108. Reina de corazones
REINA DE CORAZONES
Aoife
Reina:
Te quiero decir muchísimas cosas. Me quiero disculpar por muchísimas cosas.
Sé que al escribir esto parezco un cobarde, y tienes toda la razón.
Soy un cobarde, siempre he sido débil en lo referente a ti.
Pero eso ya se ha acabado. No voy a arrastrarte ni un día más.
Me niego. Además, ya he hecho más que suficiente esa mierda en esta vida.
Anoche hablé con mi padre, de todo un poco.
Dijo cosas muy razonables, un montón de mierda que a mí me sonó sincera.
Me dijo que la única manera que tengo de romper el ciclo es dejándote a ti y al bebé antes de destrozaros.
Por primera vez en mi vida, siento que me ha dado un consejo de verdad.
Porque, si él hubiera dejado a mi madre, entonces tal vez todo sería diferente.
No la quería lo suficiente para hacer lo correcto por ella, pero yo sí te quiero. Te quiero lo bastante para hacer lo correcto por ti. Y lo correcto por ti y por nuestro bebé es una vida sin mí en ella. Porque afrontémoslo, nena, no estoy mejorando.
Lo siento, reina. Por las mentiras que he contado.
Por lo que te he llamado. Por las veces que te he hecho llorar.
Por cada mierda que te he hecho pasar. Por dejarte sola en esto.
Sé lo que estás pensando: que estoy saliendo por patas, pero no, Molloy.
Estoy intentando asegurarme de que ese chaval no acabe como su padre.
Estoy intentando asegurarme de que tú no termines como mi madre.
Saber que os estoy ahorrando a ti y al bebé una vida como la que yo he tenido me da mucha paz.
Te mereces tener una buena vida y, mientras yo siga ahí, nunca te ocurrirá.
Te quiero, ¿vale?
Por favor, no pongas eso en duda.
Te quiero tanto, joder, que ni siquiera sé cómo expresarlo con palabras.
Pero es que… necesito liberarte.
Siempre tuyo,
Joey. X
P. D.: En el dorso de esta carta hay una confesión completa con mis palabras de la mierda que pasó en casa, con fecha y firma. Quiero que se la des a John Kavanagh. Lo ayudará en el juicio cuando vaya a por la custodia de mis hermanos.
Diles que lo sentía.
Diles que los quería.
Dile a mi hijo que lo quería.
Dite a ti misma que eras a la que más quería.
Nos vemos, Molloy. XX
Tiré sobre el mostrador de la comisaría, desesperada, la carta que había encontrado en el bolsillo delantero de mi sudadera y grité:
—¡Tenéis que ayudarme a encontrarlo antes de que haga algo!
—Aoife, cariño, tranquilízate —me dijo mi padre mientras me ponía su abrigo sobre los hombros—. La Gardaí está haciendo todo lo que puede. Ya han enviado un coche a buscarlo. Podge y Alec están buscándolo. Darren ha salido a buscarlo. Tu madre y Kev, también…
—¡No es suficiente! —grité, agarrándome el vientre mientras me apoyaba con todo el peso en mi padre para no derrumbarme en el suelo—. No lo entiendes. Ahora mismo no está bien. ¡Es muy vulnerable!
—¿Cuál has dicho que era su domicilio? —preguntó la agente detrás del mostrador.
—El número 95 de la urbanización Elk —respondí, con el pecho agitado—. ¿Por qué? ¿Está allí? ¿Lo han encontrado? ¿Está bien?
Con cara de preocupación, la agente de la Gardaí escribió en el teclado de su ordenador antes de leer algo en su bloc de notas. Cogió el teléfono que sonaba en su escritorio y se quedó pálida por lo que fuese que estuviera escuchando al otro lado de la línea.
—No, no, no —dije, llorando mientras me hundía contra mi padre y las piernas me fallaban—. Está muerto, ¿verdad?
—Ha habido un incendio —nos dijo la agente, poniendo una mueca al colgar el teléfono—. En el número 95 de la urbanización Elk. Se han enviado todas las unidades del departamento de bomberos.
—¿Un incendio? —Abrí mucho los ojos, horrorizada—. ¿A qué se refiere con un incendio? ¿En su casa? ¿Hay alguien herido?
—Lo siento, pero esa es la única información que me han facilitado en este momento.
—¿Papá? —Me giré para mirarlo—. Tenemos que ir.
—Aoife, cariño…
—No, o me llevas o voy caminando, pero voy a ir, papá.