Capítulo 33 #2
—Ava no puede decirme nada ahora. —Callanach no respondió.
Natasha tenía razón—. No tengo a nadie más en el mundo, Luc.
A mis padres les interesa más su estatus social que su hija.
Por eso me dejaron de hablar cuando salí del armario.
No correspondo a su ideal de hija sana y socialmente correcta.
El día que se lo conté, mi madre me preguntó si había buscado algún lugar donde pudieran tratar mi «perversión».
Mi padre no volvió a hablarme. Había sido el centro de mi mundo hasta ese día y nunca volvió a hablarme.
Ava me cuidó, me ayudó a recuperar la confianza en mí misma y me dio tanto amor que compensó toda la podredumbre de mi familia.
Estuve con depresión durante casi un año, pasando de merodear fuera de los clubes, ligando con cualquier mujer que se pusiera a mi alcance, a telefonear a extrañas iglesias de Estados Unidos que proclamaban que podían curarme.
Ni una sola vez Ava me dijo que dejara de compadecerme de mí misma.
No intentó darme sugerencias útiles. Solo me dejó seguir mi propio ritmo.
La vida que tengo ahora la he construido gracias a ella, y si tengo que vivir sin ella…
—Bajó la cabeza mientras se esforzaba por no llorar; tensó los hombros y apretó los dientes—.
Me niego, Luc. Me niego a seguir sin ella.
Así que tráela de vuelta. Si eres solo una pizca del detective y el hombre que ella cree que eres, demuéstralo ahora.
Callanach no hizo ninguna promesa. No podía consolarla de ninguna manera. Se limitó a salir de casa y a hacer lo que ella le había pedido: volvió al trabajo.
La sala de operaciones era una parodia del juego de las sardinas de los niños, estaban todos apretujados unos junto a otros y no había sillas porque habrían ocupado demasiado espacio.
El comisario tomó el mando y Callanach se sintió aliviado.
Se odiaba demasiado a sí mismo en ese momento como para ser capaz de dirigir al equipo con la calma necesaria.
—A estas alturas todos sabéis lo que ha pasado —dijo el comisario Begbie—.
El piso de la inspectora Turner estaba cerrado y no había signos de entrada forzada, al igual que su garaje.
Además, las llaves estaban en el bolso que hemos encontrado en su coche.
La conclusión es que fue secuestrada anoche entre las nueve y las seis de la mañana.
Se ha interrogado a los vecinos de la calle de la profesora Forge y no hay ninguna información.
Es una zona tranquila, no hay bares y la gente suele irse a casa a horas razonables.
Hay poco tránsito. La mayoría de las personas que viven cerca van y vienen del trabajo en coche.
La voz de Salter se escuchó entre el mar de cabezas.
—¿Es el mismo hombre que secuestró a Buxton y Magee?
El profesor Harris se levantó antes de que el comisario pudiera responder. Callanach ni siquiera se dio cuenta de que estaba en la sala, aunque no le era posible ver más allá de las personas que tenía delante.
—El hombre que mató a la señorita Buxton y a la reverenda Magee está bajo custodia y este secuestro no hace tambalear mi convicción de que hemos detenido a la persona correcta.
Aunque hay similitudes, también hay variaciones.
La intrusión en la casa de la profesora, los dos mensajes, el hecho de que el agresor no esperara a la inspectora Turner en su casa, sino que la atrajera a un lugar público…
Es un crimen bien ejecutado, lo reconozco, pero el modus operandi es completamente diferente. Sospecho que estamos ante un imitador.
Callanach alzó la voz para hacerse oír por encima de los suspiros y exclamaciones de la multitud.
—Si tenemos delante a un imitador, dudo que haya elegido como víctima a alguien tan difícil como la inspectora Turner —dijo—. ¿Por qué alguien se arriesgaría a secuestrar a una policía?
—Por prestigio —respondió Harris inmediatamente, como si hubiera anticipado la pregunta—.
La gloria de ser mejor que el hombre cuya obra imita.
Quiere el mismo reconocimiento y probablemente espera que el propio Rory Hand admire su audacia.
Son crímenes impulsados por el egocentrismo, inspector Callanach.
Estos hombres son arrogantes y no le temen a nada.
El imitador quiere demostrar que es aún más escandaloso que su ídolo.
—Entonces, ¿por qué colocó los mensajes amenazadores y el corazón en el congelador? —Callanach no estaba dispuesto a callarse—. Los puso ahí para engañarnos, no son parte de la estrategia del asesino de Buxton y Magee.
—Creo que nuestro nuevo jugador está intentando dejar su huella personal en su trabajo, ser único. El tributo a la obra de Hand es el resultado, no los detalles individuales.
—¿Podría evitar llamar jugador a la persona que ha secuestrado a la inspectora Turner, si no le importa, profesor Harris?
—le pidió el comisario Begbie. Se hizo el silencio en la sala.
Era una reprimenda—. Esto no es un juego.
—Harris abrió la boca para disculparse, probablemente pensando que era demasiado listo para su propio bien, consciente de haber perdido el respeto de los hombres y las mujeres presentes, pero Begbie no tenía intención de dejarlo hablar más.
Fue el único momento de satisfacción que Callanach obtuvo en esa reunión.
No hubo más buenas noticias—. Reexaminaré el caso de los recién nacidos muertos y seguiré las pistas de cualquiera que pudiera haber creído que debía vengarse.
El inspector Callanach investigará la amenaza de muerte recibida por Ava Turner.
Todos aquellos que no estén asignados a estos equipos realizarán nuevas comprobaciones en la zona del lugar del crimen, verán las grabaciones de las cámaras y examinarán las comunicaciones personales y profesionales más recientes para ver si la inspectora recibió otras amenazas que no denunció.
El Sargento Lively seguirá llevando el caso contra Hand.
Quiero actualizaciones al mediodía. Y ahora, a trabajar.
Tripp se unió a Callanach en el pasillo.
—Señor, creo que debería saber que el dueño del depósito ha encontrado por fin los archivos. Le vendió el coche al dueño de un concesionario de Edimburgo. Se llama Louis Jones. ¿Quiere que le pida que venga?
—De momento, no. El coche puede haber acabado en otros cuatro o cinco concesionarios después de estar en el de Jones.
Tráigame el expediente de la amenaza de muerte y luego encuentre al sargento Lively.
Dígale que le pregunte a Rory Hand las fechas y horas de las muertes de Buxton y Magee.
Quiero saber por cuánto tiempo mantuvo con vida a cada una de las víctimas.
Y dígale que le haga saber a Hand que la policía ya conoce las respuestas a esas preguntas y que se las estamos haciendo para saber si está mintiendo.
El profesor Harris no debe participar en el interrogatorio, de lo contrario me encargaré personalmente de que Lively sea transferido inmediatamente al Departamento de Tráfico.
—¿Debo usar estas palabras? —Tripp parecía preocupado.
—Sí, repítaselo palabra por palabra.
—Usted no cree que la persona que secuestró a la inspectora Turner es nuestro asesino, ¿verdad señor? Porque si fuera…
—No tengo ni idea, Tripp. Es un lío. Hay más diferencias que similitudes y estamos dando vueltas en círculos. Pero quiero respuestas y las quiero ahora, al menos para descartar algunas posibilidades.
Callanach llegó a casa a las dos de la madrugada, después de haber dejado su escritorio solo porque Begbie había visto la luz todavía encendida y le había ordenado que se marchara.
Fuera de su piso había un palo apoyado en una esquina, envuelto en papel de estraza.
En la nota que llevaba adjunta, reconoció la letra de Ava.
Abrió la puerta, cogió el paquete y entró.
Primero rasgó el envoltorio, esperando de todo corazón que dentro hubiera alguna pista sobre dónde había ido Ava; que solo se tratara de un terrible error y que estuviera viva y bien, que hubiera decidido marcharse por la suspensión.
Encontró una caña de pescar de madera pulida, con el carrete ya montado, una cajita de cebo y un gorro de lana enrollado.
Callanach abrió la nota. Estaba escrita con prisas, sin atención a la caligrafía, con una mancha de té en una esquina del papel que claramente había sido arrancado de una libreta. Era típico de Ava.
Luc, he decidido que necesitas relajarte un poco.
En el paquete hay una caña de pescar, por si no hacías este tipo de cosas en Francia.
La próxima vez que tenga un fin de semana libre, vamos a ir a Loch Leven, cerca de Kinross.
Allí te enseñaré a pescar las mejores truchas del mundo y además te las cocinaré.
Alquilaremos una cabaña (que pagarás tú, ya que yo compartiré contigo mis conocimientos de pesca).
Es un lugar precioso, solo hay cielo, agua y más cielo.
Y para que quede claro: no es una cita. ¡Estoy más interesada en pescar que en ti!
La frase final iba seguida de una enorme cara sonriente, debajo de la cual había una posdata.
Necesitarás el gorro. Tenemos que pescar desde un barco y hace bastante frío. ¡¡¡Sería una pena que el viento te despeinara!!!
Cogió la caña de pescar. Parecía cara. La madera era suave y aterciopelada y el carrete fluía con tirones muy ligeros, perfectamente equilibrado con el peso de la caña.
Ava había dejado el regalo y la nota antes de ser secuestrada; probablemente mientras él estaba en casa de Natasha, para evitar que se encontraran.
Pensar en lo que estaba sufriendo Ava le resultaba insoportable. Se puso un cojín en la cara y gritó.