22. Capítulo veintidós
Capítulo veintidós
Mientras flotaba en un océano de cristal, escuché el latido rítmico de un corazón debajo de mi oído. El calor palpitaba a través de mi pie, en cadencia con el latido sordo del corazón, y me sumergí más hondo en la dicha. Me rendí a la menta balsámica, y me dejé arrastrar por la corriente.
En algún momento, las voces se filtraron en mi reposo y mis oídos se agudizaron al reconocerlas. Nadé hacia la superficie, pues quería estar más cerca de los dueños de dichas palabras. Poco a poco, regresé a la tierra de los vivos.
—Jai, deja de retorcerte —ordenó Noel.
Se oyó el crujido de algo que se desgarraba, y Jai siseó.
—¡Ay! Ten cuidado.
—¡Pero bueno!, ¡te he dicho que dejaras de retorcerte!
—Por favor, no manches de sangre el sofá. —La voz de Gideon retumbó en mi mejilla y me estremecí. Una mano pesada descansaba sobre mi cabeza, dedos gruesos recorrían mi cabello—. Shhh, no les hagas caso, pequeño. Todo está bien.
Relajándome bajo sus atenciones, me mecí a lo largo de la superficie de la conciencia sin despertar del todo. Estaba seguro ahí en este estado intermedio, y no sabía a qué tendría que enfrentarme al despertar.
—Entonces, ¿puedo recordarte que me debes cincuenta dólares? —Noel soltó una risita ante la maldición de Jai.
—No puedo creer que se haya iluminado como un maldito árbol de Navidad. Ha sido increíble.
—Bueno, ya era hora de que mostrara sus habilidades.
—Casi nos asa.
—¡Eh, no lo ha hecho, es un niño mayor!
Como siempre, Gideon intervino.
—Ha mostrado una cantidad sorprendente de control. Su poder ha pasado por completo encima de cada uno de nosotros.
—A mí me ha quemado —refunfuñó Jai, y Noel resopló.
—Probablemente porque has cogido al sabueso que Riley estaba asando. La próxima vez, mantén tus manos alejadas cuando Riley reparta venganza.
—¿Cómo se supone que…? ¡Ay! Ten cuidado. ¿… debería haber sabido que se iba a convertir en una supernova? Lo he visto comportarse como un maldito mártir, tratando de salvarle el culo a Gideon…
—Para que conste, no necesitaba que me salvaran. —La ofensa coloreó el tono de Gideon—. Ahora, bajad la voz. Necesita descansar.
—Estoy bien. —Traté de levantar la cabeza, pero la sentía muy pesada.
—Silencio. —Por segunda vez, la gran mano de Gideon se posó en mi cabeza—. Duerme.
Apretado contra su pecho desnudo, me relajé.
Nunca había estado tan cerca de mí, nunca me había abrazado así antes.
Me gustó la inmensidad de su cuerpo en comparación con el mío, más pequeño, como si pudiera perderme dentro de su abrazo.
Mi estado de semiinconsciencia reforzó mi coraje, y le rodeé el cuello con un brazo y me acurruqué en su pectoral.
El vello de su pecho era suave y peludo, y me hacía cosquillas en la nariz.
Gideon se convirtió en piedra debajo de mí.
—Eh, ¿alguno de vosotros quiere llevárselo?
—Me parece que está muy cómodo —dijo Jai—. ¿Qué opinas tú?
Las campanillas de viento de Noel tintinearon en la habitación.
—Sí, será mejor que te quedes con él, Gid.
Estuve de acuerdo. No había forma de que lo dejara escapar, no ahora que finalmente lo tenía.
El gruñido de Gideon recorrió mi cuerpo.
—Muchas gracias.
A medida que me despertaba más, luché contra mis pesados párpados y observé cómo mis dedos desenredaban los rizos rubio oscuro que cubrían su esternón.
Tardé demasiado en relacionar lo inapropiado de mi tacto con la incomodidad resultante que se filtraba por todos los poros de Gideon.
Estaba lejos de estar relajado, y mis mejillas se enrojecieron cuando mi mano se congeló y mi mirada se elevó vacilante hacia la suya.
Su nuez se balanceaba en mi visión periférica.
—Todavía es muy temprano. Vuelve a dormir.
Luché contra la atracción de su sugerencia. Había algo de vital importancia que no recordaba, ¿no? ¿Dónde estaba? ¿Por qué estaba allí? ¿Qué había pasado?
Una ceja rubia se arqueó y me levanté de mi posición reclinada en sus brazos mientras los acontecimientos de las últimas veinticuatro horas bombardeaban mi cansado cerebro. Nuestra discusión, Brian, los bosques, los sabuesos infernales… Todo.
—Ay, Dios mío, ¿estás bien? —Agarré la cabeza de Gideon e inspeccioné el lugar donde había estado sangrando.
Su cuero cabelludo se había curado hacía mucho rato, así que dirigí mi atención a su torso.
Mis manos se deslizaron sobre sus costados, analizando las heridas cerradas dejadas por las púas del perro infernal.
Con un extraño gruñido, Gideon se sacudió y capturó mis muñecas para apartarlas de su cuerpo.
—Estamos bien, Riley. Nos curamos muy rápido.
—¡Había tanta sangre…!
—Estoy bien. Todos estamos bien.
«¡Todos!».
Me puse de pie tambaleándome, trepé por encima de la mesa de café para alcanzar a Noel, y él me cogió antes de que cayera de bruces.
Su piel de marfil era casi translúcida, sus ojos incoloros, apagados como el cemento.
La preocupación se alimentó de mis temores y le subí la camisa blanca.
Tracé las líneas rosadas que se desvanecían donde habían desgarrado su pecho.
—Estabas sangrando. —Me aparté de Noel y caí en el regazo de Jai, con las manos sobre la gruesa venda que envolvía su hombro—. Estabas herido.
Unos dedos callosos me aprisionaron las caderas y se me trabó la garganta mientras tocaba el borde de la gasa.
—Estamos bien. Es solo un rasguño —susurró Jai.
—Pero, pero…
Noel me acarició la cabeza y Jai dirigió mi mano temblorosa hacia su pecho. Su corazón latía bajo mi palma, firme, fuerte.
—¿Sientes eso? Significa que estoy bien. ¿De acuerdo?
Asentí con la cabeza, me dejé caer a un lado y me desplomé en el sofá, junto a Jai.
—Lo siento. Lo siento mucho.
—No, no, no. No has hecho nada malo, cielo. —Noel se sentó al otro lado y me frotó el brazo—. En realidad, lo has hecho excepcionalmente bien. Estamos muy orgullosos de ti.
—¿Orgullosos? ¡Pero todo esto es culpa mía!
Gideon se deslizó hacia delante y apoyó los codos en las rodillas.
—No, esto ha sido culpa nuestra. Te dejamos solo porque pensamos que las protecciones te mantendrían a salvo. Nunca pensamos que el peligro vendría de tu mundo.
—Voy a poner fin a la patética y mortal existencia de tu imbécil compañero de cuarto. —Jai tomó mis piernas y las apoyó en su regazo, sus dedos tensos sobre mis pantorrillas.
—Pero…
—Queríamos respetar tu solicitud de espacio, pero, al hacerlo, te hemos dejado vulnerable. Te hemos fallado, Riley. —Con un movimiento de cabeza, Gideon cortó el contacto visual y se rascó el pecho desnudo—. Esto ha sido culpa nuestra. Lo sentimos mucho.
Su odio hacia sí mismo me dolió en el corazón y me acerqué a él. Resoplé, molesto, cuando mi brazo se quedó corto.
—No me habéis fallado. Me habéis encontrado. —Quité las piernas de encima de Jai y puse los pies en el suelo—. Me habéis salvado.
—En realidad, has sido tú quien nos ha salvado. —Gideon se movió del sofá a la mesa de café, sus rodillas rozaron las mías mientras tomaba mi mano extendida. Su voz adquirió un tono serio y mi columna vertebral se enderezó—. ¿Te acuerdas de lo que ha pasado?
Sí, lo recordaba, pero mi memoria tenía muy poco sentido. No sabía si podía confiar en mi cabeza.
—He vuelto a tomar prestados vuestros poderes de ángel, ¿verdad?
—¿Que si te hemos prestado nuestros…? —empezó a decir Gideon.
Pero Jai lo interrumpió de inmediato, incrédulo.
—¿Qué?
—¿Cómo que otra vez? —gruñó Noel.
Hablaban al mismo tiempo, luchando por acaparar mi atención, y me trabé con mis palabras mientras me apresuraba a explicarlo.
—B-Bueno, eh…, quiero decir, como, yo-yo… Más o menos. Hmmm…
Gideon alzó la mano y la habitación se quedó en silencio.
—En primer lugar, es imposible tomar prestados nuestros poderes angelicales. No hay ninguna conexión entre el guardián y el discípulo que pueda permitir que tal cosa suceda. En segundo lugar, explica a qué te refieres con «Otra vez».
Era una orden disfrazada de petición, y jugueteé con el dobladillo de mi camisa; bueno, la camisa de Jai.
Tenían la habilidad de vestirme con ropa limpia mientras estaba inconsciente.
Los nervios me carcomían el estómago cuando el miedo volvió.
¿Se enojarían? ¿Me entregarían a la policía por atacar a mi compañero de cuarto?
—Fue un accidente. No era mi intención, pero estaba muy enfadado.
—Haz respiraciones profundas. —Noel me frotó la espalda, su aliento calentó mi cuero cabelludo cuando besó la parte superior de mi cabeza—. Solo cuéntanos qué pasó.
Escudriñé la suciedad bajo mis uñas, demasiado avergonzado para enfrentarme a ellas.
—Le hice daño a Brian. Por eso me dejó en el bosque. Estaba muy cabreado y quería darme una lección.
Noel gruñó sin decir palabra mientras Jai lanzaba una serie de coloridas maldiciones, pero Gideon me dio unos golpecitos en la parte inferior de la barbilla y me indicó que lo mirara a los ojos.
—¿Cómo le hiciste daño?
Su mirada me penetró hasta el alma, y no pude negarle nada.
La verdad brotó de mí en un torrente, y vomité las palabras.
Los insultos de Brian, mi rabia desbordante, el ardor en mi pecho y la explosión de poder.
Le conté todo, lo que había llevado a Brian a abandonarme en el bosque.
Bueno, casi todo. No mencioné a Bethany ni nuestra conversación.
Eso se quedaría entre nosotros por ahora.
—No quise atacarlo, lo prometo. Pero él me llamaba… me llamaba… Y me enfadé tanto que no conseguí controlarlo.
—Venga, cielo, está bien. Todo el mundo pierde el control en algún momento. —Noel me consoló mientras Jai tiraba de mi camisa para llamar mi atención.
—Hiciste bien. Ese tío es un imbécil y merece que lo tiren contra la pared de vez en cuando.
Su indiferencia hizo que mi pánico se disparara.
—¡Podría ir a la cárcel! Si va a la policía…
—¿Y qué les va a decir? —Jai me apretó la rodilla con una risita—. ¿Que lo arrojaste al otro lado de la habitación sin siquiera tocarlo?
Bueno, si lo decía así…