Reyes y Masacre (Universidad Aventine nº 3) Capítulo 19
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Capítulo 19

Willa

N o mencioné el bote de lubricante que Rock dejó junto a la ducha mientras nos desnudábamos en el baño, ya lleno de vapor.

Era una de las cosas que Oscar había comprado en el área de servicio, junto con papel higiénico, pasta de dientes, champú y otros artículos de aseo.

No había dicho nada en ese momento. Estaba demasiado agotada y estresada para pensar en ello, pero estaba claro que ellos tenían sus prioridades.

Ahora, ver ese bote en la repisa de la ducha me empapó el coño. No tenía ni idea de cómo se las arreglarían con el brazo roto de Rock, pero no me cabía duda de que él y Oscar encontrarían la manera.

—Buen trabajo con las bragas, por cierto —le dijo Rock a Oscar mientras observaba mi diminuto culotte con el martes estampado.

Estaba bastante segura de que era sábado, pero tenía los días de la semana completamente revueltos.

—Gracias —dijo Oscar, quitándose los pantalones de chándal negros que llevaba puestos desde hacía tres días.

—No sé por qué —dijo Rock—, pero son jodidamente sexis.

Se quitó el caftán con un solo brazo, y dudo que ningún hombre haya estado jamás tan bueno llevando solo una escayola y una sonrisa.

Sus anchos hombros daban paso a unos bíceps marcados que solían lucirse bajo una camiseta blanca ajustada, pero que llevaban ocultos bajo el caftán desde el área de servicio.

Era fácil olvidar que detrás de su carácter afable se escondía un tío buenísimo, pero ahora resultaba imposible. Mi mirada recorrió sus pectorales esculpidos, bajó por sus abdominales marcados hasta la polla perfecta que asomaba entre sus muslos.

Mi coño palpitó de anticipación.

Cuando por fin le miré a la cara, lucía una sonrisa de suficiencia, como si supiera exactamente lo que había estado pensando.

—¿Ves algo que te guste, gatita?

—Que no se te suba a la cabeza —dije.

Su sonrisa se ensanchó. —Demasiado tarde.

—Mucho bla bla y poco follar —dijo Oscar, cogiéndome de la mano y tirando de mí hacia la ducha.

Ni siquiera intenté resistirme. Estaba más que lista para estar mojada y desnuda con los dos.

Oscar me puso primero bajo el chorro de agua, dejando que me empapara el pelo y el cuerpo, calentándome, antes de ponerse él bajo el agua de modo que yo quedara entre los dos.

Me atrajo contra su cuerpo mojado y sentí su polla dura contra mi estómago, el piercing plateado del glande acariciándome la piel sobre el ombligo.

Rock se puso detrás de mí, apretando su cuerpo musculoso contra mi espalda mientras Oscar me cogía la cara entre las manos y me daba un beso abrasador.

Me dejé llevar, gimiendo mientras me abría los labios con la lengua, su lengua enredándose con la mía.

El brazo de Rock me rodeó la cintura y su manaza me ahuecó las tetas. Me provocó el pezón erecto con los dedos mientras Oscar profundizaba el beso, y una descarga de deseo me atravesó hasta el coño.

Gemí y Oscar interrumpió el beso con una risa grave.

—El agua no es lo único que está caliente —le dijo Oscar a Rock por encima de mi hombro—. Creo que nuestra tigresa está lista para nosotros.

—Me gusta cómo suena eso —dijo Rock, con el aliento como un susurro contra mi cuello que me puso los pezones aún más duros—. Quizá debería comprobarlo.

Su mano me rozó el vientre y se deslizó entre mis muslos.

Jadeé cuando me acarició los labios hinchados, rozándome el clítoris antes de meterme dos dedos.

—Joder —murmuró Rock contra mi hombro—. No bromeabas. Está lista.

—¿Es verdad, tigresa? —preguntó Oscar—. ¿Quieres correrte?

—Sí. —Apenas pude pronunciar la palabra. Rock me estaba follando con los dedos, con la polla apretada contra mi culo. Entre eso y Oscar pegado a mí por delante, con su polla con piercing a centímetros de mi coño hambriento, ya estaba al borde.

—Dilo —dijo Oscar—. Dinos que quieres correrte.

Rock me trazaba círculos alrededor del clítoris hinchado mientras sus dedos se hundían en mi coño, con un placer tan intenso que casi no podía hablar.

—Quiero correrme —jadeé, sintiendo la promesa del orgasmo crecer en mi interior.

Oscar me miró fijamente, con los ojos marrones brillando de deseo. Me pasó el pulgar por los labios. —¿Por qué no lo dijiste antes?

Rock sacó los dedos y me hizo retroceder unos pasos en la ducha, en una especie de baile instintivo que dejó a Oscar espacio suficiente para arrodillarse a mis pies.

La nueva posición hizo que me salpicara más agua por delante y me acordé del brazo roto de Rock.

—Que no se te moje la escayola —ordené mientras Oscar me abría los muslos.

Rock se rio detrás de mí. —Vas a tener que currártelo más, Drago. Está pensando en mi escayola.

—Eso no puede ser —dijo Oscar, pasándome el pulgar por el coño—. No quiero que pienses en nada que no sea correrte.

Me pasó la lengua por la raja y le enredé los dedos en el pelo oscuro, mojado por la ducha, dejándole claro que quería más de eso .

Rock fue besándome el hombro y subió por el cuello.

Me chupó la piel sensible y me pellizcó un pezón entre los dedos, restregando su polla contra mi culo mientras Oscar hundía la cara en mi coño, con la lengua recorriéndome el sexo y lamiéndome el clítoris como un animal sediento que acaba de encontrar un oasis.

Un orgasmo descomunal empezó a formarse en mi interior, acelerado por la presión de la polla de Rock contra mi culo y la promesa de lo que aún estaba por llegar.

Con énfasis en llegar .

Oscar pareció notarlo. Aceleró el ritmo y me metió dos dedos, atacando el clítoris con la boca.

—Joder, sí —murmuró Rock detrás de mí.

Me frotaba contra la cara de Oscar, enloquecida de deseo, mientras el vaivén de mis caderas acariciaba la polla de Rock.

El clímax estaba tan cerca que casi podía tocarlo. Cerré los ojos y me lancé hacia el abismo.

—Me pones tan jodidamente duro, gatita —dijo Rock junto a mi oído—. No puedo esperar a estar enterrado en tu delicioso culo. Voy a follártelo tan fuerte mientras Drago se folla tu dulce coñito.

Sus palabras, murmuradas junto a mi oído mientras su polla se deslizaba entre mis nalgas, con la boca de Oscar obrando su magia en mi coño, me hicieron estallar.

Me corrí con fuerza. Mis gritos resonaron en las paredes de azulejos y mi cuerpo se estremeció mientras el orgasmo me inundaba.

—Eso es —animó Rock—. Córrete en su cara, gatita.

Oscar no dejó de lamerme hasta que mi cuerpo se quedó quieto.

Aún jadeaba, intentando recuperar el aliento, cuando él se puso de pie.

Me miró con adoración pura.

—No hay nada más excitante que hacerte correr con mi boca. Me encanta.

Me besó largo y lento, y cada caricia de su lengua avivaba las brasas que aún ardían en mi centro.

Me agarró de las caderas y me levantó del suelo de la ducha. Le rodeé las caderas con las piernas para montarlo a horcajadas. La punta de su polla presionaba contra la entrada de mi coño mientras su lengua recorría mi boca.

Detrás de mí, Rock se acercó más, con la gruesa cabeza de su polla apoyada contra mi culo.

Rompí el beso con Oscar.

—¿Lubricante?

—Listo —dijo Rock mientras su brazo bueno guiaba su polla suavemente hacia dentro—. ¿Acaso no sabes ya que nunca te haríamos daño, gatita?

—Solo queremos hacerte sentir bien —dijo Oscar. Tenía las manos ocupadas sosteniendo el peso de mi cuerpo, pero eso no le impidió meter su polla con piercing dentro de mí—. Así.

Gemí cuando el piercing de la base rozó mi clítoris y Rock se hundió más profundo en mi culo.

—¿Te gusta, tigresa? —animó Oscar, saliendo de mí y volviendo a embestir—. ¿Te gusta sentir cómo te follamos a la vez?

—Sí —dije con los brazos rodeándole el cuello a Oscar, usándolo de palanca para moverme con ellos.

—Eres tan jodidamente hermosa —murmuró Oscar, e inclinó la cabeza para besarme de nuevo.

—Dame un poco de esa dulzura —dijo Rock mientras me besaba el cuello.

Rompí el beso con Oscar y giré la cabeza para encontrar la boca de Rock en un ángulo que habría sido incómodo de no ser por el infierno que ardía en mi cuerpo.

Su lengua chocó con la mía mientras se hundía hasta el fondo de mi culo.

Gemí en su boca mientras me hundía por completo en sus pollas, que me llenaban por todos lados, con el piercing de Oscar masajeándome el clítoris.

—Joder, sí —dijo Oscar—. Se acaba de poner más húmeda. Le gusta cómo le follas el culo.

—O quizá solo le gusta cómo follas nuestro coño —le dijo Rock a Oscar antes de susurrar junto a mi cuello—. Porque es nuestro coño, ¿verdad, gatita? Nos pertenece ahora.

—¡Sí! —jadeé mientras rebotaba sobre sus pollas, con el cuerpo entregado a su ansia de liberación.

Se desató en mi centro, despacio al principio y luego de golpe, una explosión en lo más profundo de mi cuerpo que estalló como un cartucho de dinamita.

La luz estalló tras mis ojos mientras una retahíla de palabras sucias brotaba de mi boca y me mecía contra la polla de Oscar.

Ellos venían justo detrás.

—Jodeeeeer —dijo Oscar.

—Tan jodidamente bueno —dijo Rock mientras me llenaba el culo una y otra vez hasta correrse con un largo gemido.

Cuando terminó, estaba desplomada sobre el cuerpo de Oscar, peso muerto en sus brazos, mientras Rock me besaba la espalda de un hombro a otro.

—Me gusta que sepas que eres nuestra —murmuró Rock.

La mirada de Oscar se clavó ardiente en la mía.

—Y nosotros somos tuyos. Siempre.

No tenía ni idea de lo que deparaba el futuro, pero eso lo sentía como cierto.