7 #2
—¿Entraremos de una vez o la reunión es en el pasillo?
Los ojos de DeBlanckfort refulgieron, llenos de diversión.
El gesto enfurecía a Nínive; como no acostumbraba ser testigo de sus sonrisas, no conseguía descifrar su espectro de emociones y eso la frustraba sobremanera.
Quería comprenderlo. Quería comprender con exactitud cuándo se burlaba de ella y cuándo se divertía con sus palabras.
Necesitaba ratificar si los destellos que iluminaban sus ojos procedían de emociones verdaderas o intenciones ocultas.
Para ello necesitaba tiempo a su lado, sin secretismos ni grandes amenazas, lo cual era mucho pedir.
Finalmente, DeBlanckfort llamó a la puerta. La cara rojiza de Adort-Boge se asomó a través de una pequeña rendija.
—¡¿Qué quieres?!
El heredero dejó una ceja en alto.
—Dijiste que solo hablarías si ambos estábamos presentes —DeBlanckfort ladeó la cabeza en sentido a Nínive.
El monarca frunció el ceño. Al estirar su cuello como una tortuga y divisarla, abrió los ojos por completo.
—¡Oh, pero si sois vosotros! ¡¿Qué hacéis ahí?! Vamos, pasad, pasad. Sentiros como en casa, niños.
Nínive atravesó el umbral de lo que lucía como un pequeño despacho abandonado.
Había varios archivadores grises envueltos en telarañas y una ventana apuntada tan mugrienta que la luz del sol apenas se filtraba.
Adort sacudió el polvo de una silla y se la ofreció a Nínive como si se tratase de su sala comedor.
—Sentaos, no seáis tímidos.
«Adiós a tu único pantalón limpio», gimoteó Nínive. Por lo general, lavaba su ropa en el baño de la habitación, pero durante los últimos días no había tenido tiempo para nada. Acumulaba tanta ropa sucia que estaba considerando pagar por el servicio de lavandería.
Adort-Boge cogió la otra silla y la ubicó frente a ella. Se sentó y se quedó estudiándola, expectante como un búho con exceso de cafeína, como si esperase que ella dijera algo. Paradójicamente, Nínive había ido para escuchar al monarca.
—Hum… —Miró alrededor—. ¿No hay una tercera silla?
Adort hizo un aspaviento con la mano.
—Devon es un Dragón Negro. Son soldados resistentes, no tienes por qué preocuparte —dijo al ignorar el resoplido que soltó DeBlanckfort—. Ahora, cuéntame un poco sobre ti, querida: ¿qué tal tu estadía en la abadía?
—Creí que esto se trataba del Rex Rexum —dijo Nínive.
—Oh, por supuesto que sí —expresó Adort—. Sin embargo, el Rex Rexum posee reglas. No es un libro común y corriente. Aunque hayáis sido designados como monarcas, los monarcas eméritos debemos asegurarnos de que estáis listos para leerlo.
—No fueron esas tus palabras cuando te lo solicité —replicó DeBlanckfort.
Adort volvió a ignorarlo mediante un gesto con su mano.
—No te habrías atrevido a traerla si mencionaba las reglas.
Nínive respiró hondo. Lo que faltaba: atravesar una serie de pruebas para que un demente les contase los chismes que contenía un libro. «Genial».
—Oh, ¡no pongáis esas caras! Son unas simples preguntillas. Primero tú, querida: ¿cómo supiste que este ingenuo era tu afín?
Nínive vio de reojo a DeBlanckfort, deseando pedirle auxilio, pero él se encontraba muy ocupado estrangulando a Adort-Boge con la mirada.
—Hum, pues… —«¡Maldito tú y tus ideas, DeBlanckfort!», pensó a medida que repasaba los apuntes de sus archivos mentales con desespero. No había mucho, solo aquello de la similitud porcentual. Rendida, acabó suspirando—. No lo sé.
—¡Correcto! —celebró Adort—. Siguiente pregunta.
—¿Qué? —Nínive arrugó el ceño.
—¡¿No es obvio?! No confirmamos quién es nuestro afín hasta que cerramos nuestro círculo. Eso no sucede hasta la boda. Era una pregunta capciosa, descuida, querida.
Nínive miró a DeBlanckfort. Consideró abortar la misión, pero él se encogió de hombros e hizo un mohín.
—Bien. —El monarca se giró en sentido a DeBlanckfort—. ¿Cuál es el mayor miedo de un rey, Devon?
DeBlanckfort apretó sus dientes.
—Tú eres rey. Has de saberlo.
Nínive apretó los labios y suprimió una carcajada.
«¡¿En serio, DeBlanckfort?!». Se había esforzado por convencerla de asistir, ¡¿para rendirse a la primera pregunta?
! Una parte de ella no estaba sorprendida.
Lo había visto hacer lo mismo cuando le hubo preguntado por su animal favorito en el caso McHugh; el ego de su alteza real se había rehusado a contestar.
—¡A mí no me hables así, jovencito! —protestó Adort—. Y tú no te rías, niña, es un asunto serio.
—Si quiere, yo podría contes…
—No —Adort frenó a Nínive—. Es una pregunta para Devon. Él debe saberlo más que nadie, y si no lo sabe… Yo mismo me encargaré de impedir que ascienda al trono.
Extrañada, Nínive volvió a contemplar a DeBlanckfort, cuyo rostro parecía estar cada vez más pálido. Transcurrieron un par de segundos hasta que el heredero expulsó el aire de sus pulmones mediante un sonoro resoplido.
—El lirio —contestó—. Si perdemos a nuestro lirio, nos debilitamos y morimos antes de lo esperado.
—¡Correcto! —festejó Adort—. Ya conoces el dicho: rey sin reina es soldado sin escudo. Lo considero un poco injusto, pero la naturaleza así nos ha creado, qué le vamos a hacer. Ahora sí, tercera pregunta. Puede contestar cualquiera de los dos.
Nínive oía a Adort-Boge, pero su mente había quedado estancada en la respuesta de DeBlanckfort. ¿Lirios? ¿Así se referían a sus parejas? Tenía sentido; Kina y Jeff habían mencionado el significado de esas flores en su mundo, sin embargo…
«No me eclipses de tu lado, pequeño lirio». Eso había dicho DeBlanckfort. ¿Con qué necesidad? Sintió curiosidad por saber más; si esa palabra la usaban como si nada o si significaba que DeBlanckfort en verdad sentía todas esas cosas que decía cuando estaban a solas.
Adort soltó la última pregunta:
—¿Cuáles son los valores más importantes a defender dentro del reino?
Nínive no tenía idea.
—Libertad —contestó DeBlanckfort con sus ojos grises fijos en el suelo—. Seguridad… Unidad.
—Correcto otra vez. —Adort sonrió de oreja a oreja—. Por cierto, el día que le heredéis el reino a uno de vuestros hijos, la tercera pregunta es la única que debe hacerse de acuerdo con el protocolo.
—¿Y por qué hizo tres? —replicó Nínive.
—Hago lo que se me antoje, poseo inmunidad que utilizo por el bien del reino, como ha de ser. Ahora, yendo al motivo por el cual habéis sido torturados psicológicamente, ¿qué tanto sabéis sobre el contenido del Rex Rexum?