Revelación (El Amor No es lo que Parece 3) CAPÍTULO VEINTISÉIS #2
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CAPÍTULO VEINTISÉIS #2

—Eso es una tontería y lo sabes. —Debería haber sabido que no haría caso a la advertencia—. Es mi hermana. Y no tienes ni idea por lo que pasa cada vez que visita a sus abuelos. Así que si sabes algo que yo debería saber…

Me pasé la mano por el cabello.

—Livy, yo me encargo. No dejaré que le pase nada a Layla. Lo prometo.

—¿Ustedes están juntos o algo así? —Me miró con desconfianza. Me costaba mantener la compostura, porque explicar lo mío con Layla sería una pesadilla.

Podría imaginarme explicando eso. Oye, Livy.

Compré una noche con tu hermana por diez millones de libras.

Y follamos toda la noche. Ahora soy adicto a ella y quiero otra noche y otra y, oh, en realidad…

La quiero para el resto de mi vida. ¡Oh!

Y, por cierto, estoy bastante seguro de que todo esto empezó, porque necesita el dinero para pagarle a su chantajista.

Que creo que podría ser su madre muerta.

Sí, no tenía intención de ir allí. Liberty me mataría. O peor aún, Alexander lo haría. Sentí a Daniel sonriendo a mi lado, y por enésima vez en menos de una semana, quise darle un puñetazo.

—Maxim, te lo advierto… Más te vale no engañarla.

Le sonreí, rezando para que Daniel no dijera alguna tontería. Algo de cómo hicimos que Layla estuviera en Revelación , en el escenario e incitando una guerra de ofertas.

—No te preocupes, Livy. Yo me encargo de ella.

—Jesús, ahora sí que estoy realmente preocupada —musitó, y dirigió su mirada a su esposo—. ¿Sabes algo de esto?

—No, pero mi hermano sabe que lo colgaré del balcón boca abajo si hace algo que te moleste.

Le sonrió como si fuera lo más romántico que alguien le hubiera dicho.

—Y a Layla también —añadió.

—Cualquier cosa por ti, esposa.

—Me gustaría verte intentarlo, hermano —lo provoqué—. No olvides que soy más joven que tú, y he tenido algo de experiencia en combate desde la última vez que intentaste eso en la secundaria.

Echó la cabeza hacia atrás y se rio.

—Oh, no me lo recuerdes.

—Los empujaré a ambos por el balcón —soltó Daniel, sonriendo tontamente.

—Bien, chicos —intervino mi padre—. Pensaba que ya habían crecido, pero al parecer aún están atrapados antes de la pubertad.

—Era tan raro ver sonreír a mi padre, aunque últimamente ocurría con más frecuencia, y sospechaba que era por Liberty—.

Entonces, Maxim, sospecho que ¿tienes información sobre la familia Cambridge que podría manchar su reputación?

A mi padre no le agradaban los Cambridge. Los responsabilizó por perder al amor de su vida y por intentar manchar el apellido Caldwell. Por hacerse de la vista gorda ante la crueldad de su hijo hacia la madre de Livy.

Giré la cabeza hacia Daniel y asentí. Empezó a explicar de inmediato, únicamente a lo que había iniciado la investigación en primer lugar. Todo lo relacionado con Layla quedaría solo entre él y yo.

—Dios santo —murmuró Livy cuando terminó—. ¡Qué imbécil!

No pude evitar sonreír. Se acercó y se sentó en el regazo de Alexander, sus brazos rodeándola.

—Sí, lo es. —Acepté. Por más de una razón—. Sin embargo, ahora tenemos que recuperar el dinero y hacer lo correcto por esas familias. Estamos hablando de un superávit de veinte millones, robado de la fundación.

—¿Y Layla? —preguntó mi padre.

—No hay manera de que ella lo sepa. —Livy salió inmediatamente en defensa de su hermana, y justo cuando estaba a punto de intervenir y decirle que sabía que era inocente en todo el asunto, continuó—. Apenas les habla, son terriblemente crueles con ella.

Alcé una ceja.

—¿Crueles? ¿Le hacen daño?

Les iba a hacer la vida imposible.

—No físicamente, sino emocionalmente —aclaró—.

Nunca habla de ello. Pero cada vez que tiene que ir a visitarlos, es un desastre.

Y durante días después, es como un zombi.

Sé que por fuera parece dura, pero no lo es.

Al contrario. De las tres, ella era la más frágil, de ahí su fachada antipática.

Es su escudo. —Aquello ya lo sabía—. Siempre se negó a explicar lo que pasaba o por qué aún los frecuentaba cuando cumplió la mayoría de edad.

No obstante, si la estaban chantajeando… Supongo que por fin lo entiendo.

—¿Qué decía la nota?

—Exigía “otros” cien mil. —Levantó las manos e hizo comillas en el aire—. Y decía que serían doscientos mil a partir de ahora —terminó con énfasis.

Mi padre carraspeó y miró a Liberty.

—Hace años, las finanzas de los Cambridge se estaban desmoronando. Fue la razón por la que el matrimonio de tu padre con Lily les beneficiaba tanto. Pero lo ocultaron bien. No he podido demostrarlo, aun así, creo que Henry Cambridge tiene problemas con las apuestas.

Su afirmación me sorprendió. Henry Cambridge no me parecía del tipo que apostaba, pero tenía sentido de por qué necesitaba el dinero. Y mucho, a juzgar por todo lo que nos había robado y la cantidad de pólizas de seguro de vida que había sacado por Layla y su madre.

—Daniel, ¿podrías averiguar algo por tu parte? —Tenía algunas conexiones turbias que le daban mucha más información que seguir por la vía legal—. Nos centramos en recopilar pruebas sobre su malversación, mas no sus motivos. Puede que necesitemos eso para construir un caso más sólido contra él.

Asintió y ya estaba escribiendo un mensaje en su teléfono.

—¿Todavía está previsto que las autoridades lo detengan mañana? —preguntó Daniel.

Asentí.

—Solo quiero vivir lo suficiente para ver pagar a ese bastardo —murmuró mi padre—. Gracias por hacerlo posible.

No servía de nada señalar que Henry se lo había hecho a sí mismo.

—Livy, hay algo más. —Empecé—. Pero no puedes decirle nada a Layla. La única razón por la que te cuento esto es porque te necesitará cuando salga a la luz.

Liberty se tensó visiblemente.

—La madre de Layla está viva.

—N-no, m-murió en un accidente de a-auto —balbuceó.

Negué con la cabeza.

—No, no fue así. Está viva y bien en Francia. Creo que puede ser ella quien la esté chantajeando.

—Sabías que la estaban chantajeando, ¿verdad? —Me lanzó una mirada fulminante—. ¿Cómo consiguió fingir su propia muerte? ¿Y por qué hacerle eso a Layla?

Me encogí de hombros.

—No sé exactamente cómo, pero está claro que es una zorra codiciosa.

— Ugh, ¿podemos matarla? Técnicamente ya está muerta. Podríamos salirnos con la nuestra, ¿no? —Sus ojos se fijaron en su marido—. ¿Y a sus abuelos también?

Alexander le dio una palmadita en la mano, complaciéndola.

—No podemos ir a la cárcel. Piensa en los bebés. Y también son tus abuelos.

Puso los ojos en blanco.

—Un simple detalle sin importancia, y teóricamente, nunca los he conocido, así que no cuentan. —Sonrió y me miró buscando apoyo—. ¿Verdad?

—Lo que digas. —Me giré para mirar a los demás—. ¿Daniel? ¿Papá? —Mi padre simplemente negó con la cabeza mientras Daniel asentía.

—Estoy de acuerdo —replicó Daniel—. Podría hacer que eso suceda.

Él también hablaba en serio. Livy sonrió radiante ante esa idea mientras Alexander la regañaba.

—Nunca me di cuenta de que fueras tan sedienta de sangre.

—Ya es demasiado tarde. Estás atascado conmigo. —Se encogió de hombros—. Y con mi hermana. Nos mantenemos unidas.

Carajo, yo también quería eso.

—Tengo que encargarme de algunas cosas —les informé—. Daniel, ¿me avisarás si te enteras de algo?

—Ya sabes que sí, amigo.

Livy resopló en voz alta.

—¿Nadie se quedará a comer?

—Yo sí. —Daniel había abierto una compañía de construcción en Rusia y necesitaba consejos de Alexander. Eso significaba que probablemente Livy estaría sola con mi padre, pero no creía que le importara. Le encantaba preocuparse por el anciano.