57. El huracán Molloy #3
—Lo sé y no me la he saltado ningún día, te lo juro —contestó Molloy, con la mano aún tapándose la cara—.
Pero fue en esa fiesta. La que dieron aquellos chicos de Tommen.
—Se estremeció antes de añadir—: Me pasé toda la noche vomitando.
Y a la noche siguiente también, ¿te acuerdas?
Después de pedir comida china cuando nos quedamos cuidando a Sean.
¿Recuerdas que me puse muy mala luego? Debió de fallarme entonces el anticonceptivo.
—¿La fiesta de los de Tommen? —El corazón se me disparó contra la caja torácica—. Joder, Aoife. Eso fue hace meses.
Se encogió.
—Lo sé, Joe.
Exhalé temblorosamente y me pasé la mano por el pelo, flipando del todo.
—¿Cómo de preñada estás?
—Joe.
—Dímelo.
—De tres meses y medio.
—¡Tres meses y medio! —Los ojos se me abrieron mucho y el pánico que sentía se multiplicó por los tres meses y medio—. ¿Tres putos meses y medio y me entero ahora?
—Tenía miedo, ¿vale? —gritó a la defensiva—.
Y yo misma no lo supe hasta hace unas semanas.
Te juro que intenté contártelo un millón de veces, pero estaba muy asustada, Joe.
Me aterrorizaba hundirte de nuevo. Te iba tan bien y es que…
No quería arriesgarme. Pero luego pasó lo de tu padre y te hundiste de todas formas…
—Ay, puta mierda. —Se me revolvió el estómago y me tuve que llevar una mano al pecho para estabilizarme—. ¿Te hizo eso mientras estabas embarazada de mi bebé?
—Joe…
—Te hizo eso. —El corazón me aporreó el pecho y solté—: Te hizo daño cuando estabas…, estando… ¡Madre mía, estás embarazada!
—Cuando por fin reuní el valor para decírtelo, ni siquiera estabas presente.
—¿Qué? —pregunté con la voz ronca—. ¿Cuándo?
—El otro día —admitió, destrozada—. Pero estabas drogado.
Con el corazón palpitando a toda velocidad, intenté controlar mi puto pánico mientras las palabras de una conversación que no podía recordar aparecían en mi mente.
«Vamos a tener un bebé».
«¿Dónde está el bebé?».
«Aquí».
«¿Dentro de ti? ¿Y qué hace ahí?».
«Tú lo has puesto ahí, Joe».
—¿Y no podría ser un error? —pregunté por pura desesperación—. ¿Estás segura de que estás embarazada?
—Me he hecho un montón de test y todos han salido positivos —respondió con los ojos muy abiertos y llenos de incertidumbre—. Además, mi madre me llevó al médico de cabecera la semana pasada para confirmarlo.
—¿Tu madre? —Sus palabras fueron como una bofetada en la cara—. Para el carro. —Negando con la cabeza en un intento desesperado de encontrarle sentido a esa locura, alcé una mano y dije—: ¿Se lo contaste a tu madre antes que a mí?
Hizo una mueca y asintió brevemente.
—Lo siento.
—¿A quién más se lo has dicho?
—Joe.
—¿Quién más lo ha sabido antes que yo, Aoife?
—Casey lo sabe —admitió en voz baja—. Pero solo porque lo adivinó. Te lo juro, no se lo habría contado si no lo hubiera averiguado.
—Espera, espera, espera, a ver si lo entiendo bien. —Me apreté las sienes con los dedos para intentar calmarme mientras el puto mundo se hacía pedazos a mi alrededor—. ¿Tú, Casey y Trish habéis ido por ahí las últimas semanas, sabiendo que íbamos a tener un bebé, cuando yo no tenía ni idea?
—No ha sido así, Joe.
—¿Lo sabe tu viejo?
—No. —Negué con la cabeza—. Te lo juro.
—¿Qué hay de Ricey y Danielle? —pregunté con la voz rota—. Supongo que esos dos también están al día, teniendo en cuenta los comentarios que han lanzado en clase. ¿Se lo has contado a tu ex también antes que a mí?
—No —espeté—. Por supuesto que no. No seas ridículo.
—Me acabo de enterar de que estás embarazada en la puta clase de Matemáticas, Molloy. ¿Cómo se supone que tengo que reaccionar?
—No sé cómo se ha enterado Paul —gritó, negando con la cabeza—. Kev ha debido de contárselo.
—¿Kev? —Se me salían los ojos de las órbitas—. Kev. ¿El puto Kev?
Abrió los ojos, horrorizada.
—Joe.
—¿Lo sabe tu hermano? —Negué con la cabeza—. No me lo puedo creer.
—Deja de gritarme, gilipollas.
—No te estoy gritando —volví a gritar levantando las manos—. Estoy sufriendo un ataque de pánico.
—Pues tranquilízate, Joey.
—Ya estoy tranquilo. Esto es lo más tranquilo que puede estar un tío al descubrir que es el último en enterarse de que ha dejado embarazada a su novia —prácticamente bramé.
—Lo siento, ¿vale? Estaba intentando protegerte —respondió con voz ronca—. Es lo único que intentaba hacer.
—Eso no era cosa tuya —repliqué, temblando—. Tenía derecho a saber qué estaba pasando.
—Sí, bueno, pensaba que estaba haciendo lo correcto —insistió, cabezota—. Además, le está ocurriendo a mi cuerpo.
—Es mi hijo —me emperré, y entonces flipé al darme cuenta de lo que acababa de decir—.
Ay, Dios —exclamé jadeando y, al sentir que el corazón se me encogía, creí que tal vez me daba un ataque—.
Es mi hijo. —Me llevé la mano al pecho, solté el aire e intenté controlar la respiración acelerada—. Uf, joder.
—Lo siento mucho, Joe. —Molloy echó las manos al aire, giró sobre sus talones y se alejó de mí—. Por favor, no me odies.
Sabía que tenía que ir tras ella, pero no conseguía que los pies cooperaran.
Logré dar dos pasos en su dirección y me caí al suelo de culo, totalmente alucinado.
Embarazada.
Estaba embarazada.
Iba a tener un bebé.
Mi bebé.
«Levántate y cuida de ella».
«Deja de pensar en ti mismo, puta nenaza».
«Ni se te ocurra fingir que no te importa».
«Es tuyo y te importa».
«Es tuya y te importa».
«Sí, te importa y te preocupa».