Reyes y Masacre (Universidad Aventine nº 3) Capítulo 60
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Capítulo 60

Willa

C orrí, deseando haber tenido tiempo de quitarme las alas. Se enganchaban en las ramas bajas y me hacían sentir como si corriera con un paracaídas a la espalda.

Al principio no oí nada, y me atreví a pensar que quizá podría escapar de ellos.

Pero entonces, más adelante, oí gritos de hombres y recordé que había otros que venían hacia mí desde todas direcciones.

Evoqué el mapa de los bosques que rodeaban Aventine, no el que Roberto había dibujado en la nieve, sino el de las carpetas del decano Giordana. Aquel era un mapa topográfico que incluía los acantilados y el río Blackwell.

Esperaba evitar uno y, con suerte, encontrar el otro.

Si me caía por un acantilado, estaba muerta. Si encontraba el río, podría seguirlo hasta el pueblo.

Si no moría de hipotermia antes.

Tenía los pies completamente entumecidos, lo que me hacía tropezar, y sabía que corría un riesgo real de congelación. Las temperaturas no eran extremas, pero seguía haciendo un frío de cojones, y morir de hipotermia era una posibilidad muy real.

Aparté de un manotazo una rama baja mientras zigzagueaba entre los árboles, y la sentí rebotar y golpearme en la cara.

La sangre me bajó caliente por la mejilla, el menor de mis problemas.

Pensé en los Kings. ¿Habrían conseguido Rock y Neo salir vivos de St. Andrew?

No podía pensar en eso porque, si alguno de ellos había muerto, yo también querría morir. Dejaría de correr y me rendiría a la desesperanza que amenazaba con asfixiarme mientras corría y corría.

—¡Por ahí! —gritó un hombre detrás de mí.

Se acercaban por todos lados, sus voces cada vez más fuertes.

Forcé a mis piernas a moverse más rápido, intentando ignorar el ardor en los pulmones, el escozor de la piel mientras se me congelaba en el aire nocturno.

Y entonces, desde otra dirección, ladridos de perros.

Esto no era una persecución. Era una cacería.