Capítulo 61
Rock
O diarme a mí mismo era un alivio frente al miedo, ese peso de plomo que me oprimía el pecho.
Deberíamos habernos marchado de Blackwell Falls.
Deberíamos haber cogido a Willa e irnos muy, muy lejos.
Ninguna venganza merecía arriesgar su vida. Nada lo merecía.
Intenté no pensar en la inmensidad del bosque mientras corríamos.
Willa era una aguja en un pajar y no éramos los únicos empeñados en encontrarla.
Ni siquiera podía estar seguro de que corriéramos en la dirección correcta.
Parecía que seguíamos algún tipo de sendero, pero con la nieve era difícil saberlo.
Cuanto más nos adentrábamos en el bosque, más honda era la nieve; ya no la nieve compactada de alrededor del fuego, sino unos buenos quince centímetros de nieve pesada y húmeda.
Intenté no imaginar a Willa, descalza y medio desnuda, expuesta al frío y probablemente luchando por su vida.
Si dejaba que esos pensamientos me invadieran, perdería la cabeza, y Willa necesitaba que todos mantuviéramos la calma.
Más adelante, una rama baja bloqueaba el camino. Levanté la mano para apartarla y vi algo enganchado en la punta.
Dejé de correr, jadeando por el esfuerzo, y agarré la rama mientras Neo y Drago se detenían a mi lado.
Una pluma.
—Ha pasado por aquí —dije, alzándola para que la vieran.
Drago metió la mano en la sudadera que había cogido del maletero del Hummer y sacó la pistola.
—Si ella ha pasado por aquí, ellos también.
—Deberíamos separarnos —dijo Neo.
Lo miré como si estuviera loco, porque tenía que estarlo para sugerir que nos separáramos con un montón de asesinos merodeando por el bosque, buscando a Willa y más que dispuestos a matarnos antes de que llegáramos hasta ella.
—Tiene razón —dijo Drago—. Si dos nos separamos, quizá podamos rodearlos e interceptar a Roberto y a los demás.
—Tú sigue el sendero —me dijo Neo. Miró a Drago—. Tú ve al norte, yo iré al sur —nos miró a ambos, con la furia marcada en el rostro—. Salvamos a Willa. El que se interponga en nuestro camino, muere.