CAPÍTULO VEINTICINCO
Layla
C onseguí evitar a Daniel y Maxim durante el resto de la jornada laboral del día anterior, pero en ese minuto que estaba en casa un sábado, me sentía sola.
Odiaba lo silenciosa que estaba la casa sin Liberty y Brandon.
«Quizá necesito un compañero que viva conmigo, como un perro».
Me reí de mí misma. La verdad era que odiaba comer sola, odiaba ver películas en el sofá sola, y aunque me gustaba leer, a veces leer sobre la vida plena de otras personas solo resaltaba lo vacía que estaba la mía.
Liberty había vuelto a la ciudad. Mi pecho sintió una calidez al saber que ella y Alexander habían arreglado las cosas. Estábamos en videollamada y pude notar por su voz que estaba feliz.
— Tengo noticias que compartir. —Su entusiasmo me recordó a la Livy que conocí por primera vez, años atrás. Antes de que su madre muriera y antes de que ese maldito Callen la lastimara—. Ven a comer con nosotros mañana. Quiero decírtelo en persona.
—De acuerdo. —Sonreí a la cámara.
— ¿Cómo estás? ¿Y cómo ha sido trabajar para Maxim?
—Me encanta —le dije—. Cada detalle. —Y también lo decía en serio. Hacía mucho que no me sentía inspirada haciendo lo que me apasionaba.
— ¿Y tus abuelos?
Mi sonrisa titubeó.
—No he sabido nada de ellos —le comenté, lo cual me pareció extraño, ya que mi abuelo estaba en la junta directiva, pero no me quejaba—. Oye, adivina qué. He estado buscando un departamento. Ya que perdí a mis compañeros de casa —bromeé, sacándole la lengua.
Se rio.
— Bueno, podrías quedarte con nosotros y entonces volveríamos a ser compañeros de casa.
Estaba más que feliz por ellos, claro, pero me llenaría de envidia ver lo que tenían cada día. ¿Infantil? Sí, lo era. Mas era la verdad. Además, necesitaban disfrutar de su tiempo a solas. Después de todo, no llevaban tanto tiempo casados.
—Gracias, Livy. De verdad te lo agradezco mucho —respondí—, aun así, seguiré con la búsqueda. Pero si me echan antes de que encuentre algo, igual tendré que aceptar tu oferta.
Ella asintió. Era curioso, Lena solía decir que Liberty y yo nos complementábamos. Nos dijo que siempre causábamos problemas juntas, aunque últimamente sentíamos que éramos el apoyo de la otra.
— Me alegra tanto que ya no tengas que lidiar con tus abuelos —admitió—. No merecen una nieta como tú.
Me reí.
—Bueno, técnicamente tú también eres su nieta.
Se burló.
— Para mí, están muertos. Nunca les perdonaré cómo te han tratado.
Nunca le di a Livy ninguno de los detalles, pero ella había adivinado bastante. Si supiera hasta qué punto, les prendería fuego a sus casas.
— El futuro se ve cada vez mejor, ¿verdad? —Me sonrió radiante, con los ojos brillando—. Un nuevo trabajo, ya no más abuelos, y pronto tendrás un nuevo apartamento.
—Y tú tienes un esposo otra vez —añadí—. Uno que está decididamente loco y psicópatamente posesivo. Pero de una forma adorable —agregué, sonriendo—. Ahora dime exactamente lo feliz que eres.
— La más feliz —soltó apresuradamente—. Nunca he sido más feliz.
—Sus ojos se movían por encima de la cámara y su sonrisa se volvió tan brillante que pensé que me iba a quedar ciega—.
Estoy hablando con Layla —le explicó a quien supuse que era Alexander—.
Te llamó psicópatamente posesivo —le comentó, riendo.
— Así es —confirmó él—. Llevaré la camiseta con orgullo.
Sacudí la cabeza, pero tenía que admitir que era agradable saber que siempre se aseguraría de que mi hermana y Brandon estuvieran bien.
Parte de su rostro apareció en la pantalla mientras besaba a su esposa.
— Ugh , ustedes dos —me quejé con una sonrisa—. Esperen a que apague la cámara.
Livy se rio.
— Espera, ya casi terminamos —musitó.
—Dios, espero que se lo digas a él y no a mí. —Me atraganté—. Si no, me quedaré marcada de por vida.
Una risita escapó de sus labios.
— No, eso fue para mi esposo.
—¿Qué tal si nos ponemos al día mañana? —sugerí con una sonrisa.
— Pero…
—Está bien, Livy. Siempre estaré aquí —le aseguré—. Además, esto es como tu segunda luna de miel. Me hace sentir como una voyeur , y eso no es lo mío.
— Estás loca. —Volvió a reírse, y tuve la sensación de que era una combinación de lo que Alexander le estaba haciendo y mis palabras.
—Bueno, somos hermanas —justifiqué—. La locura está en nuestra sangre. Bien, voy a colgar. ¡Adiós!
Me reí y presioné el botón para colgar.
Subí las mantas hasta mi barbilla y me di la vuelta en la cama por enésima vez. Al mirar el reloj de la mesita, me di cuenta de que había estado dando vueltas en la cama durante las últimas tres horas. Casi era la una de la madrugada. Estaba agotada, pero no podía dormir.
Me levanté de la cama, sintiéndome resignada. Recorriendo la casa que nunca había parecido mía, me preguntaba qué estaría haciendo Maxim.
«¿Qué está haciendo Luke?» También reflexioné.
«Pues duh. Durmiendo». La mayoría de la gente cuerda dormía a esta hora.
Maxim estaba definitivamente cuerdo. ¿Luke estaba cuerdo?
Porque pagó diez millones por una noche conmigo.
Aún me tenía alucinada. «No es que me queje».
Necesitaba ese dinero. «¿Creía que había valido lo que pagó? »
«Jesucristo, Layla… Para». No importaba lo que pensara o no.
Mis nervios estaban alterados. Dos días más hasta que tuviera que dejar el dinero.
Al menos esta vez había podido conseguirlo por mi cuenta.
Qué alivio fue tener dinero en mi propia cuenta bancaria.
Durante los últimos días, había estado comprobando constantemente que fuera real, con miedo de que de alguna manera desapareciera.
Sí, mis métodos no eran los más ortodoxos, pero lo justo era justo.
No era que yo hubiera pedido que se librara esa guerra de pujas. Habría estado contenta con un millón.
Con un suspiro, salí a buscar mi teléfono para distraerme. Conocía demasiado bien mis hábitos de insomnio y el sueño no me encontraría pronto.
Cuando lo encontré en el mostrador donde lo dejé después de mi llamada con Livy, lo tomé y encontré un mensaje de Maxim.
Como una colegiala entusiasmada, deslicé para abrirlo.
Maxim: ¿Estás despierta?
Sonreí como una tonta.
Yo: Sí.
—Ay, demonios —murmuré entre dientes. Debería haber revisado la hora en que lo envió. Podría haber sido hacía horas. 12:05 a.m. Exhalé aliviada. Pero espera… ¿No era la práctica habitual ligar si se mandaba un mensaje a medianoche?
Gruñí en voz alta, el sonido resonando por la cocina.
Maxim: ¿Por qué sigues despierta?
Yo: Porque me estás escribiendo.
Yo: Es broma. No podía dormir. ¿Tú?
Contuve la respiración, esperando su respuesta.
Maxim: Tampoco podía dormir.
Antes de que pudiera pensar en una respuesta, llegó otro mensaje.
Maxim: Te quiero en mi cama.
Se me abrió la boca y una oleada de emoción recorrió mis venas. Me deseaba. Yo también lo deseaba. ¿Y cómo podía estar ya tan excitada? El deseo se acumulaba entre mis muslos mientras los oídos me zumbaban por el retumbar de mi corazón.
Murió emocionada y excitada hasta el punto de estar irreconocible. ¿Pondrían eso en mi lápida?
Su respuesta no fue la que esperaba. Mis dedos se quedaron suspendidos sobre el teclado, sin saber cómo responder. «Díselo», susurró mi mente. «Solo dile que lo deseas. Sé honesta».
Mis dedos empezaron a bailar lentamente sobre el teclado.
Yo: Creo que no me molestaría.
Maxim: ¿Sí?
Unas noches atrás me acosté con un desconocido que me había sacudido el cuerpo de la mejor manera posible. Ni siquiera debería plantearme acostarme con Maxim. Excepto… Me di cuenta de que el sexo no era lo único que quería con Maxim .
Yo: Sí. Pero teniendo en cuenta que eres mi jefe y me encanta mi trabajo, quizá deberíamos ir despacio. No tengo un buen historial con las relaciones y no quiero que nada acabe mal.
Ni siquiera sabía qué significaba ir despacio . ¿Y de qué hablaba yo de las relaciones ? Ugh , este hombre me volvía loca.
Maxim: Puedo trabajar con ese plan. ¿Y, Layla?
Yo: ¿Sí?
Maxim: Nunca podría odiarte.
Pero no conocía quién era yo en realidad. No podía declarar esas palabras sin conocer mi historia, la sangre en mis manos. Me encontré con ganas de decírselo. Por primera vez desde que todo ocurrió, quería compartir la carga de aquella noche. ¿Entendería esa culpa que ardía dentro de mí como ácido?
Yo: Buenas noches, Maxim.
Guardé mi teléfono antes de arriesgarme a la tentación de poner toda mi confesión por escrito. Volví a la cama, me tumbé y me quedé mirando el reloj durante horas hasta que por fin llegó el sueño.
El tono de llamada molesto de mi teléfono me despertó. Me apresuré a agarrarlo, tirando la lámpara y el reloj en el proceso.
—¿Hola?
— ¿Dónde estás, Layla?
— Ugh , Liberty. Vuelve a dormir.
— Es la una de la tarde, maldición. Se suponía que hoy íbamos a almorzar . — Mierda , se me había olvidado por completo—. Aún quieres, ¿verdad?
Caray, las noches sin dormir hacían que levantarse fuera mucho más difícil. Ni siquiera se me ocurrió poner una alarma.
Rodé por la cama y caí de sentón.
—¡Ouch! —Un grito doloroso escapó de mis labios.
— ¿Estás bien?
—Sí, sí. Simplemente me caí de la cama, no pasa nada.
—Mi cuerpo se quejaba, necesitaba dormir más.
Ignoré la risa de mi hermana que salía del teléfono.
Ese día necesitaría una taza de café fuerte y probablemente algo para mis nervios—.
Me voy a duchar y luego iré enseguida. Ten el café listo, por favor. Mucho.
— Hecho. —Livy tarareó—. Sé exactamente cómo te gusta. Date prisa. Te quiero .
—Yo también te quiero. Nos vemos pronto.
La línea se cortó y corrí a ducharme, vestirme y prepararme para el día. Las manos no me dejaban de temblar, y sabía que tenía que ver con los planes del día siguiente. Estas entregas de pagos equivalían a visitar a mis abuelos, ambas eran nubes oscuras que se cernían sobre mi vida.
Cuando el taxi se detuvo frente a la casa de mi hermana, Livy y Brandon estaban allí esperándome. Forcé una sonrisa en mi rostro. No quería que me viera estresada por nada, especialmente, cuando tenía noticias para mí.