Revelaciones (Azufre y Fuego 1) 23. Capítulo veintitrés
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23. Capítulo veintitrés

Capítulo veintitrés

—¿Nefilim? Eso es una locura. —Me burlé de la escandalosa afirmación y esperé que estuvieran de acuerdo, que se rieran como si fuera una broma de mal gusto. Pero nadie se rio. Tres expresiones serias me devolvieron la mirada.

¿Nefilim? Reconocí el término de la santa Biblia de la señora Janet, pero la descripción bíblica difería de la mía.

Se suponía que eran gigantes, y yo era lo más alejado a eso.

Me había pasado toda la vida siendo bastante anodino.

Y, ahora, ¿querían hacerme creer que era un híbrido de ángel y humano?

No podía ser un nefilim. Pero tampoco era humano. ¿Quién era yo?

—Eres Riley —respondió Noel a lo que yo creía que había sido una pregunta no formulada—. Sigues siendo tú, cielo. Solo tienes algunos genes especiales recorriendo tus venas, nada más. Puedes lanzar a los gilipollas contra las paredes y hacer barbacoas de sabuesos infernales.

—¿Yo he hecho eso? ¿He sido yo? —Tres cabezas asintieron y me llevé la mano al corazón—. ¿Cómo?

—Eres un nefilim, nacido de un humano, engendrado por un ángel —dijo Gideon—. Tus habilidades deberían haber aparecido antes, pero, dada tu personalidad y tu historia, es posible que tu madurez angélica se haya visto retrasada.

Noel me tapó los oídos con las manos, como si eso me impidiera oírlo.

—No uses esa palabra, tiene connotaciones negativas. —Quitó las manos y sonrió de forma muy dulce—. Solo eres un florecimiento tardío.

Gideon intercambió una mirada confusa con Jai antes de asentir vacilante.

—Claro. Claro. Solo quería decir que desarrollaste tus habilidades más tarde de lo habitual, por eso no estábamos seguros de tu herencia hasta esta noche.

—¿Qué significa eso? ¿Para mí y mi vida? —Me acerqué a Noel, y él entrelazó nuestros dedos al instante y me puso los pies en la tierra. Entendió lo que necesitaba sin que yo tuviera que decirlo.

—Significa que tendrás cientos de chicas acudiendo a ti para experimentar tus dedos electrizantes.

—Jai me movió los dedos en la cara mientras Noel y Gideon se encogían de hombros.

No entendí la broma, y las risitas de Jai se desvanecieron—.

Va a cambiarlo todo, Riley, pero estaremos aquí para ayudarte a superarlo.

Firmó su promesa con un apretón en mi nuca, y parpadeé para alejar el ardor de mis ojos.

—Entonces, ¿yo también tengo superpoderes?

—Claro que sí.

—Los poderes se manifiestan de formas distintas en cada nefilim; normalmente, en función de su parentesco —explicó Noel—. No sabemos quién te engendró, quién es tu sire, así que al principio todo serán conjeturas. Pero, si nos basamos en la apariencia física…

—No queremos hacer suposiciones —dijo Gideon con una mirada significativa, y Noel asintió.

—De acuerdo. Iremos poco a poco.

Volvían a ocultarme cosas, pero quizá era lo mejor. Mi cabeza ya estaba a punto de estallar, y apenas habíamos empezado la conversación.

—¿Mi sire? ¿Te refieres a mi padre? ¿No sabéis quién es?

Como me abandonaron cuando era un bebé, nunca había sabido quiénes eran mis padres.

La única pista que tenía de mi pasado era un gorro azul bordado con mi nombre: Riley.

Era la única pieza que tenía de esos progenitores que nunca conocí.

Nunca me quisieron ni me amaron, pero me habían puesto un nombre. Tenía que servir de algo.

La decepción apagó la última esperanza que me quedaba cuando Noel negó con la cabeza.

—Fue lo primero que buscamos tras el ataque de los demonios, pero…

Se mordió el labio y se calló, como si hubiera dicho algo que no debía. Tiré de su mano.

—Pero ¿qué?

—No hemos podido localizar tu registro genealógico —dijo Gideon.

—¿Son difíciles de encontrar?

—No —dijo Noel.

Jai terminó su frase.

—Eso es lo raro.

Miré a Gideon en busca de una respuesta mejor y él extendió las manos.

—Los registros de historia y genealogía son de libre acceso en los Archivos, pero el tuyo no estaba entre los pergaminos. Hemos buscado incluso en los pergaminos sellados con la ayuda de un viejo amigo, un Querubín, pero no hemos encontrado ningún rastro.

—¿Mi registro estará mal etiquetado o quizás se ha traspapelado? —No sería la primera vez que mis papeles se perdían en la confusión: los asistentes sociales los perdían a menudo.

—Es posible —dijo Gideon, pero su expresión desmentía sus palabras.

Noel me pasó la palma de la mano por el dorso y negó con la cabeza.

—Los Querubines son meticulosos.

—He dicho que era posible, no probable.

—Ya le hemos mentido bastante, ¿no crees? —La mano de Jai permaneció en mi nuca, su pulgar masajeando mis tensos músculos—. Díselo.

—¿Decirme qué? —La irritación me arañaba las venas y me picaba la piel—. Por favor, cuéntamelo. Quiero saber quién soy.

Con las manos entrelazadas entre las rodillas, Gideon se humedeció los labios y suspiró.

—Los ángeles no son infalibles, pero un error por parte de los Querubines es poco probable. Es más plausible que tu registro fuera eliminado a propósito. Tal vez lo colocaran en otro lugar o lo destruyeran. No lo sabemos.

—¿Por qué alguien cogería mi registro? —Claro, ser medio ángel era una locura, pero no creía que justificara acciones tan extremas—. ¿Por qué lo destruirían?

—No sabemos qué ha pasado. Todo lo que sabemos es que ha desaparecido. Y la verdad, no es la primera cosa sospechosa que hemos encontrado… —dijo Noel.

Mi frustración aumentó, pero Gideon habló antes de que pudiera expresarla.

—No exageremos.

—No es una exageración, Gid. Alguien nos está jodiendo —indicó Jai.

—Vale, no pretendía empezar una teoría de la conspiración. —Noel golpeó la pierna de Jai—. Solo quería decir…

—Si el Consejo sabía lo que era Riley y no nos lo dijo, nos estaban jodiendo.

Si el Consejo no lo sabía cuando nos reasignaron, otro los estaba jodiendo a ellos.

Y si nadie en todos los reinos hubiera sabido lo que era Riley, entonces su expediente estaría en los putos Archivos, donde debería estar.

—Jai se desplomó en el respaldo del sofá y señaló con el dedo el aire—.

¡Alguien está jodiendo a alguien, pero nosotros somos los que están jodidos!

—Como de costumbre, tu imaginación es asombrosa —dijo Gideon—. Pero Jairo tiene razón hasta cierto punto. Hay alguien ahí fuera que quería que tu identidad y tus posibles habilidades permanecieran latentes y secretas. Tengo la intención de averiguar quién.

Una vez más, había fuerzas externas que dictaban mi vida, y yo ni siquiera lo había sabido. Mi corazón se encogió. ¿Nunca sería libre?

—Tal vez trataban de protegerlo —sugirió Noel—. Puede que fuera por su propio bien, como un nuevo sistema puesto en marcha para proteger a los nefilim restantes.

«Espera, ¿qué?».

—¿Por qué hay que proteger a los nefilim? —Mi voz se quebró, y al instante me abrumaron unas manos reconfortantes.

—No hay razón para tener miedo. Nosotros estamos aquí. Nunca dejaremos que te pase nada. —Noel me acarició las mejillas, pero quité sus manos.

—Deja de mimarlo. —Jai expresó mi muda queja.

—Necesita conocer la realidad de su situación, de lo que esto podría significar para él. —Gideon se puso del lado de Jai—. La ignorancia es peligrosa, como todos hemos descubierto.

Con el ceño fruncido, Noel cruzó los brazos sobre el pecho.

—Tampoco necesitamos asustarlo.

—Quiero saberlo. —Le rogué en silencio que lo comprendiera, y los hombros de Noel cayeron derrotados—. Necesito saberlo.

Gideon se pasó una mano por el pelo, no parecía muy contento con la situación.

—Durante las dos últimas décadas, los nefilim han ido desapareciendo. Nadie sabe por qué los atacan, pero su número ha disminuido drásticamente. Por la poca información que hemos conseguido reunir, han sido llevados al inframundo. Que yo sepa, ninguno ha regresado.

No me di cuenta de que estaba temblando hasta que Jai me atrajo hacia él y me estrechó contra su pecho vendado. Noel me cogió las manos y frotó calor en mis dedos helados, y yo luché por recuperar el aliento.

—Vamos a cuidar de ti, ¿vale? —me susurró Jai en el pelo—. No digo que no debas tener miedo. Serías un idiota si no lo tuvieras, pero no tienes que permitir que te controle. Dale al miedo su lugar, luego confía en que haremos nuestro trabajo. Vamos a protegerte. Pase lo que pase.

Cuando mi temblor se calmó, respiré profundamente y mis pulmones se llenaron de dokha , lila y menta.

—Lo sé. Es que hay mucho que asimilar.

—Lo hay. Me disculpo por echarte todo esto encima, pero no se puede evitar —dijo Gideon—. Tenemos más preguntas que respuestas y es imperativo que entiendas la delicada situación en la que nos encontramos.

»Por alguna razón que desconocemos, alguien ha ocultado tu verdadera herencia. No sabemos si el Consejo está implicado o no, pero, sea como sea, creo que es prudente no llamar demasiado la atención.

—Ya lo hacemos, de todos modos —dijo Jai.

—Excepto que esta vez no es por nuestra conveniencia, sino por la seguridad de Riley. —La declaración de Gideon cayó por la habitación como la hoja de un hacha, y mis secundarios se enderezaron.

Me aclaré la garganta y resistí el impulso de levantar la mano como si estuviera en la escuela.

—Creo que se me escapa algo. ¿Por qué íbamos a escondernos de esa gente del Consejo si son ellos los que mandan?

¿No deberían saber que me han atacado? ¿No deberían estar protegiendo a los nefilim?

Quiero decir, los nefilim son en parte ángeles, así que deberían recibir ayuda de las autoridades celestiales, ¿no?

—Es complicado —insistió Gideon.

—¡Entonces, explícamelo para que lo entienda! —Enterré la cara entre las manos para contener mi enfado—. Lo siento. He sido muy grosero.

Sujetándome las muñecas, Gideon me llevó las manos al regazo.

—No te disculpes. Entiendo que es frustrante. Solo queríamos ahorrarte dolor, pero, quieras o no, ahora formas parte de este mundo. Necesitas saber cómo navegar por él.