Restos perfectos (Luc Callanach 1) Capítulo 30 #3
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Capítulo 30 #3

—Y yo acabo de ganar la lotería. Una de esas que se hacen en Internet, donde ni siquiera he comprado el boleto, pero un señor muy amable de Nigeria me ha escrito que debo darle tres millones de libras esterlinas para pagar los impuestos.

—Callanach se puso de pie con los brazos en jarras.

Tripp le dio un café y abrió una carpeta.

—El dueño del primer desguace estaba muy tranquilo y apenas respondió a unas pocas preguntas, pero parecía sincero.

No tiene nada que ocultar, pero tampoco le guarda especial estima a la policía, ya me entiende.

El del segundo ha estado tres veces en la cárcel, en tres prisiones distintas, siempre por delitos menores: venta de objetos robados, hurto en tiendas hace veinte años, y fraude fiscal.

Era más interesante, estaba un poco nervioso y reflexionaba antes de responder a las preguntas.

No me ha dicho nada, pero tengo la sensación de que oculta algo.

—Encuentre algo en su contra, cualquier acusación, aunque sea algo relacionado con la salud y la seguridad.

Invente una excusa para cerrar su depósito mientras investigamos.

El motivo de todos los delitos que ha cometido era el dinero, así que así lograremos que hable.

Hágalo de forma rápida y discreta. Dentro de unas horas, habrá un anuncio que moverá todos nuestros recursos a otro lugar.

Callanach llegó a casa de Natasha media hora más tarde. Estaba evitando al comisario y había desviado todas las llamadas al buzón de voz. No se sorprendió cuando vio el coche de Ava. No era del tipo de persona que hace lo que le dicen. Llamó al timbre y esperó.

Natasha abrió con una expresión mucho más alegre que la que tenía en la comisaría.

—Pasa —dijo—. Estaba haciendo café. ¿Quieres uno?

—¿Soy francés o no lo soy? —preguntó.

—En realidad, eres medio escocés, así que debería prepararte uno con güisqui. Pero me temo que aún estás de servicio.

—Sí —respondió—. Y tú no deberías estar aquí —le dijo a Ava, que estaba sentada a la mesa de la cocina comiéndose una galleta.

—Me han suspendido —contestó ella con la boca llena—. ¿Qué mejor oportunidad que pasar un rato con mi amiga más antigua y más querida?

—Natasha, necesito repasar una lista contigo para obtener más información.

La Policía Científica está trabajando en las nuevas letras y en el sobre, pero llevará tiempo obtener resultados.

¿Hay algún alumno que debamos incluir como sospechoso, alguno al que hayas suspendido o que pueda estar enamorado de ti?

—Está bien, pero me parece ridículo. Espero que no le digas a nadie que he dado sus nombres.

—Diremos que estamos hablando con todo el mundo, no te preocupes —la tranquilizó Callanach.

—Giles Parry, un estudiante de segundo año me hizo regalos durante un tiempo.

Tuve que enviarle una carta formal pidiéndole que dejara de hacerlo.

No me ha vuelto a hablar desde entonces.

A Marcus Turnbull lo pillé haciéndome fotos durante en clase.

Cuando me siguió al baño, le advertí que tomaría medidas.

Respondió que solo quería discutir un trabajo, pero fue algo inquietante.

Y hay una estudiante de primer año, que va siempre acompañada de algún chico y tiene una gran opinión de sí misma, pero que me mira fijamente, me espera en los pasillos y me mira las piernas sin preocuparse de que yo me dé cuenta.

Hay algo extraño en ella. Se llama Jaclyn Best. Me gustaría tener una razón para deshacerme de ella.

—Genial —aprobó Callanach—. Pasemos al personal y a los profesores. Tenemos que comprobarlos uno por uno, pero cualquier información que puedas darme será útil. Párame si se te ocurre algo. Anthony Allardice, Simon Cordwell, Clare Edgerton. —Natasha levantó una mano.

—Clare recibió una reprimenda verbal el año pasado porque la habían visto en un festival de música cuando estaba de baja por enfermedad. No fue nada serio, pero se lo tomó mal.

—Naomi Fuller —continuó Callanach—. Edgar Gloves.

—Quería mi puesto —dijo Natasha—, y difundió rumores desagradables sobre mí cuando me dieron el trabajo. También se sospechaba que había tenido una aventura con una estudiante el año pasado y se puso muy nervioso cuando le pregunté sobre ello. Me odia —dijo tajante.

—Delia Inman, Reginald King —continuó Callanach.

—Un inepto —respondió Natasha—. Cree que es un regalo de Dios para el mundo académico, pero no logra llegar más allá de un puesto administrativo. Es presumido e irritante, pero eso es lo peor que podemos esperar de él.

—Vera Lesley, Dean Oppenheim —siguió leyendo Callanach.

—Te lo estás tomando muy en serio —comentó Ava al llegar al final—. No me malinterpretes. Me parece bien, pero ¿qué decía el último mensaje para distraerte tanto de tu investigación de los asesinatos?

—No se trata de eso. Hay un sospechoso en la comisaría y, mientras hablamos, está siendo acusado de los asesinatos de Buxton y Magee —explicó Callanach.

—¿Por qué no me has dicho que lo habías cogido? —preguntó Ava, poniéndose de pie.

—Porque no me convence en absoluto —respondió Callanach—. Y respecto al mensaje, estoy aquí porque se ha vuelto más específico. Decía: «HASTA MAÑANA».