CAPÍTULO VEINTE #2
—Maravilloso. La transferencia de fondos a su cuenta se realizará una vez que se cumpla el contrato.
Aquí tienen sus llaves. —Me dio un juego.
Revelación funcionaba principalmente como club, pero había habitaciones privadas en el segundo y tercer piso que se usaban, a un precio elevado, durante las subastas para quienes preferían venir y salir solos—.
Felicitaciones. Esta ha sido nuestra puja más alta hasta ahora.
Ella valía cada centavo.
—Oh. —Era raro que Layla no tuviera nada que decir. Tenía que admitir que, en ese momento, en cierto modo lo disfruté.
Tomé su mano y nos dirigimos a nuestra habitación asignada. Caminamos por los pasillos en silencio mientras la siguiente subasta se hacía en el escenario.
Sus pasos titubearon y tropezó, pero fui rápido en sujetarla.
—¿Estás bien?
Asintió demasiado frenéticamente, sus rizos rubios rebotando con cada movimiento.
—¿Lo haremos esta noche? —Carraspeó, con su mano pequeña sobre la mía enorme, pero que se sentía tan bien—. Ya sabes… eso.
Este lado de Layla, inseguro y nervioso, era nuevo para mí. Había sido rápida para explotar, para enfurecerse, desde que la conocí. Quedaba por ver qué versión de ella me gustaría más.
—Sí. —Sería hipócrita no admitir, al menos a mí mismo, que estaba tan jodidamente excitado por sentir finalmente su cuerpo moldearse al mío. Besar su boca y escuchar sus gemidos. De tenerla a mi merced.
Nos detuvimos frente a la puerta de nuestra habitación. Solté su mano y me apoyé en la pared. Metiéndome las manos en los bolsillos, la observé.
—¿Qué te gusta y qué no te gusta del sexo? ¿Hay algo que esté prohibido para ti? —pregunté, queriendo saber sus preferencias.
Estaba jugueteando con sus manos. La vi tragar y mi polla se estremeció dentro de mis pantalones, imaginándomela tragando otra cosa. De rodillas.
— Hmm , yo… No estoy segura.
Las comisuras de mis labios se alzaron.
—Debes de tener algunas expectativas para esta noche, supongo.
Quiero decir, la mujer era una Cambridge. Su apellido por sí solo gritaba dinero, así que no podía ser que hubiera entrado a la subasta por dinero. Tenía que ser para experimentar algo nuevo, ¿cierto?
—Para ser sincera, no pensé tan lejos después de la subasta en sí. —No me parecía que fuera una persona impulsiva, salvo con su boca.
—¿Por qué subiste a ese escenario?
— Um , tenía algo de curiosidad si… —Titubeó—. Si esto era lo mío. Sin mencionar que el dinero era tentador.
Qué curioso, hacía un mes habría dicho que no necesitaba el dinero.
Pero en ese momento sabía que sus familiares eran delincuentes.
Sin embargo, Layla no tenía nada que ver con eso, así que ¿por qué tendría que recurrir a este tipo de cosas?
¿Por qué habría de necesitar algo después de lo que habían hecho?
Aun así, me alegré de su curiosidad. Yo estaba más que dispuesto a ayudarla a ampliar sus horizontes.
En algún momento, me revelaría ante ella, debía de estar emocionada por la adrenalina, si no, ya habría descubierto mi identidad.
La acerqué más a mí, mi boca buscando la suya.
Ella se entregó al beso, gimiendo en mi boca, y fue tan erótico, carajo.
—Entonces, ¿quieres probar esto o te estás echando para atrás? —provoqué, con mi boca a centímetros de la suya.
Levantó la barbilla en señal de desafío.
—Quiero intentarlo. Simplemente, no estoy muy segura de hacer esto en un lugar tan público.
—Nadie puede ver en estas habitaciones —le aseguré.
—¿Así que ya has hecho esto antes aquí?
—En realidad, no. No aquí. —No quería mentirle. Había ligado mujeres en Revelación antes, aunque nunca en la subasta. Y al menos habían pasado unos años—. ¿Prefieres ir a mi casa?
Miró a su alrededor furtivamente y tuve que contener mi sonrisa. Actuaba como si estuviéramos haciendo algo incorrecto.
—¿Se nos permite hacer eso? —preguntó en voz baja.
—Acabo de gastar diez millones de libras aquí —le dije—. Diría que por esa clase de cuenta podemos hacer lo que queramos. ¿Te apetece venir a mi casa?
Dudó, y pude ver que sopesaba los pros y los contras. Estaba nerviosa por ello, no era que pudiera culparla.
—Si te sirve de consuelo, el club revisa a todos. Tienen mi nombre completo y mi dirección.
Quería que se sintiera segura, independientemente de la ruta que tomáramos.
Finalmente, asintió, con las mejillas sonrojadas por la emoción. De verdad era preciosa. Cada vez que la veía, me dejaba sin aliento, pero ese día estaba excepcionalmente hermosa. Debatí si debíamos quitarnos las máscaras al salir de ahí. Podría enloquecer si se daba cuenta de que era yo.
—Solo necesito agarrar mi teléfono y decirle a mi chofer que no lo necesitaré —murmuró—. Nos dejaremos puestas las máscaras, ¿verdad?
Era como si me hubiera leído la mente.
—Sí.
Tomé su mano mientras nos dirigíamos al mostrador, donde todos debían dejar sus teléfonos. Ella escribió rápidamente un mensaje y nos dirigimos hacia mi limusina que esperaba. Mi pulgar acarició su piel suave y prácticamente podía sentir esa atracción encendiendo chispas entre nosotros.
Mi chofer salió y abrió la puerta trasera para Layla y para mí.
—Gracias, Randy. A mi penthouse —le indiqué, mientras me deslizaba junto a Layla.
—Sí, señor. —Randy cerró la puerta del vehículo detrás de nosotros. La mano de Layla se alzó hacia su máscara, como si quisiera asegurarse de que seguía allí.
Me relajé, esperando que ella lo notara y también se relajara. Sin embargo, no se podía pasar por alto lo tensa que estaba. Mi rodilla rozó accidentalmente su pierna y su cuerpo se tensó al instante.
—Está bien. —Intenté calmarla—. Esta noche se trata de ti. Si quieres parar, solo tienes que decirlo. —Un suave suspiro escapó de sus labios—. Te prometo que no haremos nada que no quieras.
— Ummm , está bien. —Su labio inferior estaba entre sus dientes otra vez.
Estire la mano, rozando suavemente su suave piel con mi dedo. Sus labios se entreabrieron ligeramente, como si me invitara a entrar.
—No estés nerviosa —pedí con voz áspera. «Carajo, creo que yo estoy nervioso».
Vi cómo su delicado cuello se movía al tragar saliva, y me incliné hacia ella y rocé mis labios contra la piel suave de su garganta.
— Mmm . —Levanté la cabeza al escuchar su tarareo y noté su piel sonrojada.
—Joder —gruñí—. Eres tan hermosa. —Su respiración se entrecortó y sus labios se entreabrieron con la excitación.
Mi boca chocó contra la suya, deseando saborear lo que se me había negado desde que la acompañé al coche.
Metí mi lengua entre sus labios, y no pude estar más complacido cuando se abrió para mí, gimiendo en mi boca.
La fricción que había estado ardiendo entre nosotros desde el momento en que nos conocimos explotó, haciendo estallar fuegos artificiales.
La acorralé contra el asiento de piel al fondo, agarrándole las muñecas y levantándolas por encima de su cabeza, recostándola.
Me froté contra ella, y aun con ese vestido tan exquisito, sabía que podía sentir mi erección.
Sus piernas se aferraron firmemente a mis caderas mientras un fuerte gemido escapaba de sus labios.
—¿Quieres esto? —pregunté con voz ronca mientras empujaba mi polla dura como una roca contra ella—. Dímelo —ordené.
Todo mi interior temblaba de anticipación y ni siquiera habíamos empezado. No, realmente.
—Sí. —Su voz era entrecortada, sus ojos nublados tras la máscara negra de encaje—. Por favor.