23. Capítulo veintitrés #3
—Voy a ponerme en contacto con una vieja amiga —dijo—. Parece que tiene oídos en todas partes. Quizá tenga alguna información que nos ayude.
—No hace falta que hagas eso. —Noel agarró el brazo de Gideon—. Hay otras maneras…
—Pero esta es rápida y sin apenas consecuencias. Todo irá bien.
Ni Jai ni Noel parecían contentos con ese giro de los acontecimientos, pero no discutieron. El cansancio se instaló en mis huesos, me acurruqué en el hombro de Noel y cerré los ojos. Tenía el cerebro agotado y el cuerpo dolorido. Solo quería dormirme y no despertar en unos cuantos años.
—Está agotado. —Jai bostezó y yo lo imité. Compartimos una pequeña risa—. ¿Qué tal si intentas dormir un poco más?
No creía que pudiera, pero lo intentaría.
—Vale.
Con la ayuda de Noel, me tambaleé y me dirigí al pasillo. Mis pies eran de plomo y los arrastraba detrás de mí a cada paso. No sabía que fuera posible estar tan cansado.
—Riley, antes de que te vayas. —La mano de Gideon se posó en mi hombro y me giré hacia él, balanceándome un poco.
—¿Sí?
Tirándose de la oreja, Gideon se apartó de mí. Su mirada recorrió la habitación sin encontrarse con la mía.
—Sé que esta noche ha sido intensa, pero no quiero ignorar lo que pasó ayer por la mañana.
—Gid, es tarde. Podemos hablar de eso después de dormir. —Noel frotó el hombro de Gideon, y el hombretón asintió.
—Por supuesto. Tienes razón. Ahora no es el momento.
Lo último que quería era volver a discutir. Ya no me quedaban energías.
—No pasa nada. Quiero decir…, todo eso ya no importa.
Por supuesto, Jai no estuvo de acuerdo.
—No hagas eso, Riley. No evites el tema. La hemos jodido de verdad y tienes todo el derecho a odiarnos a muerte. No actúes como si no importara cuando importa.
—Yo…
—Tiene razón —dijo Noel—. Lo que sientes es válido e importante. No lo descartes como si no valiera nada. Vale algo. Importa, porque tú importas.
Si me hubiera quedado alguna lágrima por derramar, lo habría hecho entonces.
—Entiendo por qué tuvisteis que hacer lo que hicisteis.
—Pero ¿entiendes que no queríamos hacerlo? Cómo deseábamos no tener que engañarte… —Gideon se agachó ante mí, y yo casi me reí por ser más alto que él por primera vez en mi vida—. Que tuviéramos buenas razones no significa que fuera la decisión correcta. El fin no siempre justifica los medios.
»Confiaste en nosotros y te traicionamos. Yo te traicioné. —Apartó la mirada, con la mandíbula crispada—. Espero que algún día encuentres en tu corazón la forma de perdonarme.
—Perdonarnos —añadió Noel, con los dedos apretando el hombro de Gideon—. No fue solo decisión tuya.
Haciendo uso de un coraje que no sabía que tenía, me arrodillé frente a Gideon y deslicé mi mano entre la suya.
—Me duele que te metieras en mi cabeza, que no supiera que estabas ahí en los momentos en que me sentía tan solo. Pero creo que hiciste lo que creías que tenías que hacer para protegerme.
Gideon abrió la boca para protestar y yo le aplasté los dedos para detenerlo.
—Quizá hubiera otra forma, quizá no. Pero sé que mi interés estaba en el centro de todas las decisiones que has tomado como mi guardián.
Porque eso es lo que eres. —Me encontré con la mirada de Jai, luego la de Noel—.
Es lo que sois. Cuidáis de mí; siempre lo habéis hecho.
Y quiero perdonaros. Quiero volver a confiar en vosotros.
A Noel se le cortó la respiración cuando se desplomó a mi lado y me abrazó con fuerza, y Gideon me agarró la mano. Jai puso los ojos en blanco y refunfuñó en voz baja, pero se unió a nuestro abrazo grupal, bajando al suelo detrás de mí.
—Volveremos a ganarnos tu confianza, pequeño. —El pulgar de Gideon presionó el dorso de mi mano—. No somos perfectos. Cometemos errores. Igual que te hemos fallado en las últimas veinticuatro horas, te volveremos a fallar.
—Creía que erais perfectos —bromeé, rodeando el brazo de Noel, y mis ángeles rieron entre dientes.
—Ojalá pudiera decir lo contrario, pero estamos lejos de ser perfectos. —Un destello de picardía iluminó los ojos de Gideon—. Somos ángeles, no santos.
Me reí, acurrucándome en el hombro de Noel.
—Qué decepción.
—Impertinente. —Jai me dio un codazo en el costado, con su barba desaliñada raspándome el hombro desnudo, y yo chillé como un ratón.
Cuando el humor se desvaneció, Gideon tiró de mi mano para captar mi atención una vez más.
—Bromas aparte: sé que estás asustado, confuso y abrumado. Sé que estás sufriendo, pero te prometo, Riley, que no estás solo. Serás parte de nuestra familia mientras quieras serlo. Hasta que digas lo contrario, no nos iremos a ninguna parte.
La emoción me ahogó la garganta, pero me tragué el sollozo que luchaba por liberarse.
—Nunca he tenido familia.
—Pues estás de suerte. —Jai raspó contra mi nuca—. Acabamos de conseguir un nuevo miembro en forma de Riley en la nuestra.
Noel me estrechó con fuerza y sus labios rozaron mi frente.
—Siempre hemos sido tu familia.
Gideon sonrió con un hoyuelo en la mejilla.
—Y siempre lo seremos. Te lo prometo.
Toda mi vida había estado solo, pero ya no quería estarlo. Quería lo que me ofrecían, aunque no lo entendiera. Decían que eran mi familia, y me aferré a esa promesa con ambas manos.
No tenía ni idea de lo que pasaría al día siguiente o al otro. Lo que sí sabía era que, contra viento y marea, mis ángeles estarían a mi lado. Fuera lo que fuera lo que me deparara el futuro, no estaría solo.
Ya no.