Ríete de las bodas Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—Aunque nos faltan los riquísimos manolitos para acompañar el momento —dijo Romina al tiempo que levantaba su copa—, esto va para mis preciosas gemelas.

Virginia y Carolina. Teneros, cuidaros y criaros ha sido lo más bonito que me ha pasado en la vida.

Aún recuerdo cuando llegasteis, todo fue un caos para vuestro padre y para mí, pero lo repetiríamos mil veces.

—Virginia y Carolina no pudieron evitar emocionarse por las palabras de su madre, que se apresuró a agregar—: Brindo porque seáis muy felices y porque me deis preciosos nietecitos.

—Mamáááá.

—Por Dios, Romina, déjalas que follen sin presión.

—¡Nuria! —gruñó Romina.

—Eso mismo iba a decir yo, ¡déjalas follar! —intervino Alma tocándose su rubio cabello.

—¿Por qué tenéis que llamarlo así y no cuchi cuchi? —masculló Romina.

Nuria y Alma se miraron. Para ellas el tema sexo no era nada tabú.

—Porque se llama así —replicó Nuria.

—Se dice hacer el amor o hacer cuchi cuchi —matizó Romina.

—Por favorrrr, Romina... —se mofó Nuria ante las risas de las jovencitas.

—¡¿Qué?!

—¡No seas cursi y antigua! ¡¿Cuchi cuchi?!

—Mira ¡las modernassss! —rio Estíbaliz.

—A ver, Romina —insistió Alma—. Con los tíos con los que tengo sexo, follo. No hay miradas cómplices, ni cariñito. Por lo que no hago el amor y mucho menos cuchi cuchi.

—Mamááááá.

—Pues como yo, ¡follo hasta saciarme! —matizó Nuria, que sonriendo añadió—: Podéis llamadme comilona.

—Tíaaaaa —rio Virginia.

—Al infierno derechitas que vais a ir —pronosticó Romina.

—Si en el infierno hay hombres sexis... ¡firmo! —rio Alma.

—Y yo. Que, oye, no todo será dolor y fuego —apostilló Nuria.

—Pero ¿os estáis escuchando? —gruñó Romina.

—A ver, que no cunda el pánico. Según la IA —Natalia, rubia como su madre miró la pantalla de su teléfono—, «follar», para los españoles, significa tener relaciones sexuales.

—Prefiero oír ¡hacer el amor! —insistió Estíbaliz.

—O cuchi cuchi —insistió Romina.

—Pero vamos a ver —rio Nuria—. ¿Cuál es vuestro problema por utilizar la palabra follar?

—¡Y dale con la palabrita! —refunfuñó Romina.

Finalmente, todas sonrieron. Aunque les encantaba soltarse pullas, se respetaban. Sus personalidades eran muy diferentes en su forma de ver la vida.

—Sois de lo que no hay —concluyó Romina—. Acabáis de romper un momento mágico con mis niñas, utilizando esa palabra tan malsonante.

—A cualquier cosa le llamas momento mágico —bromeó Alma.

Virginia sonrió. Entendía a su madre y entendía a sus tías. Por supuesto que quería tener hijos, pero de momento, con veintinueve años, aún era pronto para ello.

—A ver, lobezna —añadió Nuria—. Tú vive y disfruta, que el resto llegará.

—Como la menopausia —se mofó Leyre.

—Y tanto que llegará, ¡pero a todas! —afirmó Alma—. ¡Igual que a los tíos la pitopausia!

Minutos después, Virginia, Leyre, Carolina y Natalia se fueron al baño.

—Nuestras niñas se han hecho mayores —murmuró Estíbaliz, observando a su hija—. Este fin de semana se casa Virginia. El mes que viene Leyre y a la semana siguiente Carolina. Madre mía, ¡cómo pasa el tiempo!

Alma, Romina, Nuria y Estíbaliz se miraron con complicidad.

¿Cómo habían pasado tan rápidos los años?

Eran amigas desde el colegio. Primero se conocieron Nuria y Alma, que eran íntimas, y años después llegaron a sus vidas Estíbaliz y Romina.

Juntas vivieron la adolescencia. Los primeros amores.

Sus primeros besos, sus primeros roces. Con los años, llegaron los novios, los trabajos formales, las muertes de familiares y las bodas, a excepción de Nuria, que permanecía soltera.

Después tuvieron a los hijos, y se sucedieron los divorcios de Alma y Estíbaliz, el emprendimiento de Alma y Nuria en su proyecto de la tienda de novias, la nueva boda de Estíbaliz y la consolidación de la perfumería de Romina y Roberto.

Y, por supuesto, ya en la madurez, hizo su aparición la dichosa menopausia.

—Lo de Carolina nos preocupa a Roberto y a mí. ¿En qué piensa esta hija nuestra casándose por un impulso? —murmuró Romina.

—Os lo he dicho mil veces —apostillo Estíbaliz—. Signos de fuego y agua, aunque se quieran, no suelen ser muy compatibles.

—Tan pronto se adoran, como se matan, ¿qué tienen en la cabeza? —insistió Romina.

Todas se miraron.

—Es su decisión y ante eso no puedes hacer nada —indicó Alma.

—Pero se está equivocando —recalcó.

—De los errores se aprende —matizó Nuria.

—Eso dice Roberto —admitió la desesperada madre.

Romina suspiró. Sus amigas tenían razón. Seguir pensando una y otra vez en algo a lo que ya le había dado cientos de vueltas era una tontería.

—El enganche que tengo con la serie coreana que estoy viendo es tremendo —cambió de tema.

—Lo que te gustan los culebrones. —Nuria esbozó una sonrisa.

—Deberíais verla —insistió Romina—. ¡Es tannnnn románticaaaaaa y bonitaaaaa!

Todas sonrieron. Romina era una loca del romanticismo, del amor y de las series.

—¿Otra serie turca? —preguntó Alma.

—No. Coreana.

—Por favorrr. —Nuria puso los ojos en blanco.

—Son fantásticas. Creedme.

Divertidas, las amigas se miraron.

—Venezolanas. Colombianas. Mexicanas. Turcas. Coreanas... —enumeró Nuria.

—Calla y escucha —la interrumpió Romina, emocionada—.

La serie que estoy viendo es una preciosa historia de amor entre una persona de Corea del Norte y otra del Corea del Sur.

Y ¡oh, por Dios! El capitán Ri me tiene enamorada.

Teníais que ver cómo mira a la muchacha.

¡Es que me lo comoooooo! ¡Qué miradaaaaaa!

—¿Te lo comes antes que a Roberto?

Romina sonrió. Todas querían a Roberto. Un buenazo que idolatraba a su mujer y adoraba a sus amigas.

—A ver, ¿cómo se llama esa serie? —preguntó Nuria, antes de que ella pudiera contestar—. Quiero conocer el capitán Ri.

— Crash Landing on You , y la ponen en Netflix —indicó Romina, y añadió—: Y, por cierto, los hombres coreanos son caballerosos, protectores y detallistas.

—¡Cómo tu Roberto! —se mofó Alma.

—Pero follarán, ¿no?

—Nuria, por favorrrrrr. La vida es algo más que hacer cuchi cuchi —gruñó Romina.

—Cuchi... cuchi... —se burló Alma.

—¡Serás hortera! —rio Nuria.

—Y vosotras ¡mal habladas!

Nuria y Alma, al oír aquel término tan de Romina, se rieron a carcajadas.

—Venga, Romina, por Dios, no seas tan tiquismiquis —se quejó Estíbaliz—. Que lo que ves es en la televisión es ficción. ¡Es una serie! Y tienen que hacerlos parecer así.

—No me mates el sueño —musitó Romina.

Nuria, que observaba su teléfono móvil, murmuró:

—Por favorrrr. Espero que alguno de mis nuevos vecinos esté como el capitán Ri. ¡Menudo unicorniooooo!

—Te lo dije. ¿Es o no es impresionante? —dijo Romina.

—Es... es... ¡Me lo pido para Reyes! —afirmó Nuria.

—¿Qué horóscopo es?

—Y yo qué sé, Estíbaliz —indicó Romina.

—Uisss, ¡pero si mide 1,85! Qué coreano tan alto y sexi, ¿no? —insistió Nuria.

El teléfono fue pasando de mano en mano. Todas querían ver a aquel actor surcoreano.

—Tiene su puntito —admitió Alma.

—Puntazo, loba, ¡puntazo! —la corrigió Nuria.

—Dudo que todos los coreanos sean así de guaperas —se rio Alma—. Los habrá feos y bajitos también.

—Pues claro —indicó Estíbaliz—. Guapos, feos, altos y bajos hay en todos lados.

—Este es de los guapos —afirmó Romina.

—Nunca he tenido un rollito con un asiático. —Alma juntó las manos con gracia y mirando al techo, dijo—: Mis queridos Masters del Universo, siempre he creído en vosotros, por lo que os voy a pedir un deseo: quiero tener un rollito con un sexi y guapo asiático.

—Pues no es por nada, loba, pero siempre oí que son sosos y la tienen chiquitita...

—¡Nuria, por favorrrrr! —se quejó Romina.

Las cuatro rieron a carcajadas.

—A eso que dicen, ¡ni caso! —remató Estíbaliz.

Todas la miraron. Ella bajó la voz y prosiguió—: ¿Os acordáis el verano que me divorcié, que mi madre se quedó con la niña y yo me fui con mi hermana y sus amigas a hacer un crucerito por los Fiordos?

—El grupo asintió—. ¿No recordáis que os dije que coincidimos con un grupo de hombres de negocios americanos y que yo conocí a un tipo llamado Yan?

—¡Es verdaddddd! Estabas desatada en tu época de loba de los bosques —afirmó Nuria riendo.

—Yan, por cierto, sagitario, era chino, aunque había nacido en los Estados Unidos. Y la verdad, lo pasamos muy bien. Y de soso y chiquitita, nada de nada. ¡Menudo era Yan!

—Pero míralaaaaa —se mofó Alma—. Abriste fronteras.

—Y lo que no son fronteras —murmuró Romina.

Divertidas, se rieron. Romina, que veía cómo Alma observaba a su hija, dijo.

—Cuando menos lo esperemos se nos casa Natalia. Además, ya sabéis el dicho: ¡de una boda sale otra! Y más si coges el ramo de la novia. Y de momento, va a asistir a tres y a la de su prima Susanita.

Al oír aquello, Alma, olvidándose de lo que hablaban, sonrió.

Su hija Natalia era una enamoradiza empedernida.

Cuando conocía a alguien, lo daba todo. Pero igual que lo daba lo quitaba en el momento en el que comenzaban a atosigarla.

Ella era una mujer de relaciones abiertas, y que alguien le cerrara su espacio la agobiaba.

—Si es lo que ella decide, ¡adelante! Aunque lo dudo. Natalia no es de casarse, peroooooo, si algún día pasa por su cabeza, que se lo piense muy bien, porque casarse es una lotería.

—Loba, no digas eso.

—Que encontraras un unicornio en Roberto ¡es maravilloso! —replicó Alma, dándose aire con la mano ante un nuevo ataque de calor tropical—. Pero permite que a las que encontramos caballornios, pensemos lo que nos dé la gana.

—La secundo —afirmó Estíbaliz, pensando en su primer matrimonio.

—Lo mejor es no casarse. ¡Miradme a mí qué feliz estoy, aunque folle y no haga el amor! —soltó Nuria.

—¡Y daleeeee! —siseó Romina, y como le encantaban los buenos dramas, murmuró—: Alma, no sabes la de veces que me arrepiento de haberte presentado al idiota de Carlos. Por mi insistencia te enamoraste de él.

En silencio se miraron. Lo que Romina decía era cierto.