34. Soy un drogata, tú eres una cabrona
SOY UN DROGATA, TÚ ERES UNA CAbrONA
Aoife
Para cuando llegamos a su casa, a mí se me habían acabado las lágrimas y a él la paciencia.
—No sé, Molloy —dijo aparcando el coche una vez que yo había acabado de explicarle con todo detalle las calamidades de la feminidad y el síndrome premenstrual, es decir, lo que fuera, con tal de ganar tiempo para no tener que contarle la verdad—.
Tampoco es que sea un experto, pero seguro que te pueden dar una receta para eso.
—¿Crees que necesito una receta para los cambios de humor?
—No, no una receta en sí misma —insinuó bajándose del coche—. Más bien un tranquilizante flojito.
—Bueno, de eso tú sabes un rato —dije con un bufido saliendo del coche y dando un portazo—. ¿Verdad que sí?
—¿He dicho flojito? Igual mejor un tranquilizante para caballos —murmuró pasándome un brazo por encima del hombro—. Vamos, gruñona.
Suspirando, le metí la mano en el bolsillo de atrás y me recliné en su costado.
—Siento haber sido tan cabrona contigo.
—Bah. Yo soy un drogata, tú eres una cabrona —musitó acercándome hacia él—. Las relaciones no son perfectas.
Me reí.
—Pero la nuestra funciona, ¿no?
—Claro. —Sonriendo, se inclinó hacia mí y me besó mientras rodeábamos el muro del jardín y subíamos por el camino de entrada—. Los dos estamos muy jodidos.
—Hola, chicos.
Shannon nos saludó desde la puerta mientras Sean sollozaba en su cadera, y sentí que mi novio se ponía rígido cuando detuvo los ojos en su cara. La tenía muy negra y también muy azul.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Joey dirigiéndose hacia donde estaban sus hermanos.
Cogió a Sean en brazos y metió rápidamente a su hermana en el interior de la casa, mientras yo los seguía a toda prisa.
—Se ha vuelto loco —explicó Shannon crujiéndose los nudillos con ansiedad—.
Ha sido por esa foto en el periódico en la que salgo con Johnny Kavanagh.
No había manera de hacerlo parar, Joe. Por mucho que se lo rogara.
—Con manos temblorosas, se acercó a la cocina de fogones y sacó un plato cubierto de papel de aluminio—.
Luego vino mamá y me lo quitó de encima —susurró lloriqueando mientras retiraba el papel de aluminio y metía el plato en el microondas para calentarlo—. Pero entonces también le pegó a ella.
—¿Le ha pegado a mamá? —La voz de Joey mostraba una indiferencia mortífera—. Está embarazada de cinco meses.
—Lo sé —gimoteó Shannon frotándose las magulladuras de la mejilla—. Cuando se fue, se lo llevó todo. Cargó el coche con todo lo que pudo rapiñar. Incluso cogió la tele de la salita.
—La compré con mi dinero —soltó Joey con el cuerpo palpitante debido a la tensión, pero tratando de calmarse mientras el pequeñín que tenía entre los brazos se aferraba con fuerza a su cuello.
Frotando la espalda de Sean con pequeños movimientos circulares, miró a su hermana y preguntó—: ¿Dónde está mamá?
—Los chicos están en la cama —se apresuró a decirle—. Al final cayeron redondos, pero no consigo que este renacuajo deje de llorar el tiempo suficiente como para que se duerma.
—Yo me encargo de él —contestó Joey antes de repetir—: ¿Dónde está mamá?
Shannon se estremeció.
—Joe…
—Shannon, ¿dónde está mamá?
—Se ha ido —dijo casi sin voz—. Nos ha dejado.
—¿Te ha dejado? —Sacudió la cabeza—. ¿Qué quieres decir?
—Cogió una maleta y se subió a un taxi —confesó su hermana dando un respingo cuando el microondas sonó detrás de ella—.
Más o menos una hora después de que se fuera papá.
—Temblando, abrió la puerta del microondas y sacó un plato de espaguetis recalentados—.
Eso fue sobre las seis y media, y desde entonces no ha llamado ni contesta al teléfono.
—Entonces ¿qué? —exigió Joey—. ¿Mamá se ha ido sin más y te ha dejado aquí sola con los niños? ¿Sin dar ninguna explicación ni nada? ¿Simplemente se ha levantado y se ha ido?
Le dedicó a su hermano una melancólica sonrisa y puso el plato, que sin duda era para él, sobre la mesa.
—Toma. Te he guardado algo de cena.
—Shannon.
—Cómetelo antes de que se enfríe.
—No tengo hambre. Contéstame.
—¿Estás seguro?
—¡Shannon!
—Sí —admitió en voz baja—. Supongo que sí.
—¿Por qué no me has llamado?
—Porque habías ido al cine.
—¡Shannon!
—No quería volver a molestarte. —Se encogió; las mejillas le ardían—. Me da la sensación de que es lo único que hacemos todos últimamente.
—Soy tu hermano —espetó acercándose a ella y cogiéndola con el brazo—. Es lo que se supone que debo hacer.
Contemplé cómo Shannon y Sean se aferraban a Joey, de una forma muy similar a como lo había hecho yo antes en el coche.
—Llamadme y vendré corriendo —les dijo con tono grave con los ojos clavados en mí mientras hablaba—. Siempre.