Capítulo 17
Oscar
A brí el teléfono por puro reflejo, con la intención de mirar los mensajes, antes de acordarme de que era un móvil desechable.
Nadie tenía el número, así que lo cerré y lo dejé en la consola del Mercedes.
Eché un vistazo a la casa del decano Giordana, preguntándome qué tal les iría a su viuda y a Willa, y luego miré a Rock, que seguía en el asiento trasero.
Era evidente que algo le reconcomía. Daba igual que hubiera intentado mantener su buen humor de siempre. Era mi hermano, lo era desde que nos enfrentamos juntos a Roberto, el coco de nuestra infancia, con Neo.
—¿Me vas a contar qué te reconcome? —pregunté.
Casi intentó tomarme el pelo. Lo vi en cómo sonrió y abrió la boca para soltar alguna gilipollada que quitara hierro al asunto.
Pero un segundo después se le cayó la máscara.
—No le veo el sentido.
—El sentido es que, hasta que no te desahogues, vas a ir por ahí como la Parca con una de esas narices rojas de payaso.
—¿De qué coño estás hablando? —preguntó.
—Es evidente que algo te preocupa. Puedes intentar disimularlo cocinando y con una sonrisa boba, pero cualquiera que te conozca lo ve de lejos. Y todos te conocemos, hasta Willa.
No estaba seguro de haber sido consciente de lo cierto que era hasta que lo dije.
Willa llevaba solo cuatro meses viviendo con nosotros y parecía conocernos tan bien como nos conocíamos entre nosotros.
Puede que no le hubiera dicho nada a Rock sobre su humor extraño, pero no me cabía duda de que ella también sabía que algo pasaba.
—La cagué —dijo Rock—. No tiene sentido hablar de ello porque ya está hecho.
—¿Estamos hablando de una cagada que desconozco o de una de la que ya hemos hablado? —pregunté.
—Estamos hablando de la cagada en la que casi consigo que maten a Willa —dijo.
—Sigo sin saber de qué hablas. —Normalmente me habría molestado la conversación críptica, pero con Willa hablando con la señora Giordana, casi agradecía la distracción.
Rock miró por la ventana.
—Estaba conmigo cuando esos imbéciles nos echaron de la carretera. Tuvo que disparar mientras yo conducía, joder.
—¿Les disparó? —Recordé el juego número dos, cómo había tenido todas las razones del mundo para herir a Connor, el puto traidor que había trabajado con Zachary Walsh para acosarla, y aun así no había sido capaz.
—No tuvo muchas opciones conmigo al volante —dijo Rock—.
La cuestión es que no debería haber tenido que disparar en absoluto.
Si la hubiera protegido, no habríamos acabado en esa situación y nunca habría terminado en el hospital.
—Hizo una pausa, pero sentí que había algo más que quería decir, y unos segundos después lo dijo, tan bajo que casi no lo oí—. Podría haber muerto.
Entendía lo difícil que era pronunciar esas palabras, incluso pensarlas.
Joder, me entraban ganas de salir a arrasar con todo solo con oír a Rock decirlas.
Ninguno de nosotros quería pensar en la posibilidad de que nos arrebataran a Willa.
Porque un mundo sin los brillantes ojos verdes de Willa Russo, su sonrisa irónica y su sentido del humor mordaz no merecía la pena.
Todos sabíamos que se iría cuando descubriéramos qué le había pasado a Emma, pero la queríamos ahí fuera, viviendo su vida, iluminando el mundo como había iluminado el nuestro.
—Todo eso es cierto, pero no veo que nada de eso sea culpa tuya —dije.
—Estaba bajo mi cuidado, mi protección. Sé que no tengo el rollo machote de Neo ni ese aire de malote misterioso que tienes tú, pero siempre había creído que cuando llegara el momento, sería capaz de protegerla —dijo—. Estaba jodidamente equivocado.
—Siguiendo esa lógica, todos la hemos cagado. —Era difícil de decir porque era cierto. Me perseguía en sueños—. Willa casi muere en la cabaña, luego esos imbéciles entraron en la casa y estuvieron literalmente a segundos de echarle el guante.
—Exactamente —dijo—. Todos somos unos inútiles cuidándola, pero yo soy el único que de verdad la mandó al hospital.
—¿Por eso has estado de morros los últimos dos días? —pregunté.
Pareció ofendido.
—No lo llamaría estar de morros.
—¿Cómo lo llamarías?
Tardó tanto en responder que supe que había dado en el clavo.
—¿Taciturno? ¿De una manera atractiva?
—Si eso te hace sentir mejor —dije—. Da igual cómo lo llames.
La cuestión es que el único culpable aquí es Roberto.
Eso es lo que le dijimos a Willa cuando se sintió culpable por lo del faro, porque era verdad.
Hemos mantenido a Willa viva hasta ahora, situaciones límite aparte, y aunque me cueste horrores decirlo en voz alta, no estoy seguro de que eso fuera cierto si hubiera estado con cualquier otro.
—En eso tienes razón —dijo Rock.
—Bien —dije—. Así que deja de darle vueltas . Y la próxima vez que algo te coma la cabeza, suéltalo, joder. No tienes por qué cargar con esta mierda solo cuando nos tienes a nosotros.
Asintió.
—Tienes razón. No sé por qué me estaba comportando como un imbécil, como si tuviera algo que demostrar. Creo que este puñetero vestido me está sacando la masculinidad tóxica.
Le puse una mano en el hombro y lo miré fijamente a los ojos.
—No es un vestido, ¿recuerdas? Es un…
Levantó una mano para detenerme.
—Ni se te ocurra, joder.