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PHILLIPE
Un disparo ahuyentó las perdices nivales en medio de los Pirineos.
Phillipe hizo un gesto con la cabeza para que sus hombres se llevaran el cuerpo de un minoritario demasiado rebelde para su propio bien.
Los uniformados colocaron el cadáver fusilado en una bolsa, mientras otros terminaban de cavar la fosa.
Phillipe volvió a centrarse en la llamada.
—Es el segundo en la semana —le recordaron—. A este ritmo perderás una parte considerable de tus tropas.
—¿No me digas? ¿Te crees que es fácil convencer a estos idiotas de mantenerse en la organización cuando el suministro de sangre empieza a escasear?
¿Por qué no utilizas la confianza de la chica y la convences de hacerse con el DII de una puñetera vez?
—farfulló—. Entiendo la maldita burocracia, pero si no detenéis los centros de donaciones que DeBlanckfort ha abierto, solo nos quedará el mercado negro.
Hubo un largo silencio del otro lado.
—Es una posibilidad —contestó el hombre—. Pero el camino se está despejando gracias al mismísimo DeBlanckfort.
Phillipe dispuso su peso sobre una pierna.
—¿Cómo es eso?
—¿Tu vasallo no te lo ha dicho? DeBlanckfort extrajo sangre de la chica y se fugó con Bryce. De acuerdo con lo que he escuchado, el DII lo ha rodeado en Lisbourg. Curiosa elección; es una de las localidades del…
—El Camino del Lirio —Phillipe quedó ensimismado. ¿Por qué DeBlanckfort arruinaría su reputación?—. No es coincidencia. Se trae algo entre manos. Es un Dragón Negro: si no está en la abadía cuidando a la corona, es porque algo sabe.
—Por supuesto que algo sabe. Ha estado pegado a Bryce durante los últimos días y ha clasificado el caso Sauer. Wagner se rehúsa a soltarlo, y sabes que sólo existe una influencia mayor al consejo dentro del DII…
Phillipe tensó su mandíbula.
—No es como si pudiese huir toda la vida.
—Lo sé. Por eso estamos agilizando las cosas: si Elysabeth consigue las llaves del reino, podremos influirla para que venda esos hospitales. El mercado de sangre regresará a la normalidad. Quitar a DeBlanckfort del camino en fácil; ha cometido un crimen sin precedentes. El castigo también lo será.
Una sonrisa oscura asomó en el rostro de Phillipe.
—Quizá no necesitemos planear un asesinato, sino un funeral.
—Puede ser… Puede ser.
Cuando finalizó la llamada, Phillipe permaneció con la mirada fija en el suelo rocoso.
Por los movimientos en el mercado de sangre, era evidente que algo planeaba DeBlanckfort.
El chico era una pesadilla a la hora de leer sus jugadas.
Los nulos vínculos con el consejo y su formación militar le hacían la vida imposible a Phillipe, quien estaba convencido de que todo formaba parte de una operación en las sombras, típico de los DeBlanckfort.
Un plan cuya recompensa sería tan valiosa como para cometer semejante locura.
Phillipe miró por encima de su hombro. Los soldados hundían las palas en las tierra seca y cubrían el cadáver embolsado. Marcó un segundo número y aguardó.
—¿Vincent? Acabo de hallar una forma para descongestionar la tensión en los mercados, pero necesito que hagas uso de tus contactos en la INTERPOL.
—¿Podría saberse para qué?
—DeBlanckfort se comporta de forma inestable. Sangbièrre estaría en deuda con vosotros si dais con su paradero. Por cierto, para que tus hombres lo tengan en cuenta, no basta con una bala si quieres detenerlo.