Rey de la gula (Pecados 6) 101. Demasiado bueno para ser cierto… o seguro #3
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101. Demasiado bueno para ser cierto… o seguro #3

—Gracias a Dios —murmuré agradecido de que por lo menos hubiera salido algo bueno de un día tan poco productivo.

Una de las chicas que le hacían bullying a mi hermana se había ido.

Para siempre. Pensé que solo por eso ya merecía la pena.

Saber que Shannon iba a tener una acosadora menos le daba sentido a todo aquel calvario.

—Se le permitirá hacer los exámenes de acceso a la universidad en uno de los colegios locales, pero ya no será bienvenida en el Tommen.

Han vaciado su taquilla, le han confiscado el teléfono y han borrado todas las fotos que le hizo a Shannon —siguió detallando John con esa voz que ponía de abogado que no estaba para tonterías—.

A Natasha O’Sullivan y a Kelly Dunne las han expulsado dos semanas por su participación en el suceso.

Sin embargo, debido a las declaraciones de Shannon, el consejo ha decidido que ambas chicas pueden volver al Tommen tras el periodo de expulsión y se les permitirá hacer allí los exámenes.

—Vaya mierda —dijimos los dos al unísono.

—Escoged vuestras batallas, chicos. Es un buen resultado. —John aceptó la taza de café que le ofrecía su mujer y le dio un beso antes de volver a centrarse en nosotros—. Sacad las emociones de la ecuación y tomaos el resultado por lo que es: una victoria.

—¿Y Cormac? —insistió Johnny—. ¿Cómo has hecho para que se haga a un lado? Estaba empeñado en presentar cargos.

—Siendo muy persuasivo.

—Joder, no veas. —Echándose hacia atrás en la silla, lanzó otro silbido—. Recuérdame que nunca te lleve la contraria.

—No todo son buenas noticias. Te han expulsado de la Comunidad del Ballylaggin —añadió John centrando de nuevo su atención en mí—.

Al parecer, ya te habían dado un último aviso, después de siete expulsiones solo este año y muchas más desde la primera semana del primer curso.

—Un destello de culpabilidad brilló en sus ojos azules cuando dijo—: He hecho lo que he podido, Joey, pero no dan su brazo a torcer.

Cometer un acto de violencia contra otro instituto llevando puesto el uniforme del Ballylaggin va contra las normas y está castigado con la expulsión inmediata.

—No pasa nada —contesté demasiado atontado como para que me importara. Nyhan y Lane llevaban años como locos por sacarme del Ballylaggin. Por fin tenían una excusa. Quería sentir algo al respecto, pero… no era así.

—¿Que no pasa nada? —Kavanagh me miró como si tuviera tres cabezas—. Pero se supone que el mes que viene tienes que hacer los exámenes de acceso a la universidad.

—No importa.

—Claro que sí —sostuvo con un tono demasiado apasionado para estar hablando de un tío a cuyo futuro eso no le afectaba—. Joder, cómo no va a importar.

—Tampoco es que tuviera pensado irme a ningún sitio, así que me da igual —contesté; y era mayoritariamente cierto.

No tenía pensado ir a la universidad. No tenía pensado irme de Ballylaggin. No podía, así que ¿por qué iba a preocuparme por eso?

—Me cago en la leche, Joey. Esto es importante —razonó el novio de mi hermana. Girándose hacia su padre, preguntó—: ¿No puedes hacer nada para ayudarlo?

—Tengo las manos atadas, hijo. Joey tiene un historial de violencia que hace que Gibsie parezca un santo. —John suspiró profundamente—. No están dispuestos a negociar que vuelva al instituto, ni siquiera para hacer los exámenes.

Pues claro que no.

Esos cabrones han querido que me fuera desde primero.

—¿Y el Tommen, cariño?

—El Tommen es privado, cielo.

—¿Otro instituto público entonces? —sugirió su hijo pasándose una mano por el pelo con evidente frustración, algo que me sorprendió porque ¿a él qué coño le importaba?

—No hay ninguno más por la zona —señaló John con objetividad—. Público, al menos.

Eso quería decir que la única manera de pisar un instituto para hacer esos exámenes era disponer de la pasta necesaria para que un soborno me abriera las puertas.

—¿Y en la ciudad? —propuso Kavanagh, siempre optimista.

—Ningún instituto querrá tocarme ni con un palo de tres metros —lo interrumpí casi dando por concluida la conversación.

Yo no era un proyecto con el que entretenerse.

No hacía falta que solucionara mis problemas.

Con que tratara bien a mi hermana, todo iría de perlas—.

Tu padre tiene razón, Kavanagh. Tengo un historial espantoso.

Nadie va a quererme, y tampoco es que importe, porque a mí me da igual.

Así que no gastes saliva hablando del tema.

—Dios… —Profundamente desanimado, respiró hondo y dejó caer los hombros—. Qué desastre.

Sí, todo se estaba volviendo demasiado amigable para mí.

Demasiado familiar para mi gusto.

—¿Puedo usar el baño? —pregunté poniéndome de pie—. Por favor.

—Claro, Joey —contestó Edel haciendo un gesto para que me fuera—. No hace falta que preguntes, cariño.

—Gracias. —Me sentí un poco gilipollas por hacer lo que estaba a punto de hacer, pero sabía que no podía aguantar ni un minuto más allí, así que me detuve en el marco de la puerta de la cocina y añadí—: Por todo.

—De nada, Joey —respondió John detrás de mí—. Recuerda lo que hemos hablado —agregó en tono serio—. La oferta sigue sobre la mesa y no tiene fecha de caducidad.

—Ya. —Asentí con rigidez—. Me lo pensaré.

Y entonces salí cagando leches de allí.