Retiro en la isla (Isla Ballena) Capítulo 2
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Capítulo 2

Lo de esta mañana me ha parecido muy incómodo. Después del desayuno Saúl nos ha dado un speech motivacional sobre la energía femenina, el amor y el dinero en un salón que tenemos reservado solo para nuestras actividades dentro del palacete de la finca.

Nunca me había parado a pensar en mis creencias limitantes sobre este asunto, pero admito que lo que ha dicho me ha tocado una fibra bastante sensible.

Saúl ha explicado cómo las mujeres saboteamos nuestra propia riqueza y nuestra felicidad por culpa de un patrón cultural muy arraigado: la necesidad de agradar a toda costa.

Ha dicho: «A las mujeres os han educado para ser complacientes, cuidadoras y generosas.

Os da pánico poner límites y cobrar lo que de verdad valéis porque, en vuestro subconsciente, asociáis el éxito financiero con el egoísmo.

Preferís ser buenas antes que ricas. Sentís culpa por desear el dinero y por eso os conformáis con las migajas.

Pero no os dais cuenta de que el dinero que no tenéis hoy es una consecuencia de los hábitos y la mentalidad que construisteis ayer.

Ahí es donde os debéis poner las pilas. Y hacéis exactamente lo mismo en el amor: os conformáis con las migajas afectivas por pánico a la soledad.

Os han vendido que el amor de una mujer consiste en aguantar, perdonar y sacrificarse.

Entregáis vuestra energía, vuestra dignidad y vuestra independencia económica a hombres que no os valoran, solo por el miedo irracional a que os dejen de querer».

Me he quedado muda. Sus palabras me han dado de lleno. He pensado en las veces que en el bufete me ha dado una vergüenza tremenda pedir un aumento a mi jefe, y sobre todo en cómo aguanté muchos desplantes de Marc durante años solo por no desestabilizar nuestra relación.

Es exactamente lo que me pasa siempre: prefiero callarme, asumir la pérdida y tragarme el orgullo, con tal de no generar tensión. He confundido la sumisión con el amor y la complacencia con la generosidad.

Es cierto que me cuesta no cuestionar mentalmente cada cosa que dice Saúl, pero, vale, algunas herramientas que nos ha dado para romper ese patrón de culpa y aprender a valorarnos de verdad me pueden servir para cambiar ciertas creencias, mejorar mis finanzas y no tener que depender de nadie en el futuro, ni económica ni emocionalmente.

Ok a eso. Si quiero dejar de ser una víctima y empezar a tomar las riendas de mi vida, tengo que empezar por dejar de pedir perdón por querer prosperar y por exigir el amor que de verdad me merezco.

Sin embargo, lo que ha venido justo después no me ha gustado nada, me ha resultado forzado y violento.

Nos ha pedido levantarnos a todas y empezar a movernos sin rumbo por la sala con música zen de fondo.

Junto a Saúl, como siempre, estaba su ayudante, Aurora.

Es la típica chica joven hippy -vegana-ecologista menudita con el pelo lacio larguísimo.

Aurora tenía unas campanillas. Cuando las hacía sonar teníamos que pararnos frente a una compañera, mirarnos a los ojos durante diez segundos y darle un abrazo de los largos.

A ver, que yo doy abrazos, pero no los doy a desconocidas así, sin venir a cuento.

Me parece algo muy íntimo y me ha dado mucho reparo hacer este ejercicio.

Que sí, que seguramente lo hará para que vayamos cogiendo confianza, pero me incomoda mucho. No me gusta. Es muy rollo secta.

Cuando hemos terminado el ejercicio chorra este, nos hemos sentado en círculo y ha pedido que compartamos lo que sentimos sobre nuestra relación con el amor y el dinero.

—Lo primero de todo, me ha encantado este último ejercicio.

He sentido una conexión increíble con mis compañeras y una energía que no puedo describir —cuenta la más veterana del grupo—.

Además, quiero decirte que estoy muy agradecida por haber sido elegida para vivir esta experiencia en tu retiro.

Tus libros me han cambiado la vida, Saúl.

Si no estuviera aquí hoy, seguiría deprimida en el sofá.

Siento que este es el principio de algo muy grande. Te amo.

¿Le acaba de decir que le ama? Buf… Aquí tenemos a una señora grupi entre nosotras.

—Gracias, Beatriz —responde Saúl, fijando en ella una mirada tan intensa que parece que le vaya a traspasar la mente.

—Bety, por favor —interrumpe ella—. Odio que me llamen Beatriz o Bea.

—Bety entonces. Yo también te amo —continua Saúl—.

Pero mírame bien: aparta los ojos de mí y mírate a ti misma.

Yo no soy tu salvador. Yo solo soy el espejo que te recuerda quién eres realmente.

El mérito no es de mis libros, es tuyo por tener la valentía de aplicar las enseñanzas que hay en ellos y estar dispuesta a pagar el precio de tu transformación.

Lo que consigas aquí, en mis mentorías o en tu vida, dependerá exclusivamente de tu nivel de compromiso y apertura.

El universo no te da lo que quieres, te da lo que eres.

Bety asiente con los ojos llorosos, completamente fascinada, y continúa:

—Tengo que decir que soy tu mayor fan. El problema es que siento que mi marido no me apoya en este camino, y eso me frena; de hecho, he venido a este retiro sin que lo sepa.

Se piensa que estoy en el pueblo de una amiga donde no hay cobertura.

Siempre dudo de si divorciarme o no, porque le quiero y todavía dependo totalmente de su sueldo.

Y eso que, gracias a tu mentoría, he podido pagarme este retiro con lo que he ganado con mis terapias.

Yo siempre he sido ama de casa, hasta que te leí y decidí emprender para sacar algo de dinero a través de mi talento psíquico.

Hace un año que atiendo a clientas en casa, les hago reiki, tarot, astrología...

Lo que necesiten. Tú me diste el valor, Saúl, solo que todavía no facturo lo suficiente para independizarme.

Saúl sonríe de medio lado, se levanta y camina hacia el centro del círculo. Tengo que reconocer que domina el espacio con una energía magnética.

—Os voy a lanzar una verdad incómoda para todas —dice, elevando la voz para que resuene en toda la sala—.

Tomad nota. En esta vida solo hay dos tipos de personas, los cohetes y las anclas, no hay término medio.

Lo que no te hace expandirte te está encogiendo.

Pensad en vuestras parejas, familiares o amigos íntimos.

¿Esa persona os hace prosperar, facturar más, brillar, tener mejor salud y elevar vuestra vibración?

Si la respuesta es sí, bendecid esa unión.

Pero si estar con esa persona frena vuestros sueños, se burla de vuestra espiritualidad, os empobrece y os mantiene en la mediocridad, os está robando el destino de vuestra alma.

El amor verdadero multiplica, no resta. Y yo no estoy dispuesto a regalarle mis años a un ancla que me arrastra al fondo del océano.

¿Alguna de aquí sí lo está? Empecemos por asumir la responsabilidad de con quién compartimos nuestras vidas.

Bety se rompe por completo y se echa a llorar.

Las compañeras de al lado le dan un abrazo conjunto e intentan calmarla.

Menudo drama se ha montado en un momento.

A este paso, la pobre mujer vuelve a casa mañana, le pide el divorcio al marido a lo loco y a ver de qué come el mes que viene sin un plan B.

Yo no soy quién para juzgar, pero las cosas en el mundo real no son tan sencillas como las pinta el amigo de la túnica.

Estoy de acuerdo en que hay que rodearse de personas que sumen, pero, para salir de una relación infeliz, tienes que crearte una red de seguridad primero.

—Yo también quiero decir algo —interrumpe Margot, la francesa—.

He leído tus manuales y he intentado poner en práctica la ley de la atracción, pero no logro manifestar mis deseos —continúa—.

Ni en el amor, ni en el dinero, ni en la amistad.

Me siento muy sola en un país que no es el mío, con una cultura muy diferente.

Es muy difícil prosperar siendo extranjera.

Menos mal, alguien que no le besa los pies.

Sinceramente, no entiendo qué hace soltera ni qué clase de vacío intenta llenar en un sitio como este.

Las pocas veces que hemos hablado me ha parecido una chica de lo más maja, normal y sensata.

Además, es una tía joven, como de unos treinta y cinco años, guapa y con una melena rubia natural que llama la atención desde el otro extremo de la sala.

Saúl se detiene frente a ella, se cruza de brazos y le mira directamente a sus ojos azules. Su tono se vuelve frío y directo.

—Solo veo excusas en tu discurso, Margot —dice con una ironía sutil—.

La ley de la atracción ha hecho mucho daño.

Le ha hecho creer a la gente que basta con visualizar y repetir afirmaciones frente al espejo para conseguir lo que quieren, y no, esto no es magia potagia.

Lo primero es entender que todo es energía, una vibración que emana directamente de los patrones inconscientes que arrastras en tu interior.

Saúl se cruza de brazos y da un paso hacia ella, acortando distancias.

—Tu historia es la típica de la víctima perfecta.

Un relato cómodo que te sirve de excusa para justificar por qué tu vida no funciona y por qué no tienes los resultados que deseas.

Al Universo le importa una mierda tu pasaporte.

Si no estás manifestando abundancia no es por el choque cultural de venir de Francia, es porque estás vibrando desde la carencia más absoluta.

Cuando pides desde la necesidad, el lamento, el miedo y la queja, solo atraes más motivos para seguir quejándote.

Si tu economía o tus relaciones están estancadas, no busques culpables fuera, es por tu propia falta de entrenamiento mental.

Habéis venido a este retiro para que os enseñe a conectar con el propósito de vuestra alma y con la energía del dinero, pero para eso hay que dejar de llorar por las esquinas, romper de una vez esas creencias limitantes y empezar a pensar como una ganadora.

Mientras sigas aferrada a tu drama, seguirás siendo insignificante.

Cualquier otra mujer se habría echado a llorar o habría bajado la cabeza, pero Margot ni parpadea.

Sostiene la mirada de Saúl durante tres eternos segundos con la mandíbula apretada antes de apartarla con desdén.

Esta tía es dura como el granito, aunque yo creo que le ha dolido su respuesta. A mí me ha dejado de piedra.

En cuanto Saúl da por terminada la sesión y nos recuerda la norma del silencio hasta la hora de comer, Margot se levanta.

Camina despacio, con paso firme y la cabeza bien alta, apartando a un par de compañeras que intentan tocarle el hombro en plan compasivo.

Definitivamente, no quiere la lástima de nadie.

Aun así, siento un impulso estúpido. Yo también me siento fuera de lugar y ver cómo ese ególatra la ha ridiculizado bajo un camuflaje de sermón me ha encendido la sangre. Quizá, si nos aliamos las dos únicas personas cuerdas de este sitio, el retiro sea más soportable.

La sigo discretamente hasta la zona de los bungalós. El suyo es justo el anterior al mío. La encuentro sentada en su porche mirando el mar con los brazos cruzados. La saludo rompiendo la regla del silencio y me coloco a su lado, asegurándome de que Aurora o Saúl no anden cerca.

—Saúl se ha pasado un poco contigo, ¿no? —le susurro muy flojo.

Margot se gira despacio y me mira como si le diera igual. Me arrepiento al instante de haber abierto la boca, no me gusta cotillear ni fomentar el mal rollo, y menos cuando no conozco a la gente.