Capítulo 65
Oscar
H abía corrido hacia el norte como Neo me había ordenado, luego había dado la vuelta, cruzando el estrecho sendero y adentrándome de nuevo en el bosque, con la esperanza de encontrar a Willa o, al menos, de cortarle el paso a algunos de los hombres que la perseguían.
Era como correr entre melaza: el frío me entorpecía los movimientos y la oscuridad hacía imposible ver nada hasta tenerlo a un palmo de la cara.
Por eso me sorprendió oír voces que venían del bosque, más adelante, y luego, al aminorar el paso, distinguí la espalda de Neo entre los árboles.
Avancé con cautela y entonces vi a Roberto.
Pero no solo a Roberto: también a Willa, inmovilizada con el cuchillo en el cuello.
Joder.
Joder, joder, joder.
Si intentaba rodear la zona donde estaban para colocarme detrás de Roberto, casi seguro que lo alertaría de mi presencia, pero si me quedaba donde estaba, no podía hacer una puta mierda para ayudar a Willa.
Todavía tenía mi arma, pero mi puntería era peor que la de Neo, y la de Neo era una mierda.
Escudriñé los alrededores buscando algo que pudiera usar, cualquier cosa que sirviera al menos de distracción para que Neo le metiera una bala entre los ojos a su padre sin herir a Willa.
Lo encontré un segundo después, cuando vi a Rock moviéndose despacio para colocarse detrás de Roberto; o Rock era sigiloso como una pantera o Roberto estaba distraído de cojones, porque no parecía oír nada.
No sabía si Neo podía ver a Rock, pero esperaba que sí, que esperaría a que Rock hiciera un movimiento en lugar de arriesgarse a dispararle a Willa en vez de a Roberto.
—Te propongo algo —dijo Neo—. Sueltas a Willa y yo te dejo marchar.
Roberto se rio.
—Debes de creerme estúpido. Esto no va a acabar hasta que uno de los dos esté muerto, y lo sabes.
En algún lugar a lo lejos me pareció oír helicópteros, pero no estaba seguro y no me atreví a apartar la vista de lo que estaba pasando.
—Probablemente tengas razón —dijo Neo.
Cuando volvió a hablar, supe que había visto a Rock.
—Y no voy a ser yo.
Rock se lanzó entre los árboles armando un escándalo que hizo que Roberto se girara hacia él.
Contuve el aliento, rezando para que el cuchillo no le rajara la garganta a Willa, o que, si resbalaba, se le escapara de la mano.
Willa aprovechó que Roberto aflojaba el agarre, se agachó bajo su brazo y se apartó justo cuando Rock se estampaba contra Roberto con todo su peso.
Cayeron al suelo sobre la nieve, a puñetazos y forcejeos, y era imposible ver quién llevaba las de ganar.
Neo avanzó hacia ellos mientras Willa retrocedía a rastras, abrazándose el cuerpo casi desnudo, y Rock y Roberto seguían rodando por el suelo. Neo les apuntaba con el arma, esperando tener un tiro limpio, cuando Rock soltó un jadeo, se apartó de Roberto rodando y se llevó las manos al estómago.
La sangre le brotaba entre los dedos; Roberto aún sostenía el cuchillo, ahora ensangrentado.
Willa corrió hacia Rock y le puso la cabeza en su regazo mientras Neo se plantaba sobre su padre y le apuntaba a la cabeza con el arma.
—¿Listo para jugártela con esa teoría que tienes sobre mí? —dijo Neo.
Roberto sonrió y se abalanzó hacia delante con el cuchillo.
El disparo de Neo resonó por el bosque y Roberto cayó de espaldas sobre la nieve, con la sangre manándole de un agujero en la frente.
El ruido de los helicópteros se intensificó; un foco iluminaba a Neo y a su padre mientras el helicóptero sobrevolaba sobre ellos.
—Suelte el arma —ordenó una voz por el altavoz del helicóptero.
Neo soltó el arma.
De pronto, el lugar se llenó de agentes con equipo táctico que avanzaban hacia nosotros con las armas desenfundadas. Willa seguía sentada en la nieve, con la cabeza de Rock en el regazo.