CAPÍTULO VEINTISÉIS
Maxim
L a expresión de Layla al escuchar que era dueño de Revelación fue de pánico y mortificación.
Podría haberle retorcido el cuello a Daniel por hacerla sentir incómoda.
Después de nuestros mensajes de la noche anterior, decidí sincerarme, pero seguiría su ejemplo y esperaría hasta que estuviera lista.
O, al menos, elegiría un momento y lugar apropiados, a diferencia de Daniel, que estaba más que feliz sacando a relucir el asunto.
No creía que lo que la gente hacía en el dormitorio o a puerta cerrada fuera algo de que avergonzarse.
Siempre que todos lo disfrutaran y participaran voluntariamente.
Eso no significaba que no fuera consciente de los prejuicios injustos que la gente, especialmente las mujeres, tenían que soportar cuando se trataba de expresión sexual.
Observé las mejillas sonrojadas de Layla y tuve que respirar varias veces para asegurarme de no excitarme. Tenía hambre de ella, no había duda.
Todos nos sentamos alrededor de la mesa, charlando animadamente.
Layla parecía tensa desde el momento en que llegó, y me pregunté si había algo más ocurriendo que ni siquiera su hermana supiera.
No me sorprendería; Layla llevó su independencia a otro nivel y parecía creer que tenía que lidiar sola con todo.
—¿Y tú qué opinas, Layla? —Vi que la pregunta de Liberty la sobresaltó, sus ojos se dirigieron a su hermana. Tenía que admitir que estaba demasiado perdido pensando en tener a Layla debajo de mí, montándome, inclinada sobre la encimera de la cocina, teniéndola en mi ducha…
«Genial» , gemí en silencio. «Ahora sí que tengo una erección» .
—¿Sobre qué? —Las mejillas de Layla se tiñeron de carmesí y sus labios se entreabrieron.
Parecía que no era el único perdido soñando despierto.
Me preguntaba qué tan despacio tendría Layla que tomar las cosas.
No creía que pudiera aguantar meses así.
Bebió un sorbo de su café helado, con curiosidad en los ojos.
—¿De compras…? —Layla le lanzó una mirada extraña a su hermana, y me pregunté por qué.
—Para comprar ¿qué? —le preguntó.
—Ropa para… los trillizos. —Sonrió radiante.
Layla casi escupió su bebida.
—¿Qué? —Sus ojos iban de uno a otro entre todos nosotros—. ¿Vas a tener trillizos? Sabía que estabas embarazada, pero…
—Tarán. —Liberty sonrió radiante, compartiendo una mirada con Alexander. El día anterior, mi hermano me llamó y me dio la noticia, sin poder esperar. Estaba en las nubes, carajo—. Espera… —Frunció el ceño mientras se nos quedaba viendo con desconfianza—. ¿Cómo supiste que estaba embarazada?
—Te estabas quedando en mi casa, ¿recuerdas? —Layla puso los ojos en blanco—. Nadie duerme tanto a menos que esté embarazada. Pero… Dios mío, Livy. Trillizos . ¿Estás segura?
—Te acabo de decir que la doctora confirmó los resultados… Queríamos compartir la gran noticia con todos ustedes.
Layla la miró, atónita, intentando asimilar la noticia.
—¿Como… tres bebés? —inquirió.
—Sí, como tres bebés —respondió Liberty, algo alterada—. ¿Qué te pasa , Layla?
La vi parpadear varias veces como si intentara recomponerse.
—Nada. —Siguió el silencio, y sus miradas se cruzaron en una conversación en la que solo ellas dos parecían estar involucradas. Layla se encogió de hombros—. ¡Nada! Simplemente, me sorprendió. Honestamente, son noticias maravillosas.
—Entonces, ¿qué dices? —le preguntó Liberty de nuevo.
—¿Sobre qué? ¿Bebés? —Tuve que contener la risa. Layla estaba hecha un desastre ese día, a diferencia de su habitual fachada de princesa de hielo—. No sé nada sobre bebés.
—¿En serio? —replicó Livy exasperada—. Sobre las compras . Jesús, Layla, ¿quieres ir o no?
Alexander puso la mano en el muslo de Livy.
—Tranquila, esposa.
Respiró profundamente y exhaló, como si pidiera paciencia. Le dedicó a mi hermano una media sonrisa. Si había algo que tenían en común, eran sus temperamentos. Y en ese momento habría tres más para añadir a su grupo. Sálvanos, Señor .
—¿Qué está pasando? —preguntó Liberty de nuevo—. Estás actuando raro.
Layla resopló, mirando a su alrededor con incomodidad.
—No es cierto.
—¿Son tus abuelos?
Daniel y yo intercambiamos una mirada muy breve antes de que yo me enfocara en Layla, observando su reacción.
—No. No pasa nada.
Liberty ladeó la cabeza.
—No irás a verlos, ¿verdad?
—No. No creo que vaya en un tiempo.
«Pero ¿qué demonios?»
—Qué bueno. —Liberty siguió estudiando a su hermana—. Eso es bueno, ¿verdad?
— Hmmm .
Tendría que hablar con Livy y preguntarle qué pasaba con Layla y sus abuelos. Sí, sabía que su relación era atípica, pero tenía la sensación de que había mucho más en juego.
—Sobre ir de compras, no puedo mañana —continuó Layla—. Quizá pasado mañana.
—¿Qué harás mañana?
Layla respiró profundamente.
—Solo tengo algunas cosas que hacer.
—¿Como cuáles?
—Cosas. Déjalo ya. —Layla alzó un poco la voz. Alexander gruñó al instante. Y yo le gruñí a mi hermano.
—De acuerdo, todos, cálmense —intervino mi padre. Fueron sus primeras palabras en lo que me pareció una hora.
—Layla, ¿sabes si tus abuelos están involucrados en alguna otra fundación?
Los ojos azules de Layla se alzaron para encontrarse con la mirada de Daniel, y una punzada de celos me invadió.
—Realmente solo conozco sobre su implicación con Combat Life —murmuró—. Creo que están involucrados en algunas otras, pero no estoy segura de cuáles. Yo me mantengo al margen de sus asuntos en la mayoría de los casos.
Daniel se rio.
—Forman parte de varias fundaciones más grandes. ¿No has oído hablar sobre eso?
Layla puso los ojos en blanco.
—Como dije, me mantengo al margen. No es que vaya a importar mucho cuando se enteren de mi nuevo trabajo —se burló—. Ya estoy anticipando las amenazas.
Al darse cuenta de lo que había dicho, su rostro palideció. Se levantó de golpe y su bolso cayó al suelo, su contenido esparciéndose por todo el suelo.
—¡Maldita sea! —soltó mientras todos nos agachábamos para ayudarla a recoger. Layla se apresuró frenéticamente para meterlo todo de nuevo en su bolso.
—¿Qué es esto? —Liberty miró un papel.
Miré de reojo, pero Layla lo agarró rápidamente.
—Nada.
—A mí no me parece que no sea nada .
—Liberty, ya déjalo.
—¿Alguien te está chantajeando? —El silencio que siguió fue ensordecedor. Vi cómo la cara de Layla se ponía pálida. Luego, forzó una sonrisa, pero parecía más de dolor que satisfacción.
—No. Simplemente es un… un juego.
—¿Un juego?
—Sí, como una broma.
—¿Entonces por qué decía deja el dinero en el mismo lugar que la última vez ? —cuestionó Liberty. Se estaba alterando, se le notaba en la cara. Layla también, porque estaba entrando en modo defensivo.
Alexander, Daniel y yo nos miramos de reojo.
—Jesucristo, Liberty —siseó Layla—. Ya déjalo.
—Entonces, déjame ver la nota —exigió, estirando su mano.
—No. Y acabo de recordar… —Estaba a punto de salir huyendo. No tenía duda—. Tengo algo que hacer. Tengo que irme.
Se apresuró a cruzar la habitación y salió por la puerta, pero Liberty iba justo detrás de ella. Tuve que obligarme a sentarme de brazos cruzados. No había nada que quisiera hacer más que correr tras ella y decirle que me encargaría de todo. Que la cuidaría .
—¡Espera, Layla! —gritó. Liberty la alcanzó y le agarró la mano. Ya no estaban a la vista, pero sus voces aún se escuchaban—. ¡Dime qué está pasando! —exigió Liberty—. Quizá pueda ayudar.
—Por favor, olvídalo.
—¿Quién te está chantajeando?
—Liberty, por favor —suplicó Layla, con vulnerabilidad en su voz. Algo en mi pecho se apretó de dolor. Ella siempre tenía un carácter fuerte, luchador, y en ese minuto sonaba resignada—. Solo quédate y disfruta de tus buenas noticias. Iremos de compras pasado mañana.
—¡No!, ¡quiero ayudar! ¿Para qué más son las hermanas?
—Lo tengo bajo control. Por favor, no te preocupes. —La voz de Layla era suave—. Y no te estreses. Creo que escuché en alguna parte que es malo para el embarazo.
La ignoró.
—¿Necesitas dinero?
—No, no lo necesito. De verdad no es nada.
—¿Es por eso…? —Liberty se interrumpió y deseé poder ver sus rostros—. ¿Es por eso que nunca cortaste lazos con tus abuelos? Dios mío. Esa es la razón, ¿verdad? ¿Cuánto tiempo lleva esto, Layla? ¿Ellos lo saben?
No había tenido ningún contacto cercano con la familia Cambridge, pero sabía que los odiaba.
Daniel solía interactuar con Henry desde que se había colado en nuestra fundación cuando estábamos empezando en el sector sin fines de lucro.
No teníamos forma de saber que ese era su modus operandi : llegar y poner en marcha la corrupción cuando nadie prestaba atención.
Yo estaba a favor de hacer las cosas según las reglas, de seguir la ley, pero en ese momento deseaba que Daniel lo hubiera manejado a su manera, carajo.
—Solo vuelve adentro y encárgate de tus invitados. Te llamaré luego.
—Espera, Layla. Es… —La voz de Liberty se desvaneció mientras ambas se alejaban de la casa.
—¿Alguien piensa decirme qué está pasando?
—Alexander exigió. Normalmente, no se preocupaba por los asuntos de Daniel ni los míos.
Sabía que éramos geniales en cuanto a ganancias, también tenía acciones en los negocios de la familia Caldwell.
Cuando me necesitaban, trabajaba allí. Era la razón por la que tenía una oficina tanto en Caldwell Enterprise como en la editorial de la familia.
Pero a menos que necesitáramos consejos, y rara vez era necesario, nos manteníamos al margen; nuestros intereses de negocios eran muy diferentes.
Sabía que él conocía la implicación de Daniel en la mafia y que le daba igual. Su único requisito era que no implicáramos el apellido familiar.
—No te preocupes —respondí—. Daniel y yo nos estamos encargando de ello.
Alexander me lanzó su mirada de hermano mayor, pero en su favor no dijo nada más.
—¿De qué se están encargando? —preguntó Liberty desde la puerta.
—Como dijo Layla. No hay nada de qué preocuparse.
«Yo me encargaré de Layla».