REX REXUM 5 #3
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Devon se pasó las manos por el pelo, rogándoles a los Dioses que le concedieran algo de paciencia.

—¿Por qué mierda hablamos de su muerte? —farfulló.

—¡Devy! —protestó Elora—. Cuida el lenguaje, cariño, recuerda el protocolo.

—Nadie aquí respeta el protocolo —replicó Devon—. No me importa lo que hayan hecho los reyes. Quiero saber cómo pensáis resolver el caso de Nínive. —Señaló a De-Ràzes—. Tú la trajiste a la abadía. ¿Qué necesitáis para hallar una cura?

—En primer lugar, que quitéis el código rojo. Después de eso, solo necesitamos dar con el vector correcto para reparar el gen que está codificando de forma defectuosa.

—¿No piensas decirle? —Devon quedó paralizado frente a la doctora—. ¿No le dirás ni una palabra sobre del verdadero motivo por el cual se encuentra aquí?

—No es tan sencillo —dijo LeBlanc—. Desconocemos si el tratamiento funcionará. Nada nos garantiza que su esencia se revelará después de la terapia genética. Si su código no se revela y sus niveles de GDF11 le impiden la regeneración instantánea…

—No tendríamos pruebas suficientes para presentarla como candidata al trono —complementó De-Ràzes—. Y si la noticia se esparce por el reino cuando ella ni siquiera se ha curado, se convertirá en el blanco más fácil para Phillipe.

—Ya es el blanco de Phillipe —recordó Devon.

—Lo sabemos —afirmó Pierrick—. Es por eso que la señora De-Ràzes se vio obligada a mentir en juicio, joven DeBlanckfort: recibió amenazas por parte de los Minoritarios una vez que Sauer halló las conexiones.

Devon miró a Adort y Elora.

—¿Estáis al tanto de la conexión entre Sauer y Herald?

Adort hizo una mueca.

—He oído al respecto. Sin embargo, no me sorprende que la corona se haya involucrado con los Minoritarios. Por eso tenemos una charla pendiente —sugirió.

Devon asintió, absorto.

—Entonces, ¿cuándo pensáis decirle la verdad a Nínive? —preguntó Devon.

Algo se inquietó en su interior al ver cómo todos los presentes intercambiaban miradas.

—No es algo que esté estipulado con fecha y hora —contestó Jean Paul—.

La gran mayoría de nosotros consideramos correcto aguardar hasta que su esencia se restaure.

El doctor LeBlanc se está encargando de recrear el Óleo Áureo; usted lo necesita más que nadie, majestad.

De acuerdo con los informes, se ha vuelto intolerante a las dosis sanguíneas desde que… cerró su círculo.

Devon crispó los dedos alrededor de los brazos del sillón.

No había vuelto a beber sangre desde aquel día.

Había tratado (sobre todo, en cenas con los linajes), pero al cabo de unos minutos debía excusarse e ir al baño a vomitar.

Muchos eran los rumores al respecto. Los Septem Sacris narraban cómo los sangbìbiers originales solo ingerían el elixir de Lilith, cuya receta había ardido en llamas el Día de la Caída.

Nunca habían consumido sangre. Sin embargo, a Devon no le importaba lo que sucediera «mientras».

Él quería saber qué sucedería «después», cuando los linajes comenzaran a presionarlo para fijar una boda.

—Lo que dices es cierto —dijo Devon—. Pero me parece una ridiculez dejar a Nínive y sus conocimientos fuera.

Su madre era experta en ciencias naturales.

—Clavó los ojos en LeBlanc—. No en vano el profesor aquí presente es ahora uno de los mejores botánicos del mundo. Aprendió de la mejor, ¿no es así?

LeBlanc asintió con la cabeza gacha.

—Entonces os reformulo la pregunta: ¿en verdad pretendéis hallar una cura sin ella? ¿La dejaréis fuera de su propia vida?

Soltó una risilla lacónica ante los semblantes cabizbajos.

—Sí que sois irrespetuosos.

—Nínive podría creer que…

—¡Es vuestra reina! —rugió al perder la paciencia—.

Importa muy poco lo que creáis. Solo porque su esencia esté suprimida no os podéis dar el lujo de ocultarle información.

Ella es la corona; no esperéis que me siente aquí para ver cómo habláis de ella a sus espaldas.

—Devon se levantó con la intención de devolver la insignia, pero la voz de De-Ràzes lo detuvo.

—Sin una cura, Nínive no vivirá durante siglos igual que tú, DeBlanckfort. Más te vale sopesar tus acciones.

—Siempre las sopeso, De-Ràzes. A ti te convendría recordar que hablas de una persona más inteligente que todos nosotros.

Si alguien puede encontrar esa solución, es ella.

—Devon dejó caer la insignia—. Aprecio que la hayáis mantenido oculta de Phillipe durante todo este tiempo, pero ya no es una cría.

Sería más fácil para ella encontrar su cura si supiera que no es una terrestre; dudo que alguna vez le hayáis mostrado los verdaderos análisis clínicos, dado que esas irregularidades fueron las que Sauer notó al investigarla.

—¿Y qué pretendías que hiciéramos? —objetó De-Ràzes—. ¿Traerla aquí cuando tanto los linajes como los Minoritarios mueren por esa maldita corona?

—No me estás entendiendo —moduló Devon—. Agradezco vuestra labor. De verdad. Pero va siendo hora de que ella lo sepa. No contéis conmigo para engañarla. Pensad en algo, porque de lo contrario yo mismo buscaré la forma de hacérselo saber.