CAPÍTULO TRES
Layla
P agué el dinero. Era libre otro año más. Jesucristo . ¿En realidad en esto se había convertido mi vida? ¿Esperar con ansia esta sensación temporal de alivio?
No podía negar que odiaba tenerlo sobre mí, día tras día, mes tras mes, año tras maldito año. Ni siquiera el tiempo que pasé en la universidad en Estados Unidos, la preocupación por saldar la deuda y asegurarme de estar en casa esa semana de verano salió de mi mente.
Mirando al techo de mi habitación, me sentía vacía y sola. Había un hombre tumbado a mi lado, claro, pero eso no cambió nada. Era como si tuviera un agujero enorme en el pecho, que se hacía cada vez más grande.
La noche anterior salí a un bar. Fue una tontería salir sola.
Lo sabía, pero ahí estaba. Después de recibir otro mensaje de “¡Estoy comprometida!” en mi chat grupal con amigas de la preparatoria que parecían estar a punto de casarse, necesitaba desahogarme.
Tras unos cuantos shots , se hizo evidente que nunca llegaría a ese punto.
Anhelaba ser igual de despreocupada, feliz y enamorada…
desgraciadamente, todo lo que sentí fue un vacío amargo que me tragó por completo.
Y así fue como me encontré en mi apartamento con un perfecto, o imperfecto, desconocido en mi cama. Tantas malas decisiones. Si no me ponía las pilas, acabaría exactamente como mis abuelos siempre habían predicho: una persona inútil, como mi madre, buscando afecto en los lugares equivocados.
Buscando el amor de un hombre que nunca me correspondería. Lachlan McLaren.
Recordé la última vez que lo vi en su penthouse de Edimburgo. Tenía un aspecto horrible, volviéndose loco por su esposa. No estaba segura de qué había pasado, pero si hubiera tenido que adivinar, sería que los fantasmas de Eve Bailey habían venido a atormentarlo. Al parecer, todos los teníamos.
—¿Qué haces aquí, Layla? —No le hizo ninguna gracia verme.
No es que lo culpara. No después de mi error en su fiesta, donde intenté interferir en su relación.
Actué como una exnovia loca y psicópata, cuando en realidad Lachlan y yo no habíamos sido pareja en mucho tiempo.
Culpé al rosé y a años de aventuras sin sentido por mi comportamiento, simplemente no podía soportar verlo tan feliz con Eve.
—Estaba en el vecindario.
No era del todo cierto. Mi corazón sangraba por la pérdida de mi mejor amiga y su esposo, y él era la única persona en esta ciudad que sabía que me escucharía, aparte de Liberty, pero ella estaba hundida en su propio dolor. Lachlan era un buen tipo y me toleraba incluso cuando no me lo merecía.
—Lena y Larry sufrieron un accidente fatal y yo…
—¿Qué? —El shock en su rostro era evidente.
No quería perder la cabeza, pero este dolor era insoportable. Inundó cada parte de mi cuerpo como veneno… sin esfuerzo y dolorosamente. Respirando superficialmente e intentando tragar el nudo en mi garganta, un gemido escapó de mis labios, y odié lo vulnerable que me hacía sentir.
Los enormes brazos de Lachlan me rodearon.
—Lo siento mucho, Layla. Sé lo cercanos que eran.
Me llevó a su penthouse y me sentó en el sofá.
Intenté con todas mis fuerzas recuperar la compostura, no obstante, las caras sonrientes de Lena y Larry seguían dando vueltas en mi mente.
Esa última salida que tuvimos Lena, Livy y yo.
Cómo Lena nos regañaba por volvernos demasiado salvajes.
Y ahora la habíamos perdido, y era difícil aceptar que nunca volvería.
Te podían arrebatar a la gente en un solo aliento. Igual que Brian. Igual que mi madre. Y ahora, igual que Lena y Larry. La vida no era justa; la gente podrida como yo debería ser castigada. Yo merecía un destino así; ellos no.
—Toma, bebe algo. —La voz de Lachlan me sacó de mis pensamientos desesperados.
Los dedos me temblaban mientras tomaba el vaso y me lo llevaba a los labios, derramando una gota del líquido marrón—.
Todo saldrá bien, Layla. —Su intento de consolarme era genuino, pero no pude aceptarlo.
En ese instante, la realidad sabía amarga, igual que el alcohol en mi lengua.
—Gracias. —Di otro sorbo. Quizá algún día me acostumbraría al dolor—.
Voy camino al aeropuerto. Necesito volver a Londres —murmuré con voz ronca—.
No sé por qué, pero por alguna estúpida razón empecé a pensar en la fiesta en tu casa.
Y lo horrible que me porté, contigo y con Eve.
—Mis hombros se hundieron y me sentí diminuta.
Esa última devastación dejó aún más claro que no teníamos garantizado el mañana. No quería que mis acciones de ese día fueran lo último que recordara de mí. Ya era hora de que tomara el control de al menos algunas cosas en mi vida. Y planeaba empezar con una disculpa.
Cuando no dijo nada, carraspeé y continué con voz temblorosa.
—Lo siento mucho, Lachlan. —En el gran esquema de las cosas, quizá no era algo significativo para él, pero para mí sí lo era. Sabía que Lena habría querido que hiciera lo correcto, lo decente—. Eve no se merecía eso de mí. Ha pasado por mucho, y haberla tratado así… bueno, fue despreciable.
Retorcí las manos en mi regazo.
—Sí, lo fue —concedió, mas no había veneno en su voz.
Admitía que nunca fui algo serio en su radar.
Siempre lo supe, pero no quería reconocerlo.
Solo otra persona que no me quería, aunque la pregunta era si yo realmente lo quería a él.
En ese momento, veía que probablemente había estado en esto por todas las razones equivocadas.
Mis ojos recorrieron su alta figura. Era guapo, uno de los hombres más guapos que había conocido, y era más rico que Dios.
Había un grupo de mujeres que darían su mano derecha para llamar su atención.
Suponía que yo entraba en esa categoría, aunque no podía decir que él me hubiera hecho perder la cabeza alguna vez.
El arrepentimiento me invadió. Él no era solo una cuenta bancaria. Lachlan era uno de esos hombres que te apoyaban sin importar lo mal que la hubieras cagado.
—Sé que no querías hacernos daño, Layla.
Siempre buscaba lo mejor en las personas. Eve Bailey era una mujer afortunada. Reconocería lo afortunada que era. En algún momento.
—No merezco tu comprensión, pero prometo recuperar tu confianza como amiga.
Asintió y luego me dedicó una sonrisa triste.
—¿Cuándo es el funeral?
Me mordí el labio inferior, centrándome en el escozor en vez de en el vacío en mi pecho. Pensar en el funeral lo hacía demasiado real. Prefería fingir que no está pasando realmente.
—Mañana. —Mi voz estaba ronca al responder—.
Es la razón por la que tengo que buscar un vuelo y volver lo más pronto posible.
Quiero estar ahí para Brandon. —Oh, Dios mío, pobre chico, perdiendo a ambos padres de una forma tan horrible.
Me ardían los ojos y llevé una mano a mi pecho para frotarme, esperando aliviar el dolor.
—Haré que mis pilotos te lleven.
Su amabilidad hizo que las lágrimas se me escaparan mientras levantaba la cabeza para encontrarme con su mirada.
—No tienes…
—Sé cuánto significaban para ti. Toma el jet .
Parpadeé con fuerza, intentando recomponerme.
—Gracias, Lachlan —respondí con voz ronca—. Y sé que tú y Eve solucionarán todo. Eres un buen hombre. Uno de los mejores.
No comentó nada, sino que respondió.
—Haré algunas llamadas.
Gracias a él había regresado a Londres para el funeral.
Hasta ese momento, me había llevado mucho tiempo darme cuenta de que mi enamoramiento por Lachlan fue un error.
Hice el ridículo por haber llegado tan lejos para herir a Eve, como si la mujer no hubiera pasado ya por suficiente.
Si su hermana decidiera encontrarme y darme una paliza, no la culparía en absoluto.
Dejé que los celos me dominaran, pero viendo cómo miraba a Eve, estaba claro que no había nadie más para él.
También me daba cuenta de que mis sentimientos no eran tan fuertes como alguna vez lo pensé.
Siempre se reducía al dolor del rechazo. Pensarían que, teniendo veinticinco años, ya habría aprendido que era saludable. Lo había experimentado toda mi vida, así que no debería haber seguido siendo una novedad. Sin embargo, la verdad nunca fue más clara: nadie me quería.
Liberty sí. Lena también.
Esas dos fueron las mejores cosas que me habían pasado. Salí a buscar a mi media hermana, decidida a demostrarle a mis abuelos que era mejor, y terminé con amigas para toda la vida que me aceptaban tal y como era. Y en ese momento había perdido a una de ellas.
Gracias a un accidente de auto. ¿Había sido otro adolescente estúpido como yo quien lo había causado?
No me atreví a preguntarle detalles a Liberty.
Era demasiado doloroso para ella hablar de eso y demasiado doloroso para que yo lo recordara.
Saber que se habían ido para siempre ya era bastante malo.
No había forma de superar lo que hice. Quizá consumí drogas esa noche por la mala influencia de mi madre.
Había estado luchando contra algún tipo de adicción desde que tenía memoria.
Simplemente, no podía entender qué me habría poseído.
Desde pequeña juré que nunca tocaría esas cosas después de ver lo que le hacían a mi madre. Y Brian pagó el precio más alto.
«¡Los mataste!» La escalofriante voz de mi abuelo nunca estaba lejos de mi mente .
Sí, no había forma de justificar lo que había hecho.
Todo fue culpa mía. La culpa era una de las peores y más brutales compañeras de la vida.
La persona que veía cada día en el espejo no reflejaba la persona que era por dentro.
La culpa me carcomía por dentro, quemando como ácido, mientras sonreía por fuera.
Lo vivía todos los días, de primera mano.
Y lo había visto en Liberty desde la muerte de su madre.
Se culpaba por no haber visto las señales, por no captar la angustia de su madre, y ahora le habían dado la custodia exclusiva del hijo de Lena.
Me preocupaba que se viniera abajo debido a la presión.