104. Conteniendo la respiración
CONTENIENDO LA RESPIRACIÓN
Aoife
Cuando pasaron los veinte minutos y Joey no había dado señales de vida, no entré demasiado en pánico, porque decidí concederle el beneficio de la duda.
Al fin y al cabo, no era Superman. El chico corría como un galgo, pero no podía volar hasta ahí.
Sin embargo, cuando los veinte minutos se convirtieron en treinta, y luego en cuarenta, y en cincuenta, empecé a ir de un lado a otro de mi cuarto con la ansiedad por las nubes.
Si lo llamaba por teléfono, me salía directamente el buzón de voz.
Pasó una hora. Y luego otra.
Algo iba mal.
Tenía una corazonada.
En mi frenético intento de contactar con mi novio, bombardeé a su hermana con mensajes de texto, desesperada por saber si se había puesto en contacto con alguien de su familia. Porque tenía un mal presentimiento.
Conocía a Joey, joder, lo conocía como la palma de mi mano, y, aunque sin duda tenía un grave problema con las drogas, sabía que no habría llamado para decir que iba a venir si no pensaba hacerlo.
Si Joe quería colocarse, lo hacía y luego aparecía.
Era de esos chicos que preferían pedir perdón antes que pedir permiso.
La única vez que pasó así de mí en toda la relación fue la noche en que su padre pegó a Tadhg, lo que me llevó a pensar que debía de haberle pasado algo realmente malo.
Conteniendo la respiración, cogí el móvil y envié otro desesperado mensaje a su hermana.
Aoife: ¿Ha dado señales de vida?
Shannon: Todavía no. Mamá está abajo con Darren.
Los oigo discutir sobre Joe.
Aoife: Sin ofender, pero Darren es un imbécil.
Shannon: Estoy de acuerdo. Hablan de Joe como si no hubiera sido él quien ha mantenido unida a esta familia durante los últimos seis años.
Me pone enferma.
Aoife: Shan, por favor, en cuanto lo veas, escríbeme. Necesito saber que está bien.
Shannon: Lo haré.
Aoife: Lo digo en serio, ¿vale?
Por favor, escríbeme…
Shannon: Te lo prometo. X