Rey de la gula (Pecados 6) 106. Todo ha cambiado
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106. Todo ha cambiado

TODO HA CAMBIADO

Aoife

Histérica, me senté en el frío camino de hormigón contemplando cómo Joey desaparecía, dejándome sola, con el único consuelo de su hermana.

«Vuelve».

No estaba segura si pensaba esas palabras o las gritaba.

Pero lo sabía.

Sabía que esto era diferente.

Algo había cambiado en Joey.

Se lo había visto en los ojos.

Estaba resignado.

Estaba acabado.

Para él, la lucha había terminado.

Su fuego interior, el que había hecho que su corazón siguiera latiendo a pesar de todas las penurias y el dolor, se había apagado.

Su hermano salió disparado de la casa, gritando algo sobre ir a buscar a Joe, pero yo no entendí ni una sola palabra. El sonido de mi corazón haciéndose añicos en mi pecho era tan alto y violento que ahogaba todo lo demás.

Íbamos a tener un bebé.

Y Joey se marchaba.

Peor aún: ya se había marchado.

¿Cómo podía abandonarme?

Me lo había prometido.

Lo había creído.

Lo seguía creyendo.

No, no, no, eso no tenía sentido.

«Algo va mal».

«No te rindas con él».

«No está bien».

«Encuéntralo antes de que sea demasiado tarde».

Con una horrible sensación de terror instalada en la boca del estómago y una necesidad aún mayor de encontrar a mi novio antes de que fuera demasiado tarde, me puse en pie y fui hacia el coche, incapaz de formar las palabras que necesitaba para mantener una conversación coherente con la pobre Shannon, que parecía casi tan desolada como yo.

«Casi».

Murmuré algo sobre que tenía que volver a casa, me senté en el asiento del conductor y arranqué el coche antes de dar un acelerón.

No era mentira.

Me iba a ir a casa.

Pero primero tenía que encontrarlo.

Porque ese chico era mi casa.