14. Capítulo catorce #3
—Besa mi culito angelical, gilipollas. —Noel blandió sus tijeras como un arma cuando Jai se abalanzó sobre él, y yo me agaché para evitar que me empalaran.
—Por la Santísima Trinidad, ¿podríais dejar de comportaros como niños?
—Gideon apareció y me levantó del taburete al estilo nupcial.
Evitó, por poco, que Noel lo apuñalara con las tijeras mientras Jai golpeaba al bello ángel en la cabeza con un cepillo—.
Se supone que debes proteger a nuestro discípulo, no apuñalarlo.
Correctamente amonestado, Jai y Noel se separaron y agacharon la cabeza, avergonzados.
Cuando la mano de Gideon me calentó la parte baja de la espalda bajo la toalla, me puse rojo como un tomate.
Nadie me había tocado antes por debajo de la ropa, y ese revoloteo regresó a mi estómago con más fuerza.
—Lo siento —repitieron como loros Jai y Noel, y Gideon refunfuñó algo que no conseguí descifrar mientras me dejaba caer de nuevo en el taburete.
Noel siguió cortándome el pelo y Jai puso la película, ambos sometidos gracias a la reprimenda de Gideon.
Después de otros quince minutos, Noel dejó las tijeras a un lado e inspeccionó su trabajo.
Me revolvió los rizos y me sacudió los pelos sueltos, que me llovieron sobre la cara, espinosos. Estornudé.
—Ya está.
Me frotó el cuello, me ayudó a bajar del taburete y me quitó la toalla. Me peinó hacia un lado y luego hacia otro. Ya listo, me giró hacia Gideon y Jai, con las manos en los hombros.
—Le queda bastante bien, si me permitís decirlo. ¿Qué os parece?
Ardiente como el carbón, la mirada de Jai se deslizó desde la parte superior de mi cabeza hasta la punta de los dedos de mis pies y viceversa. Sus finos labios se curvaron en una sonrisa peligrosa y me tembló la barriga.
Gideon levantó la vista de su libro por encima de sus gafas de lectura y asintió.
—Muy guapo.
—Gracias. —Crucé los brazos sobre el pecho y apreté las manos en puños mientras Noel revoloteaba alrededor de mi cuerpo en círculos, hurgando en mis hombros y deslizando las yemas de sus dedos sobre mi piel desnuda.
—Tienes buen aspecto, Riles. —Jai se echó hacia atrás, flexionando los músculos de su pecho desnudo—. No es que antes no tuvieras buen aspecto, claro.
Deseoso de algo que me cubriera el torso, murmuré otro agradecimiento y busqué mi camisa. Noel me detuvo.
—¿Qué tal si te metes en la ducha? Te traeré un pijama. —Señaló hacia el pasillo y, agradecido por cualquier escapatoria que pudiera encontrar, asentí.
—Vale.
Sin mirar a ninguno, me escabullí por el pasillo, abrazándome el torso desnudo. Cuando llegué al baño, encendí la luz y me refugié dentro. La piel se me puso de gallina y me froté los brazos. No sabía por qué tenía ganas de hiperventilar.
Por suerte, la curiosidad pudo más que la inseguridad y me volví hacia el espejo de la pared. Me quedaba bien el pelo. No me lo había cortado demasiado, pero los rizos estaban menos caóticos que antes. A Noel se le daba bien la peluquería.
—¿Te gusta? —Noel se movió detrás de mí en el reflejo y di un grito de sorpresa—. Ay, perdona. No quería asustarte.
—No pasa nada. Estoy bien. —Le sonreí en el espejo—. Me gusta mucho. Gracias.
Noel colocó un bulto de ropa sobre la encimera y me pasó una dulce mano por el pelo.
—Sin problema.
Haciendo acopio de valor, le rodeé la cintura con los brazos y lo abracé. Escondí la cara en su camisa y él resopló. Me puso una mano en la cabeza y me rodeó la espalda con la otra.
Era la primera vez que iniciaba un contacto entre nosotros. Parecía tan sorprendido como yo por mi atrevimiento.
—Gracias, Noel —repetí, y él me estrechó con más fuerza.
—De nada, cielo. —Me besó en la coronilla y casi morí de felicidad—. Dúchate y terminaremos de ver la película.
Asentí y, tras otro beso en la cabeza, me dejó en el baño para que me duchara.
Cuando terminé, salí vestido con los pantalones de chándal de Noel y una camiseta demasiado grande de Jai. Como la primera vez, nadé en sus ropas, pero, en secreto, me gustaba estar rodeado de sus olores enfrentados. Las lilas luchaban con el dokha , pero la combinación era muy reconfortante.
En la sala de estar, Noel terminaba de peinar a Jai, recortando los lados a ras de cuero cabelludo para que destacara su fauxhawk .
Gideon leía un libro en otro idioma —francés, pensé— mientras Jai jugaba en su teléfono.
Todos me sonrieron mientras me acercaba al sofá, intentando que los pantalones de Noel no se me cayeran.
Jai se duchó a continuación y Noel se puso su pijama: unos pantalones de felpa a cuadros grises y blancos y una camiseta blanca. Se sentó en el suelo, entre mis piernas, y me dio una goma para el pelo.
—¿Sabes hacer trenzas? —me preguntó, y yo negué con la cabeza.
—Creo que no.
Frunció los labios.
—Ah, bueno, entonces, juega con mi pelo hasta que vuelva Jai. Él te enseñará.
Como Noel había predicho, Jai hizo exactamente eso. La película se reanudó y él me enseñó a trenzarle el pelo a Noel como a él le gustaba. En lugar de sujetar la trenza terminada, Jai la sacudió una vez más y luego inclinó la cabeza de Noel hacia mí.
—Inténtalo tú.
Con dedos torpes, lo intenté y no conseguí trenzarle el pelo.
Tuve que hacer varios intentos y necesité correcciones de Jai antes de que se lo dejara bien.
Pero a Noel no le importó. Le gustaba que jugáramos con su pelo y, como un gato satisfecho, se contoneó en su asiento entre mis piernas, ronroneando feliz.
—¿Siempre le trenzas el pelo? —pregunté en cuanto Noel se fue al baño, y Jai resopló.
—Puede trenzarse su maldito pelo él solito. —Jai se tumbó de lado y apoyó la cabeza en mi regazo—. Es que le gusta más cuando lo hago yo.
Por alguna razón, la confesión de Jai me llenó de alegría.
—Entonces, ¿lo haces por él, porque le gusta?
Jai cogió un cordón suelto de los pantalones de Noel que había a la altura de mi rodilla y se encogió de hombros.
—Supongo.
—Qué tierno.
Encogiéndose de hombros de nuevo, Jai agarró mi mano y la dejó caer sobre su cabeza en una orden clara.
—Es mi otro —afirmó, como si eso lo explicara todo. Para él, quizá sí.
Pasé los dedos por el pelo corto de Jai, rascándole el cuero cabelludo mientras suspiraba satisfecho. Noel no era el único al que le gustaba que alguien jugara con su pelo, al parecer.
La película transcurrió en una ráfaga de colores y sonidos borrosos.
No entendí de qué trataba, demasiado distraído con la cabeza de Jai en mi regazo y el calor de Noel a mi otro lado.
Cuando la camisa de Jai se deslizó sobre uno de mis hombros, Noel pasó un brazo detrás de mí y trazó ochos sobre mi piel desnuda.
Me quemaba por dentro y por fuera y, aunque mi cerebro me ordenaba que me apartara, no me atrevía a obedecer. Quería disfrutar de su sol.
Miré a Gideon y vi que nos observaba atento.
Su expresión era una mezcla de confusión y curiosidad; su mirada, intensa y escrutadora mientras me apoyaba en el costado de Noel, con la cabeza en su hombro.
No sabía qué hacer o decir en respuesta al ceño fruncido de Gideon, así que le dediqué una sonrisa tentativa.
Él me devolvió la sonrisita, con un hoyuelo dibujado en la mejilla, y mi preocupación se disipó. En cuanto se me cerraron los ojos, sucumbí a su calor abrumador y caí en la inconsciencia.