55. Los pájaros, las abejas y el dublinés #2
—¿Quieres…? Eh… —Me callé mientras me rascaba la mandíbula, ganando unos segundos más antes de forzarme a pronunciar las siguientes palabras—. ¿Quieres preguntarme algo sobre este tema?
—¿Como qué?
—No tengo ni puta idea, Shan —espeté—. ¿Algún consejo? Tienes tres minutos para preguntarme lo que quieras y luego me las piro de aquí, y esta conversación no volverá a repetirse.
—¿Es como en las películas? —Se retorció, incómoda—. ¿El sexo? ¿Duele?
—Sí, la primera vez a una chica puede dolerle —respondí, conteniendo las ganas de arrastrarme hacia un rincón de la habitación y empezar a mecerme—. Pero no debería dolerte después. Si sucede es porque él lo está haciendo mal.
—¿Sangramos?
—Eh… Sí, las chicas podéis sangrar la primera vez, pero no les pasa a todas.
—¿Por qué no?
«¡Y yo qué mierda sé!».
—Porque es diferente para cada una.
—¿Y qué hay de los chicos? ¿Les duele a los chicos la primera vez?
—No, es más cuestión de intentar mantener la cabeza.
—¿La cabeza?
—La calma —me corregí con una mueca—. Es cuestión de mantener la calma y controlarse.
—¿Qué pasa si no puedes mantener la calma?
—Entonces termina antes de que empiece.
—¿Termina?
—Termina —confirmé, serio—. La fiesta habrá terminado.
—Ah. —Se le sonrojaron las mejillas—. ¿Y si, bueno, si es demasiado grande? ¿Y si no cabe, hum, bueno, ya sabes?
—Te digo que cabe. —Dejé caer la cabeza en mis manos y gruñí—. Siempre cabe.
—Pero ¿cómo?
—Magia.
—Joey.
—Pues cabe, joder, Shan —respondí—. En cuanto la chica se relaja y no está nerviosa ni se siente presionada… —Me callé para mirarla serio—. Nadie te presiona, ¿verdad?
—Ay, Dios, no —se apresuró a decir—. Es que… tengo curiosidad.
—Vale. Bien. Me alegra oírlo. —Reprimiendo un estremecimiento, enseguida continué—: Por Dios, no puedo creerme que estas palabras estén saliendo de mi boca, pero los preliminares ayudan mucho.
—¿Los preliminares?
—Sí, Shan.
—¿Qué son los preliminares?
—Bueno, abrazarse no, eso te lo aseguro.
—Ah. —Se sonrojó—. Entonces ¿te refieres a besarse y eso?
—Y eso —contesté, a pocos segundos de tirarme por la ventana de su habitación.
—¿Como tocarse?
—Sí, como tocarse, saborearse y… Ay, mira, ¿sabes qué? —Dando una palmada sobre mis rodillas, me levanté y me puse a caminar de un lado a otro del cuarto—. Deberías seguir con los abrazos. Abrazarse es perfecto. Abrazarse es suficiente hasta que cumplas los veinte.
—¿Cuántos años tenías tú, Joe? La primera vez que…
—Era demasiado joven.
—¿Cuándo fue?
—Era más joven que tú.
Se le abrieron mucho los ojos y tosió sorprendida.
—Joe.
Puse una mueca.
—Sí, lo sé.
—Y… ¿cómo fue tu primera vez?
—Terrible —admití enseguida—. No estaba preparado.
Los ojos de mi hermana se abrieron más aún.
—¿Y por qué seguiste adelante, entonces?
—Eh… —Abrí la boca para responder, pero no encontré las palabras—. Eh… —Negué con la cabeza, devanándome los sesos por hallar la respuesta que necesitaba, pero no lo conseguí.
Sus ojos azules se llenaron de preocupación.
—¿Joe?
—No lo sé, Shan. —Dejé caer los hombros, me senté en la cama al lado de mi hermana y apoyé los codos en los muslos—. Creo que…
—¿Crees qué, Joe?
—Creo que estaba… —Exhalé de forma forzada mientras luchaba con mis recuerdos borrosos, intentando encontrarle sentido a una noche que nunca había tenido mucho sentido para mí—. Creo que no estaba en mi propio cuerpo, si es que lo entiendes.
—¿A qué te refieres?
—Iba muy colocado esa noche y, bueno, me acuerdo un poco de lo que pasó —admití, crujiéndome los nudillos—, pero no recuerdo cómo ni por qué ocurrió.
—No lo entiendo —susurró, dándose la vuelta para mirarme—. ¿Me estás diciendo…? —Mi hermana pequeña, tragando saliva, nerviosa, me cogió de la mano y la apretó—. ¿No querías que sucediera, Joe?
—No lo sé, Shan —me obligué a reconocer en voz alta por primera vez—. Bueno, sé que me gustaba la chica con la que sucedió, y sé que luego no estaba disgustado, pero no me acuerdo de cómo pasó.
—Pero Joe… —Me apretó la mano—. Eso suena a que, en realidad, no consentiste.
—Puede ser —mascullé, rascándome la cabeza—. Pero debí de disfrutarlo porque repetí muchas veces durante años. En realidad, era una amiga mía en aquella época.
—No importa que lo hicieras mil veces con mil chicas distintas —dijo Shannon—. Ambos tenéis que estar siempre de acuerdo, Joe.
—Joder —murmuré, negando con la cabeza—. ¿Cómo se ha vuelto tan profunda esta conversación?
—¿Lo sabe Aoife?
—¿Si Aoife sabe qué?
—Lo que te pasó en tu primera vez…
—No, porque no me pasó nada, Shannon —me apresuré a puntualizar, cerrando la conversación antes de que fuera a un lugar en mi mente que no tenía intención de visitar—.
Me coloqué, me follaron, lo superé y luego, cuando me volví a colocar, me follaron un poco más.
Y vuelta a empezar. Ese era mi mantra. Así que sí, era demasiado joven y demasiado imprudente con mi cuerpo —admití, mirándola con acritud—.
No cometas mis errores, Shan. No te entregues a la primera persona que te muestre un poco de afecto.
Tómate tu tiempo. Te prometo que la persona adecuada merece la espera, ¿vale?
—Joe, no creo que tú…
—Ya vale, ¿me oyes? —Enfadado, me levanté y me dirigí hacia la puerta—. No me conviertas en una víctima, Shan. No es la narrativa de mi historia.
—¿Te habría gustado que Aoife fuera la primera? —Cambió por suerte el tema con esa pregunta.
—Por supuesto —reconocí encogiéndome de hombros—. Es una puta mierda saber que has perdido algo que significa tanto con la persona incorrecta. Y es incluso peor que ella lo sepa.
—Entonces ¿ella te esperó a ti?
—No te voy a hablar de Aoife, Shan —respondió—. Un chico tiene sus límites, ¿de acuerdo? Pregúntame lo que quieras sobre mi vida sexual, pero no de la de mi novia, ¿vale?
—La quieres de verdad, ¿eh?
—No se trata solo de amor, sino de respeto.
—Y compatibilidad.
—Y amistad.
—Y lealtad.
—Exacto.
—Ostras —murmuró Shannon—. Eres muy dulce bajo ese exterior de capullo, ¿no?
—Tengo hambre bajo este exterior de capullo —mascullé, desesperado por huir del tema de los pájaros y las abejas—. ¿Quieres prepararle algo de comer a tu hermano favorito antes de que se tenga que ir al trabajo?
—Vale —suspiró con fuerza, se bajó de la cama y caminó hasta mí para rodearme con sus brazos flacuchos la cintura—. Pero solo porque eres mi hermano favorito.