Reyes y Masacre (Universidad Aventine nº 3) Capítulo 29
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Capítulo 29

Willa

C laire me recibió con alivio y unos abrazos enormes y asfixiantes que agradecí muchísimo después de todo lo que había pasado desde que la vi por última vez, antes del salto desde el acantilado en la cantera.

Enseguida me cogió de la mano y me arrastró escaleras arriba para que pudiéramos hablar a solas, pero yo sabía que en casa de los King nunca estaba realmente sola, así que le presté un bañador para sentarnos en el jacuzzi.

Fuimos a la cocina en bañador y nos cruzamos con los King, que estaban saqueando la nevera en busca de algo para picar. Dejé claro que esto era cosa de chicas, y Claire y yo salimos al patio, caminando con cuidado sobre los dos centímetros de nieve medio derretida.

Quitar la cubierta del jacuzzi fue bastante fácil, y cinco minutos después nos sumergíamos en el agua caliente mientras las burbujas borboteaban en los chorros.

—Te juro que no estaba buscando que me invitaras al jacuzzi —dijo Claire, echando la cabeza hacia atrás—. Pero desde luego no me quejo. Esto es una maravilla.

Me reí.

—Desde luego, mejor que estar encerradas en casa.

—Ni me lo digas. Estamos solo en enero y ya estoy hasta el moño de estar encerrada, sobre todo después de las últimas dos semanas en casa —dijo. Sus rizos cobrizos ya estaban húmedos por el vapor, y sus ojos color avellana brillaban incluso con la tenue luz del patio.

—¿No te alegró ver a tu familia en las fiestas? —pregunté.

Puso los ojos en blanco.

—No vamos a hablar de mi aburrida familia cuando tú llevas dos semanas totalmente desaparecida.

—¡Te he estado escribiendo! —protesté.

—Me estás ocultando algo —dijo—. Sé que no hace mucho que somos amigas, pero me gusta pensar que lo somos .

Llevas una semana dándome largas para quedar a tomar café en Cassie's, así que o estás hasta el cuello de polla King o pasa algo gordo.

Seguramente las dos cosas, en cuyo caso me debes un montón de detalles.

Decía mucho de mi situación que me tentara más contarle lo de la polla King que toda la otra mierda que estaba pasando, sobre todo teniendo en cuenta que una vez juré que jamás —y digo jamás— me acostaría con Neo.

Pero intuía que con eso no iba a bastar.

—Descubrí qué le pasó a Emma —dije. Luego negué con la cabeza, porque no era del todo exacto—. No qué le pasó exactamente. Más bien descubrí quién se lo hizo.

Claire frunció el ceño.

—No te sigo.

—Si te lo cuento, tienes que jurarme que no se lo dirás a nadie. Ni a Erin, ni a Quinn, a nadie.

La verdad es que no quería contarle nada, pero tenía razón. Éramos amigas. De hecho, aparte de los King, era la mejor amiga que tenía en Aventine. Por mucho que me asustara involucrarla en lo que estaba pasando, la conocía: no iba a parar hasta saber la verdad.

Levantó una mano como si fuera a prestar juramento.

—Lo juro.

—El padre de Neo está metido en esto —dije.

—¿Metido cómo?

—Eso es lo que todavía no sabemos.

Se lo conté todo. Le conté que Emma había acudido a los King en busca de ayuda y luego había desaparecido. Le conté lo de la visita a la señora Giordana y las carpetas con los mapas del bosque y las cabañas.

Luego le conté lo del allanamiento y nuestra huida a la isla, y cómo después Roberto había intentado asesinarnos a todos.

Lo único que no le conté fue que nos habíamos refugiado en la casa abandonada de Daisy, porque ese secreto no me correspondía revelarlo.

Cuando terminé, me miraba con los ojos como platos a través del vapor del jacuzzi.

—Joder —dijo—. ¿El padre de Neo intentó mataros? ¿A todos?

—Dos veces, técnicamente.

Sus hombres estuvieron a punto de pillarnos en el hospital.

—¿Cómo lo lleva Neo? —preguntó.

Pensé en todo lo que sabía sobre Neo y su padre.

Tampoco me correspondía a mí contarlo.

—No creo que le pillara por sorpresa, por desgracia —dije.

—Bueno, supongo que ahora entiendo por qué había un tío con pinta de matón y una pistola en la entrada, como si yo estuviera pidiendo audiencia con la reina —dijo.

—Por eso mismo —dije—. Y hay más como él por el bosque, además de un generador para que nadie pueda volver a dejarnos sin luz y desactivar la alarma.

—¿Y ahora qué vais a hacer? —preguntó Claire.

—No lo sé —dije—. Solo sé que Roberto no actuaba solo. Es imposible que coordinara la desaparición de todas esas chicas él solo. Tengo la sensación de que la respuesta está delante de nuestras narices en esas carpetas, pero todas las cabañas están registradas a nombre de empresas fantasma.

—Uf. Ya me lo imagino —dijo.

Las empresas fantasma de nuestras familias eran el equivalente moderno de los mafiosos que enterraban el dinero. Era casi imposible rastrearlas a menos que supieras por dónde empezar.

—¿Y qué pasa con la universidad? —preguntó Claire—. A juzgar por el despliegue de seguridad que tenéis aquí, parece que no vais a salir de casa.

—Seguro que los King lo preferirían así, pero pienso volver a la universidad en cuanto acaben las vacaciones —dije.

Claire arqueó las cejas.

—¿Ellos lo saben?

—Todavía no.

Llevaba días dándole vueltas a cómo sacar el tema.

Sabía que los King se iban a oponer, pero ni de broma iba a quedarme encerrada en la casa durante los meses que nos llevara averiguar quién estaba compinchado con Roberto.

No era tan estúpida como para creer que estábamos fuera de peligro, pero las probabilidades de que Roberto intentara atacarnos en el campus eran mínimas.

Era el único sitio aparte de la casa donde me sentía a salvo.

—Pero lo sabrán.

El escepticismo se le notaba en la cara. —Si tú lo dices. Contigo parecen bulldogs, pero tú los conoces mejor que yo.

No se equivocaba, pero yo también podía ser terca.

—Hablemos de otra cosa —dije.

Ya era bastante malo tener que hablar con los Kings sobre volver a la universidad. ¿Para qué torturarme hablando de ello con Claire? —¿Qué tal tus vacaciones?

Puso los ojos en blanco y se hundió más en el agua, agarrándose al borde del jacuzzi para estirar las piernas. —Como te dije, aburridas. Salvo por enterarme de que Liam va a trabajar en el pueblo los próximos meses.

Liam era uno de los muchos hermanos de Claire, pero normalmente trabajaba con un equipo con base en Boston.

—¿En serio? ¿Por qué aquí?

—Es tan asqueroso que ni siquiera quiero decirlo en voz alta —dijo Claire.

Me reí. —Bueno, ahora tienes que contármelo.

El agua le goteaba por los brazos mientras se cubría la cara con las manos. —Va a trabajar en St. Andrew's.

—¿Eso es… una iglesia del pueblo? —pregunté.

Me miró entre los dedos. —Estás de broma, ¿verdad?

—Está claro que no me estoy enterando de algo —dije.

Dejó caer las manos en el agua. —St. Andrew's es el club de sexo del pueblo.

Sacudí la cabeza. —Vale, ahora sí que estoy perdida. ¿Hay un club de sexo en el pueblo? ¿Y se llama St. Andrew's? ¿Y tu hermano va a trabajar allí?

—Sí a todo lo anterior.

Tardé un momento en relacionar el nombre del club con el accesorio BDSM homónimo, y enseguida me vino a la mente la imagen del aparato en forma de X que se usa para atar a alguien y pasarlo bien.

Ingenioso para un pueblo pequeño como Blackwell Falls, sobre todo teniendo en cuenta la población católica conservadora del lugar.

Esperaba que nunca hubieran ido a St. Andrew's a rezar.

—¿Cómo es que no sabía que había un club de sexo en Blackwell Falls? —pregunté.

—Probablemente porque los Kings quieren tenerte solo para ellos —dijo Claire.

No podía rebatir ese punto.

—¿Por qué tu hermano va a trabajar allí? —pregunté—. ¿O prefiero no saberlo?

—Son solo negocios —dijo—. No va a trabajar allí trabajar allí.

—Entendido —dije.

A nuestras familias les gustaba fingir que había diferencias entre ellas, pero todas tenían algo en común: estaban metidas en todo tipo de mierdas.

Daba igual si eran los italianos, la bratva, los cárteles o los irlandeses: todos tenían participaciones mayoritarias en de todo, desde restaurantes hasta financieras y clubes de striptease.

Y sí, clubes de sexo.

Le sonreí a Claire a través del vapor. —Supongo que solo será raro para ti si apareces por St. Andrew's.

—Ese es el problema —dijo—. Todo el mundo va al baile de máscaras de la Fiebre de Primavera en St. Andrew's. ¡Es tradición! Ahora tengo que decidir si voy a ir igualmente, aunque eso signifique encontrarme con mi hermano mayor.

—Vaya —dije.

—Exacto.

Hacía solo unos meses, pensaba que lo más extraño de Blackwell Falls era Aventine, una universidad privada para hijos de familias mafiosas.

Ahora empezaba a pensar que eso era solo la punta del iceberg.