97. Novios, hermanos y zorras antipáticas #2
—Bella Wilkinson de los cojones —intervino Gibsie con voz de asco—. ¿Quién si no?
Fruncí el ceño en cuanto me di cuenta de que la conocía de algo.
—¿Bella Wilkinson?
—Sí. —Asintió enérgicamente Gibsie con los ojos como platos mientras decía—: La puta loca obsesiva y superacosadora ex del capi.
—La quiero fuera de este instituto —exigió Johnny arropando a Shannon bajo el brazo—. No puede salirse con la suya. Usted sabe por lo que está pasando Shannon. ¡Aquí debería estar a salvo!
—Shannon, ¿estás diciendo que la señorita Wilkinson te ha hecho esto?
—Apártate, joder —avisó Joey cuando ese señor se fue hacia su hermana—. No te acerques a mi hermana. Te lo advierto.
—Puta Bella Wilkinson —farfulló Hughie situándose junto a Gibsie—. Siempre tiene que ser ella.
—Porque es Lucifer con tetas —confirmó Gibsie con tono sombrío—. La mismísima reverberación de Satanás.
—Se dice «reencarnación», Gibs, no «reverberación».
—Bueno, lo que sea. Yo ya os avisé, pero, claro, nadie le hace caso al chico atractivo.
—Su tono destilaba una gran dosis de sarcástica indignación—.
Para vosotros no soy más que una cara bonita.
Una perita en dulce para las damas. Bueno, pues que sepáis que yo también sé cosas.
No todo está en los libros. Se me da muy bien juzgar la personalidad de la gente.
Bella Wilkinson. ¿Por qué me resultaba tan familiar ese nombre?
«—Me he acostado con alguien.
»—¿Ya no eres virgen? ¿Con quién lo has hecho?
»—Con una chica del Tommen.
»—¿Cómo se llama?
»—Bella Wilkinson».
—No… —dije entre dientes con los ojos abiertos de par en par cuando por fin me di cuenta. La chica con la que Paul me había puesto los cuernos. Era la misma persona—. ¿Pero qué coño…?
—¡Tú! —rugió Johnny sacándome de mis pensamientos mientras se dirigía como un toro descontrolado hacia dos alumnos que pasaban por allí—. ¡Quiero hablar contigo!
—Johnny, no… —sollozó Shannon cubriéndose la cara con sus pequeñas manos.
—Capi, tienes un contrato.
—Piensa en el sábado.
—Haz las cosas bien.
—Bien, mis cojones —contestó Johnny ignorando a sus amigos mientras iba directo hacia quienes yo suponía que eran Bella y su pretendiente—. ¿Qué te dije? —exigió el tiarrón acercándose a ellos—. ¿Eh? ¿Qué cojones te dije sobre esa perra?
—Joe, tiene un contrato —dije centrando mi atención tanto en el preocupado círculo de amigos de Johnny como en su sollozante novia. No tenía ni idea de lo que querían decir con eso, pero estaba claro que era importante—. Haz que pare, cariño. No dejes que se pelee.
—Mierda… —murmuró Joey entre dientes antes de salir disparado hacia él.
—Eh, Johnny —dijo el chaval más mayor tratando de calmarlo con las manos en alto—, no tengo idea de lo que…
«¡Pum!».
Un certero puñetazo le dio de lleno en la cara antes de que pudiera terminar la frase, y el chaval cayó al suelo con un ruido sordo. Sin embargo, el gancho de derecha que lo había tumbado no había salido del puño de Johnny Kavanagh, sino del de Joey.
«Siempre protegiendo a los demás».
—¿Qué co…?
—Te debía una —explicó mi novio sacudiéndose la mano antes de señalar el labio partido de su némesis, ahora convertido en aliado—. Además, me van a arrestar igualmente.
Johnny lo miró boquiabierto.
—¿Por qué?
—Por esto —respondió Joey un instante antes de abalanzarse sobre el chico que estaba en el suelo.
«Por Dios».
—¡Suéltalo, chusma asquerosa! —gritó Bella, y luego hizo lo indecible: le puso las manos encima a mi hombre.
«Ah, eso sí que no».
Al presenciar cómo esa zorra le daba una bofetada a Joey, no vi más allá de la neblina roja que me cegaba.
—¡Oye, no llames chusma a mi novio! —rugí dejándome llevar por mis emociones mientras arrastraba el culo hacia la guarra que le había puesto las manos encima—. ¿Es ella, Shan? ¿Ella te ha hecho esto?
—Por favor, dejadlo estar.
No.
Nah-ah.
Ni de coña.
Porque ha tenido el valor de ponerle las manos encima a mi hombre.
—¿Quién narices eres tú? —preguntó Bella lanzándome una amenazante mirada.
«Ay, pobrecita mía».
—Soy tu peor pesadilla, zorra —gruñí quitándome a Joey de encima y tirándola al suelo de espaldas—.
¿Te gusta aterrorizar a las niñas? Prueba con alguien de tu tamaño.
—Perdiendo los estribos en ese mismo instante, me senté a horcajadas sobre su pecho—.
¿Crees que puedes llamar chusma a mi novio?
¿Crees que puedes intimidar a su hermana, eh?
¿Crees que estás a salvo porque eres una chica y él no puede devolverte el golpe?
—Esquivando por poco una uña en el ojo, eché el puño hacia atrás y se lo encajé en la nariz—. ¡Pues yo sí que puedo!
—¡Eres una psicópata! —gritó mientras intentaba arañarme la cara.
Venga ya, zorra. Estaba a punto de recibir una buena lección.