Reyes y Masacre (Universidad Aventine nº 3) Capítulo 15
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Capítulo 15

Neo

V olví atravesando el centro comercial con la intención de ir directo al coche y regresar a la casa cuanto antes. Sabía que Willa estaba a salvo con Rock y Drago, pero no me quedaría tranquilo hasta verla con mis propios ojos.

Miraba sin ver los escaparates mientras pasaba, hasta que llegué a una tienda con maniquíes en poses sugerentes vestidos con todo tipo de lencería.

Entré en la tienda. Willa merecía tener cosas bonitas, incluso estando escondidos, y me apetecía comprarle algo.

Como si de verdad fuera mía.

Una parada se convirtió en varias, porque si no podía permitir que Willa llevara ropa interior barata de gasolinera, tampoco podía permitir que llevara ropa barata de gasolinera, aunque estaba jodidamente mona con la camiseta diminuta (gracias, Drago) y las gafas de sol con forma de corazón, sin nada más que sus bragas del martes.

Luego —joder— me dio pena Rock y sus pelotas irritadas, así que paré a comprarle algunas cosas, y como no quería ser un completo imbécil (¿por qué coño no quería ser un completo imbécil?), también le compré algo a Drago.

Iba saliendo del centro comercial, con la cartera bastante más ligera que al entrar, cuando vi un montón de diamantes cegadores reluciendo en el escaparate de una joyería.

Me paré sin pensar, atraído por el brillo de los pendientes, collares y pulseras, hasta que mi mirada se posó en los anillos.

Entré en la tienda como un extraterrestre que acabara de aterrizar en un planeta nuevo. Mi madre se había ido cuando yo era un crío, y comprarle joyas a una chica con la que estaba saliendo habría mandado todos los mensajes equivocados.

Básicamente, en mi puta vida había pisado una joyería. Y ahora estaba aquí, sintiéndome extrañamente nervioso.

¿Pero qué cojones?

Se me acercó un hombre mayor trajeado, con el pelo canoso casi blanco bajo las brillantes luces fluorescentes.

—Buenas tardes —dijo—. ¿Busca algo especial hoy?

Cambié el peso de un pie a otro, nervioso, y luego le clavé la mirada porque yo no solía ponerme nervioso y no iba a empezar ahora.

—¿Dónde tienen los anillos?