Ridge (Wildwater Falls 3) TRECE #3
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TRECE #3

—Compartiremos mi habitación, Gia. Tiene una cama enorme.

Georgia bufó, indignada y harta de que mi instinto de conciliación siempre me pusiera en la línea de fuego, pero al ver la súplica en mis ojos, asintió con rigidez.

—De acuerdo. Una noche. Pero mantente alejada de mis cosas, Evelyn. Voy a lavarme la cara. No soporto respirar este ambiente.

Mi hermana desapareció por el pasillo hacia el cuarto de baño, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria. Me quedé a solas con la mujer que me había dado la vida y que llevaba veintisiete años machacándome.

Me agaché para recoger mi propio bolso del suelo. Evelyn me observó desde el otro lado de la mesa, evaluando mi uniforme arrugado, mi pelo recogido de forma desordenada y el cansancio que me marcaba las ojeras. Su expresión se afiló, preparándose para inyectar el veneno.

—Si crees que montar ese ridículo numerito en urgencias con el mayor de los Collins va a servirte de algo, te equivocas de medio a medio —disparó Evelyn, bajando la voz para que Georgia no la escuchara, deslizando las palabras como cuchillas—.

No pegáis ni con cola, Savannah. Mírate.

Un hombre como él, un bombero de rescate, alguien con su estatus y su físico...

necesita a una mujer deslumbrante. A alguien deportista, enérgica, que pueda seguirle el ritmo y estar a su altura en sociedad.

No a una chica conformista que acaba de fracasar en su matrimonio.

El golpe fue devastador porque ella siempre sabía apuntar a mis puntos débiles. Me mordí el interior de la mejilla hasta saborear la sangre, obligándome a no encogerme.

—Quizá te equivoques, mamá —repliqué, y aunque mi voz tembló levísimamente, logré mantenerle la mirada—. Porque, por increíble que te parezca, Ian parece estar interesado de verdad en mí. Me respeta y me cuida.

Evelyn soltó una carcajada. Fue un sonido corto, seco y carente de humor, cargado de una lástima fingida que me quemó la piel.

—Ay, Savannah. Deja de soñar despierta, harás el ridículo —se burló, sacudiendo la cabeza—.

Te está usando para pasar el rato, cariño.

Los hombres como él siempre lo hacen con las chicas vulnerables.

Deberías dejar de jugar a las fantasías, llamar a Phillip y suplicarle que te perdone.

O, si tienes un poco de suerte, encontrar a alguien más... acorde a tus limitaciones.

No respondí. El nudo en mi garganta era tan grueso que me asfixiaba. Agarré mi bolso, giré sobre mis talones y caminé hacia la habitación que compartiría con Georgia. Entré y cerré la puerta tras de mí, dándole un portazo que hizo temblar el marco de madera de la cabaña.

Me dejé caer sobre el borde de la cama, enterrando el rostro entre las manos.

Estaba exhausta. Odiaba profundamente a Evelyn, pero lo que más odiaba era la facilidad con la que sus palabras se filtraban en mi cabeza, echando raíces en la tierra quemada de mis inseguridades.

Jamás, en ninguna circunstancia, volvería con Phillip Brooks. Prefería morir sola.

Justo cuando el abismo de la duda amenazaba con tragarme por completo, la pantalla de mi teléfono móvil se iluminó, acompañada de una vibración corta.

Alcé la vista, parpadeando para apartar las lágrimas de pura frustración. Desbloqueé el aparato. Era un mensaje de Ian.

Ian: ¿Cómo estás, preciosa? Ya te echo de menos. No veo la maldita hora de que acabe el día de mañana para tenerte por fin solo para mí.

El pulso me dio un vuelco. La crudeza de su confesión me golpeó el pecho, barriendo de un plumazo el eco tóxico de mi madre. Pero la pantalla volvió a iluminarse con un segundo mensaje.

Ian: Mañana me exigen presentarme en la base a primera hora para rellenar el papeleo de mi alta parcial, antes de que empiece tu turno, así que no podré robarte un beso por la mañana.

Pero pasaré a recogerte por el hospital en cuanto acabes.

Cenaremos juntos. Y Savannah... lleva una muda extra en el bolso por si se nos hace tarde para que vuelvas a Raven Ridge.

El aire se me atascó en los pulmones. Me estaba diciendo, con una claridad abrasadora, que su intención era llevarme a su piso, que no pensaba dejarme marchar y que iba a amanecer en su cama.

Una calidez inmensa descendió hasta mi bajo vientre.

Las inseguridades que Evelyn acababa de sembrar se marchitaron bajo el fuego de sus palabras.

Podría no ser una súper modelo ni una alpinista experta, pero Ian Collins, el dios inalcanzable de Wildwater Falls, me quería a mí. Y me quería toda la noche.

Me sequé las mejillas con el dorso de la mano. Una sonrisa involuntaria, profunda y secretamente aliviada se dibujó en mis labios mientras mis pulgares volaban sobre el teclado.

Savannah: Estoy bien. Y yo también te echo de menos. Estaré lista cuando acabes tu turno. Llevaré la muda extra.

Bloqueé el teléfono y me lo apreté contra el pecho. Evelyn podía quedarse en el salón derramando todo el veneno que quisiera, pero mañana por la noche, yo iba a desaparecer entre los brazos del único hombre capaz de hacerme sentir libre y deseada.