Revolución 24. Iker #2
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24. Iker #2

—¿Puede ser esto un círculo de confianza? —pregunté, mirándola—. Como un…

—Secreto de confesión —terminó ella por mí, poniendo la mano en alto—. No le diré nada a nadie. Pero esto me está creando mucho hype .

A pesar de la brisa del mar, de repente empecé a notar calor.

—Sé que tú sabes que soy del programa —dije, intentando usar el singular para no involucrar a Sora.

—Sí, ¿y qué?

Cris intentó sonar casual, pero algo en sus ojos me decía que habrían hablado del tema más de una vez.

—¿Te lo contó Sora? —quise saber.

—A ver…, estábamos seguras en un alto porcentaje —respondió, usando el plural—. Y sí, cuando se lo dijiste a Sora, ella me lo contó. Y entonces le pregunté a Álvaro…

«Oh, mierda».

—¿Qué te contó Álvaro? —quise saber.

Cris tardó un segundo en responder. Uno solo. Pero suficiente para que me diera cuenta de que ya le debía cierta lealtad.

—Solo que hiciste algo… porque estabas mal —dijo, bajando un poco la voz—. Y que él no hizo nada, pero decidió acompañarte en esto.

Aparté la mirada hacia el mar. Escucharlo en boca de otra persona suponía que lo de Álvaro pesara más. Se había metido en mi incendio sin tener por qué.

—Me aseguró que no eras un asesino ni nada supergrave —añadió con una risa fugaz.

Ladeé la cabeza para mirarla, con el ceño fruncido.

—Pero no sé por qué estás aquí. Y tampoco me interesa saberlo —prosiguió, rápidamente—. Va en contra de los principios del programa. Sora me mataría si me interesase, créeme.

—Porque Sora está detrás de todo el programa, ¿verdad?

Cris se quedó en silencio, intentando poner cara de circunstancias, pero los ojos se le abrieron tanto que la traicionaron al instante.

—¿Te lo ha dicho ella? —preguntó con cautela.

—No. Me lo ha contado Loli.

—¿Loli? —Puso los ojos en blanco—. Oh, Lord .

—Ella cree que Rocío es la que está cumpliendo los servicios —expliqué—. Supongo que Álvaro y yo no tenemos mucha pinta de serlo. Así que me lo dijo con toda la tranquilidad del mundo.

Me apoyé mejor contra el banco, intentando fingir que aquello no me importaba tanto.

—Pero no entiendo por qué Sora no me lo ha contado a mí… —añadí.

Cris me observó con una media sonrisa. Parecía estar entendiendo algo que ni siquiera yo entendía.

—Bueno, hasta hace tres días no os aguantabais. Y Sora no quiere que te sientas juzgado o cohibido.

—Ya, pero quizá si lo hubiera sabido… —murmuré, casi sin pensar.

—¿Te habrías comportado diferente desde el principio? ¿Menos… capullo?

Definitivamente habían hablado de mí. Las palabrotas en labios de Sora quedaban divertidas, pero en labios de Cris sonaban mucho más naturales.

—Es probable —reconocí.

—¿Crees que eso es lo que piensa Sora de ti? ¿Que eres un capullo?

—Bueno, ella misma me lo dijo —recordé, haciendo una mueca—. Literalmente.

Me recorrió un pequeño escalofrío en la espalda al recordar el día del almacén. Cómo me había llamado capullo unas veinte veces y cómo, aun así, desde nuestra caída algo había cambiado entre nosotros. Y eso que ni siquiera había pasado una semana, aunque se sentía una eternidad desde entonces.

—Una cosa es decirlo cuando la estás poniendo de los nervios… Y créeme, la estabas poniendo de los nervios, eso sí es cierto. —Cris, como siempre, fue sincera sin ningún pudor—. Y otra cosa distinta es pensarlo de corazón.

—En realidad, no tengo ni idea de lo que piensa —mascullé, más para mí que para Cris.

Ojalá pudiera colarme unos segundos en sus pensamientos.

Verme a través de sus ojos. Descubrir si pensaba que era un roto que arreglar o una persona que merecía la pena conocer.

Saber cuáles eran sus sueños, sus miedos, sus deseos profundos.

Si llevaba alguna mochila a la espalda, como yo. Si estaba de verdad enamorada de David…

—Pero te importa.

No fue una pregunta.

—Cris, no…

—Yo solo digo que ayudaría mucho si te quitas un poco la armadura con ella.

Cris alzó las cejas en una expresión confidente mientras yo pensaba que no tenía ni idea de cómo se hacía eso de quitarme la armadura, ni si era buena idea.

Entonces un sonido agudo llegó desde su bolsillo.

—¡Mira por dónde! —dijo antes incluso de sacar el teléfono y comprobar la pantalla.

Leyó algo durante unos segundos. Luego deslizó el dedo y grabó una nota de voz.

— Okey makey , vamos para allá.

Me miró con expresión traviesa y volvió a deslizar el dedo para mandar otro audio.

—Por cierto, estoy con Iker.

Me guiñó un ojo y yo puse los ojos en blanco.

—Sora y algunos más han bajado a la playa a merendar —me informó, guardando su teléfono—. Álvaro también está. ¿Te apuntas?

Dudé por unos segundos, buscando una excusa lo suficientemente convincente para no ir. Pero, en realidad, me moría de ganas de verla. Así que echamos a andar por el paseo hacia la dirección que Sora había mandado.

—Ahora que hemos hecho este pacto de silencio… —comenzó Cris—. Y no voy a decirle a nadie que te mola Sora…

—¡No he dicho eso en ningún momento! —protesté.

—Ahora tengo una pregunta yo —dijo, ignorándome.

La miré, bastante asustado. El estómago se me cerró por un instante.

—Por favor, que sea fácil —supliqué.

Ella se pasó una mano por la nuca, visiblemente nerviosa.

—¿Quién es Valeria?