Capítulo 2
Charly cruza la gran verja de hierro del Palacete con paso firme y desafiante, arrastrando los bajos de la túnica blanca que lleva puesta.
La peluca larga castaña le golpea la cara y el crucifijo de madera le bota contra el pecho a cada paso.
Sabe que es una provocación ridícula, pero es su marca de la casa. Que no se crea el otro mejor que nadie.
Aurora le espera en el porche. En cuanto él se acerca, ella se queda completamente petrificada. Le mira de arriba abajo con los ojos como platos. Está visiblemente tensa, pero se esfuerza por mantener su habitual sonrisa amable y serena.
—Buenas tardes, Charly. Pasa, por favor —consigue decir, disimulando el impacto.
—¿Dónde está tu jefe? —pregunta él, recolocándose la peluca sintética.
—Está esperándote, sígueme. El grupo de mujeres está dentro del palacete haciendo una meditación guiada por una de las compañeras.
Es una práctica de autonomía, para que aprendan a no depender de nosotros cuando vuelvan a sus casas.
Solo tengo que entrar a supervisarlas de vez en cuando, así que tenemos intimidad fuera.
—Lo que tú digas, no necesito explicaciones. Solo tengo curiosidad por lo que me quiere contar ese chamán .
La joven le guía por el sendero de piedra lateral hasta el claro aislado rodeado de altos setos de boj, justo al borde del acantilado. Es el rincón que usan para las sesiones individuales cuando no llueve.
—Saúl, Charly ya está aquí —anuncia Aurora—. Voy a ver cómo están las chicas y vuelvo dentro de un ratito.
Él se gira y, al ver a Charly disfrazado de su propia caricatura, la mandíbula se le tensa durante una fracción de segundo, pero recupera su máscara de superioridad de inmediato.
—Interesante proyección, Charly —dice Saúl, cruzándose de brazos—. ¿Sientes la necesidad de vestirte como yo para estar en igualdad de condiciones?
—Déjate de discursos baratos de autoayuda —le corta Charly, plantándose frente a él—.
Estoy aquí porque me has llamado. A ver, ¿de qué quieres que hablemos, de cómo vuestro retiro de pijos está inflando los precios y echando a la gente de sus casas?
A mí me van a echar el mes que viene porque van a convertir mi piso en un alquiler turístico.
No hay un solo alquiler normal en toda la isla.
La estáis echando a perder con tanta mierda para la élite.
Saúl le escucha sin pestañear. En lugar de alterarse, esboza una sonrisa compasiva, casi paternal, que a Charly le enciende la sangre.
—Para empezar, esta finca ni siquiera es mía —dice manteniendo una calma absoluta—.
Esa conversación deberías tenerla con Verónica, la encargada.
Yo solo alquilo las instalaciones. Lo que yo hago aquí es una labor de abundancia para atraer riqueza y elevar la energía de esta isla.
Entiendo tu dolor, de verdad que lo entiendo.
Por eso mismo tienes que ver que estás mirando el problema desde el lugar equivocado.
Tu desalojo no es culpa mía ni del turismo.
Es una consecuencia directa de la sintonía en la que vibras.
Estás atrapado en una escasez extrema y solo tú eres el responsable de tu pobreza.
Charly suelta una carcajada, incrédulo.
—¿Me estás vacilando?
—Hablo totalmente en serio. Mis cursos y mis mentorías enseñan precisamente a romper esos patrones de carencia que bloquean tu vida.
El dinero es solo energía. Si estás mal de dinero, si no llegas a fin de mes con tu sueldo, yo puedo ayudarte.
Puedo regalarte el acceso a mis cursos online para enseñarte a atraer la abundancia y abrir tus canales de riqueza. Solo necesitas dejarte guiar.
Charly se queda de piedra un segundo, asimilando la osadía del tipo. La oferta le resulta tan sumamente ofensiva que la vena del cuello empieza a hinchársele tras la peluca.
—¿Que tú me vas a ayudar a atraer la abundancia?
¡¿Me estás ofreciendo un curso de mierda de los tuyos mientras dejas a las familias en la calle?
! ¡¿Pero de qué vas?! Eres un estafador que vive de vaciarle los bolsillos a cuatro pijas aburridas que necesitan que un charlatán les diga que son especiales para seguir viviendo.
A mí no me vengas con tus lecciones de gurú de pacotilla.
Eres un parásito que se alimenta de la debilidad ajena.
—La ira es el refugio de los que no quieren asumir su responsabilidad.
Prefieres gritar y ridiculizarme antes que aceptar que tu mediocridad es solo tuya.
Te estoy ofreciendo un cambio en tu vida, solo te pido que dejes de hacer ruido y que podamos seguir con nuestros retiros sin tus intervenciones.
—¡Te voy a hacer ruido en los tribunales, sinvergüenza! —grita Charly, fuera de sí, acortando la distancia física hasta quedar a unos centímetros del gurú.
Aurora aparece sujetando una bandeja con una tetera de barro y dos tazas.
—He pensado que os viene bien templar los ánimos —dice, ofreciéndoles una taza—. Tomad un poco de infusión, os ayudará a que la conversación fluya mejor.
—Paso de tus hierbas, guapa. Yo prefiero un café solo. Gracias.