Capítulo 63
Neo
S epararnos era lo correcto, pero correr por el bosque fuera del sendero era jodidamente difícil.
La noche sin luna no ayudaba, y estuve a punto de caerme varias veces: raíces gruesas que sobresalían del suelo y amenazaban con hacerme tropezar mientras corría, ramas bajas que no veía hasta que ya me habían golpeado la cara.
No me importaba nada de eso. Lo único que importaba era mantenerme en pie por Willa.
El silencio era inquietante; el crujido de mis pasos sobre la nieve era el único sonido en la noche. Incluso los animales que vivían aquí permanecían callados, escondidos o hibernando en espera del invierno.
Y entonces, apenas audible por encima de mis pasos, un suave chillido.
Dejé de correr, me quedé quieto y escuché.
Casi pensé que lo había imaginado y ya me disponía a echar a andar de nuevo cuando lo oí otra vez, procedente de los árboles a mi derecha.
Cambié de rumbo hacia el sonido, avanzando ahora más despacio y con más cuidado, sin querer alertar a quien no debía si andaba cerca.
Pero al final no importó. Estaba casi encima de ellos cuando los vi: mi padre y Willa. Mi padre sujetaba la hoja de un cuchillo contra la delgada garganta de Willa.