Reyes y Masacre (Universidad Aventine nº 3) Capítulo 66
100%

Capítulo 66

Willa

T emblaba bajo la manta térmica con la que los paramédicos me habían arropado en la camilla portátil. No había tenido tiempo de explicar por qué estaba en el bosque en ropa interior con unas alas pegadas a la espalda, pero por suerte parecían más preocupados por la congelación y la hipotermia.

Desde dentro de la ambulancia, aparcada en el inicio del sendero cerca del Hummer, observaba cómo Neo, Oscar y Rock hablaban con la policía.

Se me revolvió el estómago al ver la camisa de Rock manchada de sangre.

Agradecida de que la puñalada hubiera resultado menos grave de lo que parecía, pero revuelta.

Por supuesto, se había negado a ir al hospital en ambulancia, pero había aceptado que los médicos le echaran un vistazo cuando llegáramos.

No sabía qué pasaría a partir de ahora, pero estábamos vivos, todos. De Roberto no se podía decir lo mismo, y eso significaba que de verdad había terminado.

Escudriñé la oscuridad mientras una figura con un chubasquero de la policía se acercaba a la parte trasera de la ambulancia. De lejos, tan abrigada, parecía un hombre, pero cuando llegó a las puertas me di cuenta de que me había equivocado.

Parpadeé. ¿Estaría alucinando por el frío?

—¿Decana interina García?

Subió a la ambulancia y se sentó a mi lado.

—En realidad me apellido Rodríguez. ¿Estás bien?

Parecía otra persona, joven y atlética con vaqueros y su chubasquero de policía, el pelo suelto sobre los hombros, la cara sin maquillar.

—Creo que sí. O sea, puede que pierda algún dedo del pie, pero todavía no lo saben —dije—. ¿Eres… policía?

—Detective, en realidad. Llevo mucho tiempo infiltrada en este caso —sonrió—. Quizá deberías meterte en el cuerpo. Resolviste el caso antes que yo.

—No a tiempo —dije, pensando en Emma y en las otras chicas.

—Siento lo de tu hermana —parecía decirlo de verdad.

—¿Las vais a buscar ya? —pregunté—. ¿A todas? ¿En el bosque?

Asintió.

—Ya estamos en ello. Hay un equipo de camino. Empezaremos por las cabañas e iremos ampliando el perímetro.

Intenté contener las lágrimas, pero me resbalaron por las sienes igualmente.

Emma ya no estaba, y tendría que encontrar la manera de vivir con ello el resto de mi vida.

—Estaría orgullosa de ti —dijo la detective Rodríguez—. Está orgullosa de ti.

Contuve un sollozo y asentí porque no me salía otra cosa. No sabía qué decir. Quizá debería haberme sorprendido de que hubiera estado infiltrada en Aventine, pero tenía la sensación de que ya nada volvería a sorprenderme. Nada de nada.

Aunque, mientras veía a los Kings alejarse de la policía —Neo hacia la ambulancia, Rock y Oscar hacia el Hummer—, recordé que no todas las sorpresas eran malas.

—Parece que viene tu amigo —dijo la detective Rodríguez—. Tenéis mucha suerte de teneros.

Vaya si lo sabía.

Bajó de la ambulancia.

—Estaremos en contacto —le dijo a Neo mientras él subía a ocupar su lugar.

Tenía el rostro pálido y demacrado. Me cogió la mano entre las suyas y se la llevó a los labios.

—¿Estás bien?

—Depende —dije—. ¿Todavía querrás follarme con siete dedos en los pies?

Empezó a reírse, pero la risa se le quebró en un sollozo y hundió la cara en mi pecho.

—Joder, cómo te quiero, Jezabel.

Le acaricié el pelo sedoso.

—Y yo a ti, joder.