122. El largo y caluroso verano
EL LARGO Y CALUROSO VERANO
Aoife
Ayer lo vi otra vez.
Saliendo del pabellón de la asociación de hurling, cuando iba en coche del trabajo a casa.
Por supuesto, me equivoqué. No era Joey, tan solo un chaval alto con la capucha subida y un hurley en la mano. Pero hice como si fuera él. Por una fracción de segundo, me imaginé que él aún estaba aquí y que yo no estaba completamente sola.
Me había entrado la depresión enseguida después de eso, y me habría comido la mitad de mi peso en patatas de queso y cebolla antes de desmayarme en la cama, con el álbum de recortes que había pasado todo el verano haciendo.
No estaba del todo segura de si era un pasatiempo sano el que había empezado, pero me daba un consuelo inconmensurable, así que ahí estaba.
Cuando desperté esa mañana, el álbum de recortes fue lo primero que cogí. Era como mi mantita personal, llena de seis años de recuerdos con Joey Lynch.
Cada fotografía, cada noche perfecta de verano, cada pelea a gritos horrible, todo lo que yo era desde los doce años hasta aquel momento exacto incluía a Joey. Giraba en torno a nuestra relación y a cómo me hacía sentir.
Los ojos se me fueron a una foto que tomamos cuando cumplí los dieciocho años. Me quedé mirando a los dos adolescentes saludables que me sonreían. Era como si hubiesen pasado millones de años, pero me acordaba de ese instante, de los sentimientos en mi corazón en ese preciso momento.
—Este es tu papi —dije, acariciándome la barriga, que no dejaba de crecer, mientras me sentaba con las piernas cruzadas en mi cama, y pasé la página.
La primera vez que le había hablado a mi barriga fue justo después de que Joey se marchara al centro de desintoxicación y me sentí estúpida. Pero ahora me parecía tan natural como respirar. Todo el día, todos los días, charlaba con mi pequeño intruso.
Llevar al bebé de Joey dentro de mí era como tener todavía una parte de él conmigo.
«Como si hablara con él».
—¿Ves? —Recorrí la fotografía con el dedo—.
Ese es tu papá con la copa de los ganadores en tercero.
Fue el capitán del equipo de hurling ese año, y era el mejor en el campo.
Y ese es el tío Podge a su lado, y justo detrás con la camiseta en la cabeza está el tío Al.
Es un poco inestable, pero lo queremos de todas maneras.
—La vista se me fue a Paul, que también estaba en la foto del equipo, y puse una mueca—.
Y ese tipo de ahí es el primer novio de mamá.
A papi le gusta llamarlo el capullo de Paul.
Un extraño escalofrío me recorrió cuando el bebé se retorció e hizo que se moviera mi pobre estómago estirado.
—Tranquilo, pequeño hurler —lo calmé, acariciando la parte del estómago donde notaba más presión—. Tu pobre mamá no necesita más estrías, ¿vale? Así que quédate quietecito.