Reyes Olvidados (Herederos del Fuego Eterno 1) CAPÍTULO 44. LAS ENTRAÑAS DEL TIEMPO #2
96%

CAPÍTULO 44. LAS ENTRAÑAS DEL TIEMPO #2

En las paredes más alejadas notaron varios estandartes destrozados, sin escudo visible.

Tuvieron la suerte de encontrar uno completo, justo a la altura del trono.

Una tela roja, dos dragones —uno dorado y otro negro— danzando un baile circular eterno, rodeando la corona de doce puntas y la cruz de tres barras transversales.

El lema, bordado en la parte inferior con caligrafía cursiva perfectamente legible, decía:

—El dragón batió las alas, y la tierra se cubrió en la noche eterna —leyó Nelysia.

Surghen se quedó inmóvil. Consternado por ese mensaje. «Sus alas extintas ahora baten con fuerza y presagian su regreso para reclamar lo que les arrebataron», pensó. El Rey comenzó a temblar. Se retiró del lugar apresuradamente. Quería olvidar ese estandarte, pero se arraigó en su subconsciente.

—Ya concluimos esta sala. Sigamos explorando —ordenó.

Los hombres se dirigieron a las puertas y salieron al pasillo por el que habían llegado. Surghen continuó la ruta. Seguía buscando la biblioteca.

En el pasillo, la niebla volvió a condensarse.

Con cada paso, la nube de polvo se hacía más gruesa, y las antorchas iluminaban menos.

No porque se apagaran, sino porque el polvo bloqueaba la luz.

Cuando llegaron a la siguiente pared, ya no se veían los unos a los otros.

Neryss tomó la mano de Nelysia y siguieron al Rey.

La comandante usó su arco como guía, golpeando el suelo para saber por dónde caminaban.

El piso estaba totalmente liso, extremadamente pulido. Las goteras se habían filtrado entre las piedras del techo y recorrían una larga caída hasta formar charcos. En el abandono de Vaer-Morrak, esas goteras pronto inundarían el lugar.

Llegaron a la siguiente puerta. Surghen la abrió para conocer el recinto en el que se estaba metiendo. Para su suerte, era la anhelada biblioteca.

El Rey tomó unos cuantos lápices y palos de los atriles, los encendió y con eso prendió algunas velas.

Iluminaron poco, y por poco tiempo. Neryss se encargó de la antorcha y recorrió la habitación con una mano en la pared.

No buscaba nada, pero no quería perderse.

Tropezó con varios esqueletos roídos, y algunas ratas escaparon al escucharla.

No sintió miedo, pero el asco fue demasiado. Vomitó.

Mientras tanto, Surghen y Nelysia agarraron montones de papeles. Se sentaron en el suelo y comenzaron a leerlos. Nelysia desenrolló el primero: un papel dorado y polvoriento, con el texto a medio borrarse.

Se dice que el Gran Castillo de Vaeryndar lo construyeron los dragones para los elfos. Para el primer rey: Vaeryndar el Silente. Las leyendas afirman que los dragones son más antiguos que la tierra misma. Yo… solamente soy un jovencísimo elfo en comparación con el más joven de ellos.

Ellos son fascinantes. Las criaturas más sabias que he conocido jamás. Su conocimiento en arte, arquitectura, filosofía, lengua y magia es infinito. Y son muy cuidadosos con quienes comparten esa información.

En mis doscientos años de vida he convivido con ellos. He hecho infinidad de viajes al norte. He visitado sus castillos y sus santuarios. Pero nunca he visto a Zarakhël. Los rumores dicen que es más viejo que las montañas que habita. Otros dicen que ya murió. Mentirosos. Los dragones no mueren.

Después de la primera dinastía, yo estoy en el trono de Vaeryndar.

Durante los últimos cincuenta años ya no he viajado.

No puedo. Me paso mis días encerrado en esta biblioteca, escudriñando su contenido.

Ya me rendí. Ya sé lo que necesito. El tiempo pasa fugazmente, pero es aburrido siempre hacer lo mismo.

Eso lo hará mi heredero. Aprender todo lo que estas paredes ocultan me tomaría otros diez mil años. Y ya no puedo. Estoy harto.

Precisamente aquel papel no decía nada que realmente le interesase a Nelysia. No entendía la mayor parte de lo que se decía.

«¿Sarakel? —ni siquiera pudo pronunciar el nombre en su mente—. ¿Vaeryndar?» Cerró el papel, lo guardó en la alforja y abrió otro del montón.

Manual básico para invocaciones mágicas

La magia es un antiquísimo arte. Fueron los dragones quienes la descubrieron. Se trata de desvelar lo más arcaico de este mundo. Denotar su verdadera naturaleza.

Algunos de mis primeros estudiantes piensan que este tipo de actividades son similares a la escritura o a la música. Sin embargo, ese es un error bastante común y muy fácil de corregir.

El hacer magia implica un desgaste físico y mental. Algunos dicen que únicamente Zarakhël puede hacer magia sin cansarse. Es de esperarse. Él es la inmortalidad en la tierra.

Regresando al tema: se requiere un gasto físico y mental. Entiéndase como un gasto de energía. Pero, así como se pierde energía, también se puede recuperar. Yo sostengo que la mejor forma de hacerlo es reposar tu cuerpo. Tal vez sea un día o dos, pero finalmente despertarás.

A continuación, te presento formas de invocar aspectos básicos de la vida de cualquier elfo:

Invoca el agua–––––––––––––––––––––I philäenä ednithaen

Invoca el fuego–––––––––––––––––––I philiethnä ednithaen

Sella este artefacto–––––––––––––––––––Fed jofinoelë daen

Rompe el sello de este objeto––––––––––––––Ar fed jofinoelë i durunileä Olnothinaen

Pergamino–––––––––––––––––––––––––––––––––Vimnilinä

Espada––––––––––––––––––––––––––––––––––––Súlurenë

Mantén este objeto en su lugar––––––––––Silmên ur veynar zulneth

Mis pensamientos ocultos quedan–––––Rûn akareth shael durn

Toda invocación puede generar grandes gastos de energía y, en casos extremos, puede provocar la muerte.

Las dos razones principales por las que esto sucede son: el exceso de tiempo y el intento de invocar algo demasiado elaborado. Cuando esto ocurre, el cuerpo se debilita. El invocador desfallece. Puede desmayarse o morir en ese momento.

Durante generaciones, muchos estudiantes llevaron sus capacidades al límite. Se asustaron y torpemente intentaron detener las invocaciones. Para hacerlo —para detener el gasto energético— decimos:

Zaralithï lyn-i fyn lathlaen.

De esta forma, la invocación se detendrá y los efectos desaparecerán.

Además, para que una invocación funcione, debes estar en contacto con aquello con lo que deseas manifestar la magia. Se me olvidaba, si aplicas magia a un objeto, mientras más te alejes, más energía requerirás para solventar dicha magia.

Ese papel le pareció verdaderamente interesante a Nelysia y, para Surghen, tremendamente útil.

«Una guía para iniciarse en la magia… pero si no estoy en contacto con algo y pronuncio la invocación, ¿perderé energía? Si invoco algo, ¿cuánto tiempo pasará hasta que la magia me mate?», pensó la escudera.

—Aparentemente, hay una lengua antigua denominada Fynäel —dijo Surghen—. Al parecer, era la lengua de los Dragones. Una lengua que Zarakhël instauró, y que los elfos, después de su primera dinastía, adoptaron.

Nelysia pensó en contarle sobre el papel que leyó, pero se abstuvo.

—Hay que continuar —ordenó el Rey—. Nos llevaremos los papeles que agarramos. Guarda todo.

Nelysia se levantó y guardó los textos en la alforja. Algunos eran totalmente desconocidos, otros estaban repetidos y otros ya se habían leído. Neryss los alcanzó más tarde. Salieron de la biblioteca.

Surghen sintió una profunda satisfacción. Se sintió realizado.

Giraron hacia la izquierda y bajaron unas escaleras hasta un salón aparentemente vacío.

Unas cuantas vigas de madera soportaban el peso de un techo bajo, en comparación con el resto de las ruinas.

La niebla comenzaba a disiparse. Las paredes estaban vacías y lisas.

La oscuridad era absoluta, excepto por un pequeño haz de luz que se asomaba desde el fondo de la estancia.

A Surghen le pareció ver una sombra: un ala de dragón que iba de derecha a izquierda. La misma que había visto asomarse por el huevo en aquel sueño. «¿Qué carajos estoy haciendo aquí?», se preguntó por un momento, tiritando del miedo.