Ríete de las bodas Capítulo 17
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Capítulo 17

A las once y media de la mañana el sonido del teléfono la despertó. Era su madre para contarle que su padre no había pasado buena noche por culpa del salmorejo que tomó el día anterior en el banquete. Alma se ofreció a llevarlos al médico, pero Cecilia se negó. Su padre ya estaba mejor.

Concluida la conversación con su madre, Alma se quedó tumbada en la cama con Sugar en su regazo. Durante varios minutos, dueña y mascota interactuaron. Jugaron. Juntos siempre se lo pasaban muy bien. De pronto, el teléfono le sonó, y al ver de quién era el mensaje, sonrió.

Saem ¿La boda fue divertida?

Suspiró. El rollito que se traía con él le gustaba. Ambos sabían que aquello era lo que era. Tecleó:

Yo Tremendamente divertida.

Saem, que sentado en su cocina se tomaba un café, sonrió.

La noche anterior, al terminar el servicio de cena en Mesa Trece, pensó en ella.

Sabía que estaba de boda. Le hubiera encantado ir a recogerla para pasar un rato juntos, pero no le escribió.

Apenas conocía a Sara, pero por lo poco que sabía de ella, le daba la sensación de que era una mujer independiente a la que no había que agobiar.

Por ello había esperado hasta ese momento para escribirle.

Saem ¿Qué haces?

Yo En la cama.

Imaginarla en la cama a Saem lo excitó.

Saem Lo que daría por estar ahí.

Juguetona, Alma, al leer aquello preguntó:

Yo ¿Y eso?

Divertido, por verla animada, tecleó:

Saem Mmmmm.

Alma soltó una carcajada, y rápidamente escribió:

Yo Me gusta ese mmmm.

Durante un rato no pararon de mandarse mensajes. Desde la distancia, mantenían un extraño juego casi de adolescente. Ninguno de los dos jugueteaba así con nadie. Cada uno a su manera disfrutaban del sexo sin compromiso.

Saem ¿Qué vas a hacer hoy?

Aquella pregunta le hizo recordar a Alma la comida con su hija y su novio. Pero, sin querer profundizar en aquello que le agobiaba, respondió:

Yo Planes familiares. ¿Y tú?

Él, observando a su perra, que devoraba su desayuno, escribió:

Saem Algo parecido y después trabajar. ¿Te apetece que nos veamos esta noche?

Yo ¿Otra vez?

Saem ¿Por qué no?

Yo Tienes razón. ¿Por qué no?

Saem He de ir a DeLokos esta noche sobre las diez y media. Tengo que hablar con mi tío Mario. ¿Nos vemos allí sobre las once?

Yo Allí nos vemos. Besos.

Saem Besos.

Luego, con una sonrisa en los labios, Saem recogió el cuenco de su perra, que había quedado reluciente, lo dejó en el fregadero y se dirigió a la ducha. Tenía planes.