Reyes Olvidados (Herederos del Fuego Eterno 1) CAPÍTULO 12. CUANDO LA MAREA SE ALZA #3
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CAPÍTULO 12. CUANDO LA MAREA SE ALZA #3

—Entonces esta guerra es de interés mutuo —Maerdrik le dio un trago al alcohol.

—El gasto es para nuestra nación, no pienso mantener a sus soldados —Varion Calveris rellenó su copa.

—Créame comandante, con nuestro apoyo, Drakareth solamente tendrá que deponer las armas. Tyrnium Valdyran es viejo, ya no tiene la inteligencia ni el dinero para librar una batalla en dos frentes.

—Su Alteza Maltherion tendría que mantenerlos. Y Velmyria tampoco tiene dinero para la manutención de sus fyrtanos.

—Nos iremos. En cuanto haya paz entre Fyrtim y Drakareth, retiraré a mis hombres de sus tierras. Pero si la guerra se extiende hasta Vel’Anareth, agradecerá que mis fyrtanos los apoyen en el campo de batalla.

—No está entendiendo, ¿verdad? El problema no es por el número de tropas sino por la inversión de dinero que cada soldado ocupa.

—Enviaré un halcón a Aelwîn. Estoy seguro de que tanto el general Caerlan como Aerymar Thalanor cooperarán económicamente para solventar esta guerra.

—Un sirviente entró y dejó otra botella de ron y volvió a salir—.

Durante esta década, Drakareth ha avanzado militarmente: fortalecieron todas sus ciudades, aumentaron el grosor de su ejército y rescataron a su mayor comandante, el cual ya es más experimentado.

Varion Calveris tomó una aceituna, se levantó de la mesa y se dirigió a una ventana que daba al bosque y al desierto; el paisaje era claro, no había nada hacia el norte de Velmyria; muy allá al fondo se podía notar Vaerenhold, que se difuminaba en la lejanía.

Muchas aves volaban de un lado a otro y los animales de pastoreo grandes que se alcanzaban a ver estaban libres.

—General Maerdrik, usted tiene razón. Fue Lorem Valtrakar quien extinguió a mis velmyrianos de las ruinas que por derecho le pertenecen a Valmyrien y tendrá que ser él quien muera en estas tierras si decide atacar de nuevo.

El fyrtano se levantó también de la mesa y caminó hacia la misma ventana.

—Velmyria brindará apoyo logístico para su guerra en el norte y aceptará su apoyo militar en caso de que la guerra se extienda en el sur.

Instalaremos vigías en el puerto, incrementaremos la seguridad en Port Velyr y Vel’Anareth, y reiniciaremos el bloqueo a Drakareth.

—dijo el velmyriano alzando su copa—. ¡Por la paz entre nuestras naciones y por la caída de Drakareth!

—¡Por la paz entre nuestras naciones y por la caída de Drakareth! —Maerdrik alzó también la copa. Su objetivo estaba hecho, había una alianza entre velmyrianos y fyrtanos.

***

Mucha calma. Algo sospechoso. Hubo una calma desproporcional en todo el cruce del Lysarneth.

Edrion, Aldren y los demás hombres que lo acompañaban, junto con las embarcaciones, habían cruzado por fin la desembocadura del río Varkhûn.

Tuvieron mucha suerte que Kaelrith no se percatara de los barcos fyrtanos; ahora estaban en el anonimato, nadie los podía ver hasta que llegaran al Karneth.

A partir de ahí, habría comenzado ya la guerra.

La corriente del río era fuerte e iba en contra.

Los capitanes de los barcos ordenaron arriar velas y sacar los remos; el viento soplaba en contra y la corriente los empujaba contra las rocas.

Edrion tuvo que controlarse para no vomitar por las constantes embestidas del agua contra los barcos.

Fue por esta misma razón que durante el día no pudieron avanzar mucho.

Para cuando cayó la tarde, apenas habían logrado recorrer poco más de veinte millas por el río.

La mayoría de los soldados estaban nerviosos, esa situación era agravante. «No saldremos de esta guerra si llevamos a cabo este ataque», pensó Edrion. No lo quería admitir, pero tenía miedo a pesar de que no debía.

Los días siguieron pasando, detrás de una cortina de temor ante la intrusión en territorio enemigo.

Los fyrtanos ya se habían acostumbrado a las violentas aguas del río Varkhûn cuando, veinte días después, tocaron tierra en la ribera del Karneth, y con Velgorad a la vista.

La luna se elevaba por encima de ellos y grandes conjuntos de estrellas en una singular nube la acompañaban.

Las puertas de las naves se abrieron y dejaron bajar a todos los soldados que tan pronto tocaron tierra comenzaron a levantar un campamento.

En esta ocasión era más tardado, debían construir máquinas de asedio, escaleras, catapultas...

todo lo que hiciera falta. Estaban rezando para que los guardias de Velgorad no se percataran de ellos.

Tanto Aldren como Edrion estaban apurando a sus soldados para terminar las construcciones, incluso los generales y los altos mandos se encontraban ayudando.

La noche caía y el nuevo sol, ahora drakariano, comenzaba a salir y a iluminar la tierra. Las máquinas estaban listas, grandes montículos de tierra los escondían y las trincheras eran profundas. Las carpas iban en toda la ribera.

Cuernos de guerra y campanazos. Eso fue lo que sonó por parte de Velgorad.

Los habían notado, pero ya no había marcha atrás.

Edrion pensaba que la toma de Velgorad sería rápida, pues la ciudad no contaba con ejército, pero se equivocó.

Fue su más grande equivocación. Aún con los cuernos de guerra sonando, Velgorad no abrió sus puertas ni hizo nada, pero estaban al tanto de los fyrtanos, por lo que atacarían al primer movimiento.

Eso no solo lo sabía Edrion, lo sabían todos.

Con una sola orden, el ejército fyrtano comenzó a avanzar hacia los grandes muros de Velgorad.