracia que su única nieta esté con un viejo, aunque esté forrado de dinero.

—El dinero no lo es todo en la vida.

—Me llamaron viejo en toda la cara —insistió, molesto—.

Y sí, tengo sesenta años, pero, vamos, creo que un hombre de sesenta años en el siglo XXI no es un viejo, sino un hombre maduro.

—Saem entendía las palabras de su padre—.

Te llamo para pedirte un favor. El viernes voy a conocer al padre de Natalia, y aunque Alma es encantadora y respetuosa, por ciertos comentarios, intuyo que el tal Carlos puede ser complicadito también. Por eso te necesito conmigo.

—¿Me quieres de guardaespaldas?

—¡Saem!

—Es lo que has dado a entender. —Elías resopló. En cierto modo su hijo tenía razón—. Búscate a otro.

—Saem.

—Soy chef, no guardaespaldas.

—Sé que eres chef.

—¿Por qué me pides algo así? Sabes perfectamente que no quiero verme involucrado en tus líos.

Elías maldijo.

—Si te pido que me acompañes no es por mí, es por Natalia y su madre —volvió Elías a la carga, después de tomar aire—. Si ese hombre reacciona mal, no quisiera que ellas estuvieran de por medio.

Oír que Alma iría a esa comida lo cambió todo. Seguía molesto con ella por sus mentiras, pero deseaba verla. Necesitaba verla.

—De acuerdo. Iré contigo a esa comida —dijo sin asomo de duda.

Sorprendido y encantado, Elías se alegró.

Segundos después, cuando se despidieron, Saem fue hasta su habitación. Allí, Freya seguía repanchingada sobre la cama, y acercándose a ella, le dio un cariñoso beso en la cabeza.

—Preciosa vendrá a por ti dentro de poco. Pórtate bien —le dijo.

Segundos después, tras coger las llaves de su coche, salió de casa, pensando si su decisión había sido la más acertada.