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—Pensé que me daría un puñetazo. —Le dio unos toquecitos a la fotografía—.
Pero esto lo explica todo. ¡Siempre he dicho que De-Ràzes obtiene muchos permisos por parte del priorato para tratarse de una civil común y corriente!
Este podría ser el motivo. De-Ràzes investigaba con el DII y la reina la forma de suprimir la esencia de un sangbìbier.
¡¿Cómo no pudimos verlo antes…?! Bueno, es culpa del rey lunático, pero… Tiene sentido.
—Todos los estudiantes habrían notado el parecido entre la reina y Nínive si no estuvieran prohibidos estos textos o los retratos de la familia real.
—¡Exacto! ¿Se lo has mostrado a Terrestre?
Kina torció el gesto.
—Aún no. ¿Qué crees que diría una persona tan lógica como ella, Jeff? Con el arribo de la heredera, dudo que esté de humor para escuchar teorías que, lo siento, pero, suenan disparatadas
—¡Porque no tenemos pruebas! Sin embargo, ¡tiene sentido! No es que me haya timado una simple terrestre. ¡Terrestre es una cien por ciento, por eso pudo engañarnos tantas veces!
—Shh —Kina dejó un dedo sobre sus labios.
—Lo siento, pero ¿sabes cuánto me afectó ver que siempre nos sacaba ventaja? Me siento mucho mejor creyendo que se debe a su porcentaje.
Kina meneó su cabeza.
—¿Es eso lo único que te preocupa, Jeff?
Él repiqueteó los dedos sobre su mentón.
—No. Es decir, si Terrestre en verdad está emparentada con los Boge y resulta ser un experimento fallido del DII… —Jeff miró a Kina—. Hay muchísimas preguntas que se están formando en mi mente ahora mismo.
—Lo sé —Kina suspiró. Cogió el libro prohibido y se trasladó hasta su cama. Jeff tomó asiento a su lado—. No es como si tuviéramos evidencia sólida que confirme nuestras sospechas. Solo tenemos fotos. Y el parecido entre ambas.
—No solo es un parecido físico. Ana era científica, igual que Nínive. Y recuerdo que mi abuela Igrid siempre la describía como una mujer impredecible. ¿No te suena familiar? A mí sí.
—Sigue sin ser evidencia contundente.
—¡Pero tiene toda la lógica del mundo! —Jeff dejó los ojos bien abiertos al atar cabos sueltos—.
¡Phillipe en persona intentó asesinarla!
¿Por qué diablos el líder de los Minoritarios acecharía a una simple terrestre?
No encaja. A no ser… —insinuó con una sonrisa traviesa—, que no estuviera detrás de la «información» que poseía Terrestre.
Kina se apeó como un resorte.
—Él lo sabe —comprendió—. Tenía infiltrados en el DII.
Jeff se estiró para besar su frente.
—Por eso te amo —dijo, haciendo que Kina se sonrojara.
Empezó a vagar por la habitación—. Todo cuadra a la perfección: los Minoritarios incriminaron a Terrestre no porque ella tuviera información, sino porque habían descubierto algo.
Algo que forzó a Phillipe a salir de su cueva para asegurarse de que Terrestre no sobreviviera al ataque.
—El príncipe en persona fue a buscarla —murmuró Kina. Apenas podía parpadear a medida que la teoría cobraba fuerza.
—¡Exacto! —señaló Jeff—. DeBlanckfort y mi hermano, no lo olvides.
Mi hermano, el director del DII. ¿Desde cuándo el DII se mete en frontera terrestre?
Está prohibido por el Acuerdo del Transatlántico…
Aguarda. —Jeff soltó un aullido—. ¡Con razón DeBlanckfort junior está coladito por ella!
¡Es ella! —Jeff sonrió de oreja a oreja y cogió las manos de Kina entre las suyas—.
¿No lo entiendes? Los lirios, el discurso fallido en la graduación, cómo casi me arranca la cabeza por insinuar que la traicionaría…
—Un DeBlanckfort nunca traiciona a su afín —musitó Kina, atónita—. Mucho menos si pertenecen a la corona.
—¡Exacto!
Kina miró a Jeff con auténtica conmoción.
—Pero… Entonces, ¿qué hay de la heredera que hemos visto? ¿Por qué nadie ha dicho nada? Los estudiantes la han maltratado durante todo este tiempo y el priorato no…
—El priorato ha hecho lo que se supone que debe hacer: guardar el secreto. No la han expuesto ante los linajes reales ni a los Minoritarios. Cualquiera de ellos podría asesinarla en este estado. Ya sabes cómo son de fríos y calculadores.
Kina quedó petrificada.
—¿Y la chica nueva?
Jeff comprimió sus labios.
—Eso… Eso sí que es un enigma.
—No alcancé a ver mucho, pero llegó junto con el Dragon Magnus. No recuerdo que el luxirianismo ortodoxo manifestase interés por la heredera perdida.
—No abiertamente, puesto que le concederían la razón al protestantismo. Pero los Septem Sacris sí mencionan a un cien por ciento; no sería del todo descabellado afirmar que organizaron una búsqueda en secreto…
Silenciaron cuando el teléfono de él empezó a sonar.
—Es AJ —dijo Jeff. Kina se inquietó—. Tranquila, no diré le nada —añadió antes de contestar—. Aquí, JB, te aviso que estás en altavoz, chico genio.
—Tío, no sabes lo que acabo de ver.
Jeff entornó sus ojos.
—Hum… ¿Una cien por ciento, como toda la abadía?
—¡Ya quisieras! DeBlanckfort, viejo. DeBlanckfort se cruzó toda la abadía hasta llegar al muro para encontrarse con Bryce.
Tengo la ligera sospecha de que la terrestre no está del todo feliz con su estadía; hace un rato intentó escalar el portón y el DII la detuvo, pero…
¡Él la besó! Te lo juro por toda mi colección de videojuegos, Jefferson, ¡DeBlanckfort besó a la terrestre!
Kina quedó atónita. Jeff le dedicó una sonrisa jocosa.
—¿No me habéis oído? —dijo AJ—. No es un invento, os digo la verdad, ¡lo tengo en las cintas! No es que pretenda ser un chismoso, pero… ¡La ha besado justo cuando ha llegado la heredera! ¿Debería borrarlo?
—Sí.
—No —dijeron al unísono.
—¡¿Estás loca, D'Agout?! —protestó Jeff—. Si alguien llega a enterarse, matarán al principito o se lo enviarán a Phillipe con lazo y todo.
—Pero… —Kina dudó—. Es ilegal, Jeff.
—Bueno, sí, no es del todo correcto, pero piensa en ambos: Terrestre es odiada por más de media abadía. Imagina lo que harán los estudiantes si alguien filtra esas cintas.
Kina se imaginó el resentimiento y el despecho; recordó las notas y las amenazas, pero también recordó las viejas historias que circulaban en forma de rumores:
—Lo mismo le sucedió a Ana —dijo con media sonrisa—. Muchos ponían en tela de juicio su procedencia y no querían que se casara con el rey.
Jeff la vio con dulzura, hasta que oyeron a AJ.
—¿De qué habláis? ¡Me refiero a DeBlanckfort y Bryce!
—No te pongas celoso, AJ, tienes toda nuestra atención. Ahora, ¿por qué no borras esas tomas y te metes en el DII para averiguar un par de cosas? —sugirió con expresión pícara.
Kina tragó saliva; estaba segura de que eso implicaba otra pila de leyes que estaban a punto de quebrar.