Reyes Olvidados (Herederos del Fuego Eterno 1) CAPÍTULO 43. EL SUSURRO DE LAS RUINAS #2
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CAPÍTULO 43. EL SUSURRO DE LAS RUINAS #2

«Por lo menos sé que está vivo», pensó. Aquello era lo que más le preocupaba, pero tampoco tenía manera de disponer más ejército en el frente velmyriano. Su mente estaba concentrada en las ruinas sureñas. Después de leer aquello, rezó para que Vel'Anareth decidiera no atacar todavía.

—Esta audiencia la arreglé porque quiero emprender una expedición a las ruinas de Vaer-Morrak, cerca de Selgor —dijo.

—Eso puede esperar —dijo Kaelen—. Ahora hay cosas más importantes en las que enfocar la atención, antes de ir a lugares antiguos.

—Kaelen tiene razón —apoyó Selthar—. A mi parecer, debemos mantener vigilado el frente fyrtano. Los movimientos de Aelwîn me preocupan.

—Fyrtim está, de momento, asegurado —respondió el Rey—. Tenemos a la Ciudad del Hierro rodeada por varios frentes, y Brelwaith tiene amenaza de muerte. Los fyrtanos no atacarán en un tiempo.

—¿Qué hay del comandante supremo? —preguntó Raghor—. En su carta menciona que está carente de tropas.

—Tú me dirás, ¿cuántos soldados tiene el Bastión? ¿Cuántos efectivos quedan de la Legión?

Raghor dudó y no respondió. No conocía la cifra exacta.

—La campaña de Brelwaith nos dejó muy mermados. No tenemos forma de enviar soldados —concluyó el Rey.

—Sigo sin entender, ¿por qué quiere viajar a Vaer-Morrak? —preguntó Kaelen.

—Tal vez haya información ahí dentro que nos permita ganar la guerra —respondió—. Una guerra no se gana solo con espadas y ejércitos. ¿De qué sirve conquistar el mundo si seguimos siendo ignorantes sobre lo que pasa en él?

—Tenemos todo el conocimiento en las bibliotecas de la Madre Patria —replicó el general.

—No todo —contestó Surghen—. Te aseguro que no sabemos nada sobre la historia de este mundo.

—La historia la creamos nosotros.

—No —le espetó—. La historia humana: esa sí la creamos nosotros.

Antes de comenzar la guerra, por órdenes de Tyrnium, recorrí las ruinas y encontré una biblioteca abandonada pero intacta, llena de papeles y documentos que datan del Primer Alzamiento.

La mayoría de los que saqué no estaban escritos por humanos.

—¿Supone que existen más razas? —inquirió Kaelen con un tono burlón.

—Sí —dijo fríamente—. Pienso que esas ruinas pueden contener más información de la que hemos recopilado en nuestra historia. Sospecho que pueden haber escritos de antes de la llegada de los humanos al continente. Si es así, entonces alguien más las escribió. Alguien que no es humano.

—Creo que lo que está diciendo sobre las ruinas es un completo disparate —dijo Kaelen, con una risa breve—. Lo digo con todo respeto, Su Alteza. Perderá su tiempo recorriendo ese lugar.

—Es por eso por lo que no planeo hacer una expedición muy elaborada —argumentó Surghen—. Como mucho, irá una escuadra de soldados, aparte de mineros y anticuarios. Solamente entraremos, revisaremos y regresaremos. Lo tardado serán los viajes.

—No estoy convencido de que esto sea necesario, y mucho menos en estos tiempos de guerra. Propongo someterlo a votación.

Neryss y Surghen apoyaron la idea, mientras que Selthar y Kaelen la rechazaron tajantemente. Raghor se abstuvo de votar. No quiso emitir una opinión apresurada.

—De acuerdo —dijo Surghen—. Kaelen, Raghor y Selthar se quedarán aquí y controlarán la guerra. Neryss, Sul’Zareth, yo y otros hombres iremos a las ruinas.

—Mi señor, rechazamos la propuesta —reclamó Kaelen.

—General, guarda silencio, por favor —Surghen se llevó un dedo a la boca.

La audiencia terminó. Al salir de la sala, Surghen vio a varios albañiles y canteros bajar del torreón principal.

Llevaban herramientas, vigas de madera, telas, vidrios, entre otras cosas.

El Rey se sorprendió y decidió investigar.

Subió las escaleras hasta un piso previo a su dormitorio.

Ahí estaba Naeryn, revisando la construcción de una nueva habitación.

Estaban levantando una base de cama, habían retirado los cortinajes y colocaban nuevas ventanas.

—Nelysia será princesa —dijo ella al notar a Surghen—. Y esta será su habitación.

—Saldré mañana. Iré al sur de nuevo.

Naeryn no respondió. Siguió discutiendo algunos detalles con el Maestro Cantero.

Surghen salió de ahí y subió otro tramo de escaleras hasta su dormitorio. Abrió los cortinajes para dejar entrar la luz. Se vistió con un jubón tinto medianamente endurecido, se colocó una capa negra con capucha y se colgó la espada a la espalda. Bajó de nuevo y salió del castillo.

En el exterior se encontró con Kaelen, quien desamarraba su montura y se disponía a salir hacia el Bastión.

—Te lo dije en Dorlak, pero ahora te lo vuelvo a decir aquí —le advirtió Surghen—. Naeryn es la Dama Regente. Su palabra es ley. Cualquier cosa que le suceda, tú, Selthar y Raghor serán los responsables. Y serán criminales.