Revelaciones (Azufre y Fuego 1) 9. Capítulo nueve #2
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9. Capítulo nueve #2

—En realidad, no es necesario. Quiero decir que las Potestades y Principados protegen el reino de los mortales de ser invadido por demonios. Así que, sin pretenderlo, protegen a la humanidad, supongo. Pero eso es otro departamento.

—¿Departamento?

Él frunció los labios, cruzó una pierna sobre la otra y las manos sobre la rodilla.

—Bueno, sí. Hay diferentes clases de ángeles, y tenemos diferentes trabajos. Da la casualidad de que somos guardianes y nuestro trabajo es velar por ti.

Eso no respondía a mi pregunta.

—¿Y por qué tengo guardianes?

—No lo sé. Saberlo está un poco por encima de nuestro nivel salarial. Nos asignaron a ti, o te asignaron a nosotros. —Noel frunció el ceño antes de negar con la cabeza—. Y eso es lo que importa. No preguntamos por qué, y ellos no nos lo dijeron.

—¿Ellos? —Era curioso por naturaleza, pero aprender sobre un mundo de ángeles y demonios y reinos mágicos era algo muy distinto.

Noel parecía incómodo de ser el único informante, pero ni Jai ni Gideon se decidieron a tomar el relevo.

—Bueno, ya sabes, nuestros jefes. Como secundarios, Jai y yo informamos a Gideon, y Gideon informa al Consejo Arcángel.

Gideon asintió para confirmar sus palabras mientras daba la vuelta a una tortita en la sartén, y la confianza de Noel aumentó.

—Así que sí, el Consejo asigna tareas en función de lo que ven los Tronos…

—¿Tronos? —interrumpí, tapándome la boca con una disculpa entre dientes.

—Los Tronos son los ojos y las bocas del Destino.

—Gideon pasó a nuestro lado de la cocina-comedor con una elegancia que no habría esperado de alguien de su tamaño—.

Ellos «observan». El pasado, el presente y el futuro; lo ven todo.

Son los instrumentos del Creador para dictar ciertas sentencias y mantener el mundo en el camino correcto.

El universo debe permanecer en equilibrio.

Ni la oscuridad ni la luz deben tener demasiado poder.

Se espera que nosotros, como ángeles, hagamos nuestro trabajo para mantener ese equilibrio.

Le entregó a Noel un plato lleno y luego nos ofreció a Jai y a mí uno a cada uno. Lo acepté con los ojos muy abiertos: ya podía saborear la pila de tortitas cubiertas de sirope y beicon crujiente. Mi estómago volvió a rugir cuando coloqué el plato sobre mi regazo.

Sin más preámbulos, Jai y Noel se zamparon la comida con gusto, y yo los imité, llevándome a la boca un bocado de tortitas de manzana y canela.

Se derritieron en mi lengua. El sabor terroso de las nueces contrarrestaba el dulzor del sirope y las crujientes manzanas le daban el toque justo de frescura.

—Madre mía, qué rico está esto —dije con la boca llena y, aunque él no acusó recibo del cumplido, noté que las mejillas de Gideon se coloreaban.

Se aclaró la garganta y continuó con su explicación.

—Como ha dicho Noel, las Potestades y los Principados mantienen el equilibrio en el reino terrenal y se aseguran de que la humanidad no sea invadida por poderes demoníacos.

Los Dominios son nuestros portadores de almas, y las llevan a sus lugares de descanso final.

Los Tronos casi nunca salen de su santuario, pero entregan visiones y mensajes cuando lo consideran importante.

—Los Querubines son nuestros guardianes de registros, nuestros maestros, investigadores, científicos…

—Auténticos cerebritos —añadió Noel.

Gideon aprovechó la pausa para dar un bocado a su comida antes de continuar:

—Los arcángeles ocupan los asientos del Consejo por mandatos, y hacen cumplir la ley y el orden. Políticos, por así decirlo. —Hizo una mueca, pero no dio más detalles—. Los Serafines son nuestros guerreros más poderosos, pero todos los ángeles están entrenados para el combate. Incluso las Virtudes.

Jai resopló en su plato al oír el nombre, y Gideon le dirigió una mirada severa.

—¿Qué? —preguntó Jai, que masticaba beicon—. Las Virtudes son unas mierdecillas molestas.

—Jairo —lo reprendió Gideon.

Jai le agitó una tira de tocino en la cara.

—¡Hablo en serio! Hablan de amor, armonía y naturaleza. Revolotean como pequeñas hadas abrazadas a los árboles. No puedes tener una conversación decente sin ofenderlas, y no puedes contar con ellas para nada porque son unas cabezas huecas.

—Solo estás enfadado porque no puedes acostarte con una —le espetó Noel, y él le dio la espalda.

Refunfuñó en voz baja, Jai apuñaló despiadadamente otro bocado de tortitas.

—Podría acostarme con una Virtud si quisiera.

—En cualquier caso —Gideon interrumpió la incómoda conversación mientras yo luchaba contra el acalorado rubor de mis mejillas—, desempeñan un papel importante a la hora de mantener cohesionado el ecosistema terrenal para que el hombre no muera.

—Me sorprende que lo consigan. —Aunque Gideon rechinó los dientes, Jai continuó masticando su tocino con una serena expresión de inocencia en el rostro.

—En fin, esta es una explicación sencilla de los ángeles. Hay mucho más, pero no quiero agobiarte. —Yo ya estaba abrumado, pero era muy amable por parte de Gideon preocuparse por mí—. Como ha explicado Noel, yo soy tu primario y ellos, tus secundarios.

—¿Mi primario? ¿Como si fueras su jefe? —Jai y Noel soltaron sendos ruidos que dejaban claro que los acababa de ofender, y yo retrocedí—. Lo siento, solo quería decir…

—Dependen de mí —dijo Gideon con sencillez.

Noel frunció los labios como si hubiera probado algo agrio.

—Es más como un ama de casa con muy mal genio.

—Bueno, si no os comportarais como niños testarudos, no tendría que hacer de madre —replicó Gideon.

—No es culpa mía que mi otro sea un niñato a medio madurar. —Noel dejó el plato vacío sobre la mesita y se tumbó con elegancia en el sofá, a mi lado—. Yo soy el niño bueno, por si no te habías dado cuenta —susurró de forma conspiranoica, y Jai soltó una pedorreta contra la palma de la mano.

—¡Sois imposibles! —Gideon nos ignoró para comerse sus tortitas.

Incapaz de dar otro bocado, le ofrecí a Noel mi plato a medio terminar y me lo arrebató de las manos como si no hubiera comido en días.

—¿Qué es un otro?

Noel y Jai compartieron una mirada antes de que ambos se encogieran de hombros y señalaran al otro.

—Este —dijeron a la vez.

—Es mi otro. —Noel se metió un bocado de tortita en la boca.

—Y él es mi otro. —Jai me robó un trozo de tocino sobrante del plato y Noel bufó como un gato.

—No lo entiendo. —Mi atención pasó de un lado a otro, y Jai se echó hacia delante, rascándose distraídamente el pecho.

—Bueno, los guardianes secundarios siempre vamos en parejas. Las parejas se crean juntas, como un equipo.

—Ah, ¿sois gemelos? —La verdad, aparte de sus gestos y su constitución física, no se parecían en nada.

—No, no, no somos parientes. —Jai se levantó y recogió los platos vacíos—. De ninguna manera. Ni hablar.

Noel forzó su gran bocado de comida a través de la garganta.

—¡Si de verdad compartiéramos ADN, correría al inframundo y les rogaría que me llevaran al Seol!

—Reina del drama —llamó Jai desde la cocina.

—¡Idiota testarudo! —Noel metió un último bocado de tocino en su boca con un guiño.

—Estoy confundido. —Me froté las sienes mientras el cansancio amenazaba con vencer mi insaciable curiosidad—. Dijiste que habían nacido juntos…

—Los ángeles no nacen. Son creados —dijo Noel—. Jai y yo fuimos creados juntos, pero no estamos emparentados como tú quieres decir.

Para salvar mi cordura, Gideon volvió a unirse a la conversación.

—Los secundarios se crean por parejas como opuestos complementarios. Están unidos el uno al otro por toda la eternidad, pero, dadas sus personalidades opuestas, entenderás por qué discuten como un viejo matrimonio.

Jai se estremeció ante la insinuación.

—¡Qué asco!

—¡Puaj! Gideon, ni siquiera bromees con eso. —Noel tuvo una arcada teatral.

Esa vez no conseguí ocultar mi diversión y me reí en mi mano mientras Jai y Noel ladeaban sus cabezas en direcciones coincidentes al mismo momento.

Era extraño. Se reflejaban y giraban el uno en torno al otro inconscientemente.

Era divertido y bastante dulce. Seguía sin entenderlo del todo, pero quizá se debiera a que era tarde.

Como si me hubiera leído el pensamiento, Gideon se levantó del sofá y me evaluó.

—Creo que lo mejor es que intentes dormir un poco. Podemos responder a cualquier pregunta que tengas por la mañana. —Se tiró de la oreja—. Si todavía quieres saber más, claro.

La última parte la dijo en un susurro, más para sí mismo que para mis oídos, pero percibí la preocupación reflejada tanto en el rostro de Jai como en el de Noel. Antes de que abordara el asunto, todos comenzaron a moverse.

Jai y Noel se metieron en la cocina y limpiaron la improvisada sesión de fogones de Gideon.

En un esfuerzo por ayudar, me levanté del sofá solo para chillar y agarrarme los pantalones sueltos, que se deslizaron por mis piernas.

Noel escondió la cara en el hombro de Jai, riendo, mientras Jai se reía a carcajadas. Gideon ahogó una sonrisa con la mano.

—Deberías haberle dado un flotador con lo mucho que se hunde en nuestra ropa. —Jai tiró una toalla sobre la barra del desayuno y me golpeó en la cara roja como una langosta.

Gideon fingió que no había pasado nada, salvándome de más burlas.

—¿Prefieres volver a tu dormitorio? ¿O te sientes lo bastante cómodo como para dormir aquí?

La verdad era que me sentía seguro allí, más seguro de lo que creía posible. La sola idea de volver a mi dormitorio me provocaba un nudo en el estómago. Pero ya les había causado bastantes problemas. No quería agobiarlos más.

—¿A qué distancia está el campus? —Por primera vez me di cuenta de que no tenía ni idea de dónde estábamos—. Puedo regresar si está lo bastante cerca como para ir a pie.

—No te haríamos caminar. —Jai se inclinó sobre el mostrador, ofendido por la sugerencia—. Preferiríamos que te quedaras aquí con nosotros, aunque la elección es tuya.

—No quiero molestar…

—No molestas si te estamos invitando —canturreó Noel desde la cocina, y me reí entre dientes cuando Jai desequilibró al ángel rubio con la cadera.

Noel se detuvo antes de caer y se volvió contra Jai para golpearlo en el estómago, justo donde había sido apuñalado. Este último, con el abdomen encogido, miró con desprecio a Noel y se quejó de una hemorragia interna. Noel desestimó su queja llamándolo bebé.

Era extraño ver sus interacciones familiares, pero me gustaba.

Yo había sido el único hijo de la señora Janet.

Cuando era más joven, nunca me había acercado a ningún otro hijo adoptivo como para tener ese tipo de relación.

Era agradable que se tuvieran el uno al otro, y se cuidaran y protegieran mutuamente.

Yo tenía muy poca experiencia con la familia, pero me encantaba tener la oportunidad de asomarme a sus vidas, aunque solo fuera por una noche.

—Si no es una imposición, me gustaría quedarme —respondí a Gideon, y su cabeza se inclinó.

—Bien.

Gideon desapareció por el pasillo mientras yo apoyaba la cabeza en el respaldo del sofá.

Mi cerebro avanzaba con lentitud, lleno de información, preguntas e incertidumbre.

No creía que me fuera posible conciliar el sueño, pero los párpados me pesaban.

La lila, el dokha y la menta me envolvieron y mis ojos se cerraron.

Estaba seguro de que nunca había experimentado esa combinación, pero mi alma ronroneaba por la reconfortante familiaridad.

Mientras me dormía, unos brazos fuertes se deslizaron bajo mis rodillas y me rodearon los hombros.

Me elevaron en el aire y me acunaron contra un pecho firme y desnudo.

Jai. Su pulso constante me golpeó el oído y su ritmo relajante me adormeció.

Me quedé flotando, atento solo al latido de su corazón y la sensación de los dedos de Noel recorriéndome el pelo.

La menta se arremolinaba en mi mente, y me trajo recuerdos agradables y olvidados de mi hogar.