REX REXUM 13 #3
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13 #3

—No. —Bajó la copia del Rex Rexum y se estiró para coger su mano. La contemplaba mientras formaba pequeñas caricias con su pulgar—. No es lo único que mi padre me informó. Dijo que Elysabeth, la nueva heredera, quiere hacerse con el acceso al DII, incluyendo los informes del caso Sauer.

Nínive recordó la charla que había tenido con la chica.

—Cree en las acusaciones de Herald.

Devon alzó la vista. Por un momento lució confundido.

—Algo así. Para colmo, no puedo contar con Wagner. Hablé con él, pero solo piensa en «seguir las leyes», nada más.

—Y eso te enerva —insinuó Nínive.

Devon resopló.

—¿Es mucho pedir un poco de lealtad?

Por primera vez, percibió cómo sus escudos caían uno por uno frente a un DeBlanckfort completamente desarmado, entregado ante las injusticias de la vida.

«Si sabrás tú cómo se siente», pensó al acercarse lo imprescindible, un diminuto paso para guiar su mano temblorosa hasta una de las mejillas de él.

Devon la miró, sorprendido.

Nínive recordó que estaba prohibido tocar a la realeza, por lo que trazó una pequeña mueca a modo de disculpas.

—Wagner no está es tu contra —murmuró. Devon la oía en silencio—. Él quiere hacer bien su trabajo, es muy metódico. No es falta de lealtad. Teme equivocarse, y no lo culpo: debe ser difícil trabajar contigo y con tu ego.

El comentario le robó una sonrisa y ella dio por cumplida la misión. Como no podía resolver sus problemas, se conformaba con devolverle el ánimo mediante una broma o un caso cerrado.

«Hora de despertar», recordó, obligándose a romper el contacto. Sin embargo, el heredero no lo permitió; capturó su mano hasta que quedó acobijada en la de él, con miles de dudas que flotaban cual satélites fuera de órbita.

—Ven conmigo a Bélgica.

Nínive alzó la mirada.

—¿Qué?

—Sé que quieres trabajar con De-Ràzes, y lo respeto, pero también sé que no podré poner un solo pie fuera de frontera si tú te quedas aquí con ellos.

—¿Ellos?

—Los linajes. Están envueltos en esto, y algo me dice que la heredera que ha traído Benôit no es… cien por ciento fiable.

—LeBlanc piensa igual —confesó Nínive—. Y los reyes.

Si bien no me lo han dicho, se comportan extraño.

LeBlanc se rehúsa a hablar de la Orden de Lyss cuando se supone que la heredera ya ha llegado.

La mente subconsciente de Elora no sugiere que tiene demencia o lo que sea que finge tener.

Y Adort-Boge, con esas pastillas falsas…

Dirás que estoy loca, pero creo que todos están mintiendo.

No lo digo para que confíes en mí, solo… ten cuidado con lo que compartes.

Nínive esperaba un ceño fruncido seguido de un bucle infinito de cuestionamientos por parte de DeBlanckfort.

Se quedó inmóvil cuando su respuesta fue inclinarse para besar su frente, como si fuera algo que hicieran a diario.

Carecía de sentido. Se salía del guion de esa obra en la cual uno siempre dudaba del otro.

Volvía a dejarla confundida, deseando que momentos así fueran estrellas como el Sol en vez de estrellas fugaces.

—No creo que estés loca —dijo DeBlanckfort. Nínive lo miró—. Creo que podríamos hallar respuestas en Bélgica. Si dejo la abadía por mucho tiempo, corro riesgo de que Elysabeth tome el poder y ponga a todos en nuestra contra.

—¿Puede hacer eso?

—Se han enviado las muestras de ADN a Suiza. En unos días le entregarán las llaves del reino. Dudo que ese análisis dé negativo cuando hay una larga lista de nobles que me quieren fuera.

—¿Serían capaces de alterar las pruebas?

—Asesinaron a mi bisabuelo con tal de no cambiar las tradiciones. Son capaces de cualquier cosa.

Nínive quedó ensimismada. Phillipe tenía conexiones poderosas, no cabía duda.

Además, varios querían a Devon muerto, no solo lejos del trono.

Era obvio que la chica, fuera legítima hija de los reyes o no, representaba una oportunidad para los mayores opositores.

Opositores que a ella no le caían en gracia.

No solo estaba en juego el puesto de Devon, también lo estaba su lugar como investigadora.

—No tengo pasaporte —recordó.

Devon elevó las comisuras de sus labios.

—Eso puede arreglarse.

—¿Y cómo diablos saldremos sin levantar sospechas?

—Pues… Esperaba que tu mente criminal me sorprendiera, debo admitir.

Nínive sonrió.

—Normas internacionales… Es un nuevo nivel.

—En realidad, nuestro mayor desafío es la abadía; no puedo frenar la decisión que tome el consejo.

Concederle a Elysabeth el acceso completo al DII es un peligro; considerando su alianza con el lado ortodoxo, hay archivos clasificados que podrían acabar en las manos equivocadas. Debemos buscar la manera de evitarlo.

—Hum… ¿Mantener distraída a una narcisista con necesidad de control absoluto? Necesitaríamos un poco de ayuda y correr un par de riesgos, pero… es posible. Solo nos queda una incógnita.

—¿Qué incógnita?

Las comisuras de los labios de Nínive se retorcieron.

—¿Cuántas reglas estás dispuesto a romper con tal de mantener tu empleo? —preguntó con tal de sacarlo de quicio.

Sin embargo, Devon la observó con expresión risueña.

—Tantas como tú quieras, pequeño lirio —contestó, dejando a Nínive en la ionósfera una vez más.